Lo que no puedo decir
POV: Ethan Sutherland
El silencio que siguió a la reunión era tan intenso que parecía absorber el aire del observatorio.
Hannah seguía de pie frente a la consola, respirando rápido, como si acabara de correr una maratón.
Ethan la observó en silencio.
No debería mirarla así.
No debería sentir lo que sentía.
No debería permitir que ella lo afectara.
Pero lo hacía.
Y cada vez era peor.
Hannah se pasó una mano por el cabello, temblando apenas.
Ethan dio un paso hacia ella, pero se detuvo antes de tocarla.
No confiaba en sí mismo lo suficiente como para acercarse más.
—Lo hiciste increíble —dijo él, rompiendo el silencio.
Hannah negó con la cabeza.
—No. Me trabé. Dudé. Casi no pude hablar.
—Pero hablaste —respondió él—. Y todos te escucharon.
Ella lo miró, con los ojos aún brillantes por la adrenalina.
—¿Y tú? —preguntó ella—. ¿Por qué dijiste eso?
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—Que podría ser artificial.
Ethan inhaló lentamente.
—Porque es una posibilidad real.
—Pero no teníamos suficiente evidencia —dijo ella, con la voz tensa.
—No la tenemos aún —corrigió él—. Pero la tendremos.
Hannah apretó los labios.
—No puedes decir cosas así sin consultarme.
Ethan sintió un pinchazo en el pecho.
—¿Te molestó?
—No es eso —dijo ella, bajando la mirada—. Es que… si te equivocas, me arrastras contigo.
Ethan se quedó inmóvil.
Ahí estaba.
La verdad que él siempre había temido.
Ella no confiaba en él.
No del todo.
—Nunca te arrastraría —dijo él, con la voz baja.
Hannah levantó la mirada.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Ethan dio un paso hacia ella.
Esta vez no se detuvo.
—Porque tú eres lo único que no puedo permitirme perder.
Hannah abrió los ojos, sorprendida.
Ethan sintió el corazón golpearle el pecho.
Había dicho demasiado.
Otra vez.
Ella retrocedió un paso, respirando hondo.
—Ethan… no digas esas cosas.
—¿Por qué no?
—Porque no son ciertas.
Ethan sintió un golpe en el estómago.
—¿No lo son?
Hannah negó lentamente.
—No puedes decir que no puedes perderme. No somos… nada.
Ethan sintió cómo algo se rompía dentro de él.
No lo suficiente para destruirlo.
Pero sí para dejar una grieta.
—No somos nada —repitió él, con una sonrisa amarga—. Claro.
Hannah frunció el ceño.
—No quise decirlo así.
—Lo dijiste —respondió él, sin dureza, solo cansancio.
Ella dio un paso hacia él.
—Ethan…
Pero él levantó una mano.
—No. Está bien.
No estaba bien.
Pero no podía decirlo.
No podía decirle que llevaba meses observándola, no por competencia, sino porque ella era la única persona que lo hacía sentir algo real.
No podía decirle que cada vez que ella sonreía, él perdía el equilibrio.
No podía decirle que la estrella no era lo único que lo obsesionaba.
No podía decirle nada de eso.
—Tenemos trabajo —dijo él, recuperando la compostura.
Hannah asintió, aunque su expresión mostraba que quería decir algo más.
—Sí —susurró ella.
Ethan volvió a la consola.
Abrió los archivos.
Revisó los datos.
Intentó concentrarse.
Pero no podía.
La estrella seguía parpadeando en la pantalla, su ciclo perfecto repitiéndose una y otra vez.
Un pulso.
Un ritmo.
Un mensaje.
O una advertencia.
Ethan sintió un escalofrío.
—Voy a revisar la banda ultravioleta —dijo él.
—De acuerdo —respondió Hannah, sentándose a su lado.
Sus brazos se rozaron.
Ella no se apartó.
Él tampoco.
—Ethan —dijo ella, después de unos segundos.
—¿Sí?
—No quise decir que no somos nada.
Él se quedó inmóvil.
—Entonces… ¿qué somos?
Hannah tragó saliva.
—No lo sé.
Ethan sintió un tirón en el pecho.
—Yo tampoco —admitió él.
Ella lo miró, con los ojos suaves por primera vez en toda la noche.
—Pero no quiero que te alejes —susurró.
Ethan cerró los ojos un segundo.
Solo uno.
Porque si los mantenía cerrados más tiempo, podría hacer algo estúpido.
Como besarla.
Como decirle la verdad.
Como romper todo.
—No voy a alejarme —dijo él.
Hannah sonrió apenas.
Una sonrisa pequeña.
Pero suficiente para desarmarlo.
—Gracias —susurró ella.
Ethan abrió los ojos.
—Hannah…
Ella levantó la mirada.
—¿Qué?
Él iba a decir algo.
Algo importante.
Algo que llevaba meses guardando.
Pero la pantalla emitió un pitido agudo.
Un nuevo mensaje.
ALMA — Variación detectada. Intensidad aumentada.
Ciclo acelerándose.
Hannah se levantó de golpe.
—¿Qué?
Ethan sintió el corazón detenerse.
—No… no puede ser.
La estrella estaba cambiando.
Otra vez.
Más rápido.
Más fuerte.
Como si hubiera escuchado la reunión.
Como si supiera que la estaban observando.
Como si estuviera respondiendo.
Hannah se llevó una mano a la boca.
—Ethan… esto no es normal.
Él sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No —susurró—. No lo es.
La estrella parpadeó de nuevo.
Un pulso más intenso.
Un latido más fuerte.
Y Ethan supo, con una certeza que lo heló por dentro, que lo que estaban viendo no era un fenómeno natural.
Era algo más.
Algo que no podían controlar.
Algo que no podían comprender.
Algo que no podían detener.
Hannah lo miró, con los ojos llenos de miedo.
—¿Qué hacemos?
Ethan respiró hondo.
—Lo único que podemos hacer.
—¿Qué?
Él sostuvo su mirada.
—Seguir mirando.
El mensaje de la NASA seguía parpadeando en la pantalla, como un latido urgente que no podían ignorar.