La anomalía que nos unió

Capítulo 5

Lo que empieza a romperse

POV: Hannah Clifford

La estrella volvió a parpadear.
Un pulso más fuerte, más claro, más imposible.

Hannah sintió que el sonido del observatorio desaparecía.
El zumbido de los equipos, el viento golpeando la cúpula, incluso la respiración de Ethan a su lado… todo se volvió un eco lejano.

Solo existía ese pulso.
Ese latido.
Ese ritmo que no debería existir.

—Hannah —dijo Ethan, pero su voz sonaba distante.

Ella no respondió.
No podía.

La estrella estaba respondiendo.
A ellos.
A la reunión.
A la observación global.

A algo.

Hannah sintió un temblor recorrerle los brazos.
No era frío.
Era la sensación de que el universo acababa de girar un grado fuera de su eje.

—Hannah —repitió Ethan, más cerca esta vez.

Ella parpadeó.
El mundo volvió a enfocarse.

Ethan estaba frente a ella, demasiado cerca, con los ojos verdes llenos de una preocupación que nunca había visto en él.
No por la estrella.
Por ella.

—Respira —dijo él, suave.

Hannah inhaló, temblando.

—No puedo… —susurró.

Ethan levantó una mano, despacio, como si temiera romperla.
No la tocó.
Solo la dejó cerca de su mejilla, lo suficientemente cerca para que ella sintiera el calor.

—Sí puedes —dijo él—. Mírame.

Ella lo hizo.
Y por un instante, la estrella dejó de existir.

Solo estaban ellos dos.
Dos personas que nunca debieron estar del mismo lado.
Dos mentes que chocaban como placas tectónicas.
Dos corazones que no sabían qué hacer con lo que estaban empezando a sentir.

—Ethan… —susurró ella.

—Estoy aquí —respondió él.

Hannah cerró los ojos un segundo.
Solo uno.
Pero fue suficiente para que algo dentro de ella se aflojara.

Cuando los abrió, Ethan seguía ahí.
Demasiado cerca.
Demasiado real.

—Tengo miedo —admitió ella, por primera vez en voz alta.

Ethan no retrocedió.
No se burló.
No la corrigió.

Solo dijo:

—Yo también.

Hannah sintió un nudo en la garganta.

—¿Y si esto es… algo que no podemos manejar?

Ethan sostuvo su mirada.

—Entonces lo aprenderemos.
O lo enfrentaremos.
O lo sobreviviremos.
Pero no solos.

Hannah tragó saliva.

—¿De verdad crees que podemos con esto?

Ethan respiró hondo.

—Creo que tú puedes.
Y yo voy a estar contigo.

Hannah sintió que el corazón le latía demasiado fuerte.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca de él.

—Ethan… —susurró.

Pero antes de que pudiera decir algo más, la pantalla emitió un pitido agudo.

Nueva variación detectada.
Ciclo alterado.
Patrón desconocido.

Hannah se giró hacia la consola.
Ethan también.

La gráfica estaba cambiando.
No era un pulso.
No era un ciclo.
Era algo nuevo.

Algo más complejo.
Más estructurado.
Más… ordenado.

Hannah sintió un escalofrío.

—Esto parece… —comenzó a decir.

—Información —terminó Ethan.

Ella lo miró, horrorizada.

—¿Información?

—Sí —dijo él, sin apartar la vista de la pantalla—. No es un ritmo. No es un latido.
Es un patrón codificado.

Hannah se llevó una mano a la boca.

—¿Un mensaje?

Ethan no respondió.
No tenía que hacerlo.

Ella lo sabía.
Lo había sabido desde el primer pulso.
Desde la primera variación.
Desde la primera noche en que la estrella parpadeó.

Pero decirlo en voz alta era otra cosa.

—Ethan… —susurró ella—. ¿Qué hacemos?

Él se acercó a la consola.

—Lo desciframos.

Hannah sintió un vértigo extraño.
Como si estuviera cayendo.
Como si estuviera flotando.
Como si estuviera cruzando un umbral invisible.

—¿Y si no nos gusta lo que dice? —preguntó ella.

Ethan la miró.

—Entonces tendremos que decidir qué hacer con la verdad.

Hannah sintió un escalofrío.

—¿Y si la verdad nos destruye?

Ethan dio un paso hacia ella.

—Entonces nos destruiremos juntos.

Hannah inhaló bruscamente.
Ethan también pareció darse cuenta de lo que había dicho.
Pero no se retractó.
No se disculpó.

Solo la miró.
Como si ella fuera la única constante en un universo que acababa de romperse.

La estrella volvió a parpadear.
Un pulso más fuerte.
Un patrón más claro.

Hannah sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.

—Ethan… —susurró ella—. Creo que esto es solo el comienzo.

Él asintió.

—Lo es.

Hannah tragó saliva.

—¿Y ahora?

Ethan se acercó a la consola, con una determinación que la estremeció.

—Ahora —dijo él— empezamos a descifrar el mensaje.

El mensaje.
La idea.
La posibilidad.

Todo giraba alrededor de ella como si el universo hubiera decidido inclinarse en un ángulo imposible.
Hannah sentía que su respiración no alcanzaba, que el aire del observatorio era demasiado denso, demasiado frío, demasiado real.

Ethan estaba a su lado, revisando los datos con una concentración feroz.
Pero ella sabía que él también estaba temblando por dentro.
Lo conocía lo suficiente para verlo en la tensión de su mandíbula, en la forma en que sus dedos se detenían un segundo antes de tocar el teclado, en la rigidez de sus hombros.

—Voy a separar el patrón —dijo él, sin levantar la vista—. Si es información, tiene que tener estructura interna.

Hannah asintió, aunque su mente estaba a kilómetros de distancia.

—De acuerdo.

Pero su voz sonó hueca.
Vacía.
Como si no le perteneciera.

Ethan la miró de reojo.

—Hannah.

Ella no respondió.

—Hannah —repitió él, más firme.

Ella parpadeó, volviendo a la realidad.




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