La anomalía que nos unió

Capítulo 7

Lo que nos exige el cielo

POV: Hannah Clifford

Ethan dijo “Ahora respondemos” como si fuera lo más lógico del mundo.
Como si no estuvieran a punto de hablarle a algo que no era humano.
Como si no estuvieran a un paso de romper una frontera que nadie en la historia había cruzado.

Hannah sintió que el aire del observatorio se volvía más denso.
Más frío.
Más consciente.

La estrella parpadeó otra vez.
Un pulso firme.
Un pulso que no era un accidente.
Un pulso que parecía decir:

Estoy esperando.

Hannah tragó saliva.

—Ethan… no sé si puedo hacer esto.

Él la miró.
Y por un instante, la estrella dejó de existir.
El universo dejó de existir.
Solo existía él.

—No tienes que hacerlo sola —dijo él, con una calma que no tenía nada de calma—. Estoy contigo.

Hannah sintió un tirón en el pecho.
No por la estrella.
Por él.

—¿Y si… nos equivocamos? —susurró.

Ethan respiró hondo.

—Nos equivocaremos juntos.

Ella cerró los ojos un instante.
Cuando los abrió, la pantalla seguía ahí, implacable, mostrando el mensaje completo: la espiral dentro del círculo, la firma imposible de algo que no era humano.

—¿Cómo se supone que respondamos? —preguntó Hannah, con la voz temblorosa.

Ethan se acercó a la consola.

—Con un patrón.
Algo simple.
Algo que indique que entendemos la estructura.

Hannah frunció el ceño.

—¿Qué tipo de patrón?

Ethan señaló la espiral.

—Uno matemático.
Algo universal.

Hannah sintió un escalofrío.

—¿La sucesión de Fibonacci?

—Exacto.

Ella negó con la cabeza.

—Ethan… si respondemos con un patrón matemático, estamos diciendo que somos capaces de entenderlos.

—Lo somos.

—Pero también estamos diciendo que queremos comunicarnos.

Ethan sostuvo su mirada.

—¿Y no queremos?

Hannah sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—No lo sé.

Ethan dio un paso hacia ella.
No la tocó.
Pero su cercanía era suficiente para que ella sintiera el calor.

—Hannah —dijo él, con la voz baja—. No responder también es una respuesta.
Y no quiero que la primera respuesta de la humanidad sea silencio.

Ella tragó saliva.

—¿Y si responder… nos pone en peligro?

Ethan respiró hondo.

—Ya estamos en peligro.

Hannah apretó los labios.

—¿Y si… nos está probando?

Ethan la miró.

—Entonces tenemos que demostrar que no somos una especie que huye.

Ella sintió un vértigo extraño.

—¿Y si… nos está eligiendo?

Ethan se tensó.
Solo un segundo.
Pero suficiente para que ella lo notara.

—Entonces —dijo él, despacio— más razón para no fallar.

Hannah sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Ethan… ¿qué pasa si esto cambia todo?

Él sostuvo su mirada.

—Ya lo cambió.

Ella inhaló bruscamente.

—¿Y si cambia… quiénes somos?

Ethan dio un paso más hacia ella.

—Entonces decidiremos quién queremos ser.

Hannah sintió que el corazón le latía demasiado fuerte.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca de él.

—Ethan… —susurró.

Pero la pantalla volvió a parpadear.

Entrada requerida.
Tiempo restante: 02:00.

Hannah sintió que el estómago se le caía.

—¿Dos minutos?
¿Dos minutos para qué?

Ethan frunció el ceño.

—Para responder.

Ella retrocedió un paso.

—No… no puede ser…
¿Nos está dando un límite?

Ethan asintió lentamente.

—Sí.

Hannah sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.

—Ethan… esto es una prueba.
Tiene que serlo.

Él respiró hondo.

—Entonces no podemos fallar.

Ella lo miró, temblando.

—¿Qué hacemos?

Ethan se acercó a la consola, con una determinación que la estremeció.

—Vamos a enviar un patrón simple.
Tres pulsos.
Espaciados según la proporción áurea.

Hannah sintió un escalofrío.

—¿Y si eso significa algo que no queremos decir?

Ethan sostuvo su mirada.

—Todo significa algo.
Pero quedarnos callados significa más.

Ella tragó saliva.

—¿Y si… nos está escuchando demasiado bien?

Ethan dio un paso hacia ella.

—Entonces tenemos que hablar con cuidado.

Hannah cerró los ojos un instante.
Cuando los abrió, la estrella seguía parpadeando.
Más fuerte.
Más consciente.
Más… presente.

Tiempo restante: 01:12.

Hannah sintió que el corazón se le detenía.

—Ethan… tenemos que decidir ya.

Él asintió.

—Sí.

Ella lo miró, con los ojos llenos de miedo y algo más profundo.

—¿Y tú qué quieres hacer?

Ethan no dudó.

—Responder.

Hannah sintió un golpe en el pecho.

—Entonces… —susurró ella— hazlo.

Ethan levantó la mano hacia la consola.

Y justo antes de tocarla, la estrella parpadeó.

Un pulso tan fuerte que iluminó el observatorio entero.

Como si dijera:

Ahora.

El pulso iluminó el observatorio como un relámpago silencioso.
La luz blanca se filtró por las ventanas, por las rendijas de la cúpula, por cada superficie metálica.
Por un instante, Hannah sintió que la estrella estaba dentro del edificio.
Dentro de ella.

Ethan levantó la mano hacia la consola, pero no la tocó.
Se quedó suspendida en el aire, temblando apenas.

—Hannah —dijo él, sin apartar la vista de la pantalla—. Necesito que estés conmigo en esto.

Ella sintió un nudo en la garganta.

—Estoy contigo —susurró—. Pero tengo miedo.

Ethan bajó la mano lentamente.
No para rendirse.
Sino para mirarla.

—Yo también tengo miedo —admitió—. Pero no del mensaje.

Hannah frunció el ceño.




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