La anomalía que nos unió

Capítulo 9

Lo que empieza a nombrarnos

POV: Hannah Clifford

El sonido seguía resonando en el observatorio.
Ese intento de nombre.
Esa sílaba rota.
Ese eco imposible.

“E-tha—”

Hannah sintió que el aire se le escapaba del pecho.
No era un sonido fuerte.
No era amenazante.
Pero tenía un peso que la aplastaba desde dentro.

Ethan estaba inmóvil.
Demasiado inmóvil.
Como si su cuerpo hubiera entendido algo que su mente aún no podía procesar.

—Ethan… —susurró ella, con la voz temblorosa—.
Te está… llamando.

Él no respondió.
Sus ojos estaban fijos en la figura, en esa silueta imposible que seguía pulsando con una paciencia casi… humana.

La figura volvió a emitir el tono.
Más claro.
Más definido.
Más… dirigido.

“E-tha—”

Hannah sintió un escalofrío recorrerle la columna entera.

—¿Por qué a ti? —preguntó, sin poder contenerlo.

Ethan tragó saliva.
Apenas.

—No lo sé.

Pero Hannah vio algo en su rostro.
Algo que él no quería admitir.
Algo que la aterrorizó más que la figura misma.

Él sí tenía una idea.

La figura pulsó otra vez.
El contorno humano se inclinó hacia adelante, como si estuviera intentando acercarse.
Como si estuviera intentando… verlo mejor.

Hannah dio un paso hacia Ethan, poniéndose entre él y la pantalla sin pensarlo.

—No —dijo ella, con una firmeza que no sabía que tenía—.
No te acerques más.

La figura se detuvo.
Literalmente.
Como si hubiera entendido el gesto.
Como si estuviera… escuchando.

Ethan la tomó del brazo.

—Hannah, no—
Pero ella no se movió.

—No quiero que te toque —dijo ella, sin apartar la vista de la figura.

Ethan inhaló bruscamente.

—No puede tocarnos.

—Ya lo hizo —respondió ella—.
Lo sentiste.
Lo sentí.
Entró en nosotros.
Nos… reconoció.

La figura pulsó.
Una vez.
Dos.
Tres.

Como si dijera:

Sí.
Sí.
Sí.

Hannah sintió que la piel se le erizaba.

—Ethan… —susurró—.
Esto no es comunicación.
Es… selección.

Él se tensó.

—No digas eso.

—¿Por qué no?
—Ella lo miró, con los ojos llenos de miedo—.
Porque sabes que es verdad.

Ethan apretó la mandíbula.
No respondió.

La figura volvió a moverse.
Esta vez, no hacia ellos.
Hacia sí misma.

Las líneas del contorno se reorganizaron.
La silueta humana se deshizo.
Se volvió más abstracta.
Más compleja.
Más… auténtica.

Como si hubiera decidido que ya no necesitaba imitar nada.

Hannah sintió un vértigo brutal.

—Ethan…
—Su voz era apenas un susurro—.
Creo que… está mostrando su forma real.

Él negó lentamente.

—No.
No es su forma real.
Es… una aproximación.

La figura pulsó.
El tono volvió a sonar.
Pero esta vez, no era un nombre.

Era algo más largo.
Más profundo.
Más… estructurado.

Un patrón.
Un ritmo.
Una secuencia.

Hannah sintió que el aire vibraba alrededor de ella.

—Ethan…
—Se llevó una mano a la sien—.
Siento…
Siento que… está intentando decir algo más.

Él frunció el ceño.

—¿Qué sientes?

Hannah cerró los ojos un instante.
El tono seguía resonando dentro de su cabeza.
No como un sonido.
Como un pensamiento.

—Siento…
—Su voz tembló—.
Que no está diciendo tu nombre.
Está diciendo…
—Abrió los ojos, horrorizada—.
Está diciendo nuestros nombres.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Qué?

La figura pulsó otra vez.
El tono se repitió.
Y esta vez, Hannah lo escuchó con claridad.

No era “E-tha—”.

Era algo más complejo.
Algo más amplio.
Algo que tenía dos ritmos.
Dos cadencias.
Dos intenciones.

Dos presencias.

Hannah sintió que el corazón le ardía.

—Ethan…
—Su voz se quebró—.
Está diciendo y yo.

Él inhaló bruscamente.

—No…
—Pero su voz tembló—.
No puede saber eso.

Hannah lo miró.

—Nos tocó.
Nos sintió.
Nos reconoció.
Y ahora…
—Se llevó una mano al pecho—.
Ahora nos está nombrando.

La figura pulsó.
La luz se intensificó.
El tono se volvió más claro.

Y por primera vez desde que todo comenzó, Hannah sintió algo que no había sentido nunca.

No miedo.
No fascinación.
No vértigo.

Dirección.

Como si la presencia al otro lado del símbolo estuviera diciendo:

Ustedes dos.
Ustedes dos.
Ustedes dos.

Hannah dio un paso atrás.

—Ethan…
—Sus ojos se llenaron de lágrimas—.
¿Por qué nosotros?

Él no respondió.

Porque no tenía respuesta.

Porque no había lógica.

Porque no había explicación.

Solo había una presencia al otro lado del símbolo…
que acababa de pronunciar sus dos nombres.

El eco del nombre incompleto seguía vibrando en el aire.
No era un sonido que se desvaneciera.
Era un sonido que esperaba.

Como si la presencia al otro lado del símbolo quisiera que Ethan respondiera.
Como si estuviera llamándolo de verdad.

Hannah sintió que el estómago se le cerraba.

—Ethan… —susurró—.
No le respondas.

Él no apartó la vista de la figura.
Sus ojos estaban fijos en esa silueta imposible, en ese contorno que parecía respirar, en esa luz que parecía… reconocerlo.

—No voy a responder —dijo él, aunque su voz temblaba—.
Solo estoy… escuchando.

Hannah negó con la cabeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.