La anomalía que nos unió

Capítulo 10

Lo que cruza el umbral

POV: Ethan Sutherland

El silencio después de Elijan no era un silencio normal.
No era ausencia de sonido.
Era una presión.
Una espera.
Una respiración contenida por algo que no tenía pulmones.

Ethan sintió el tirón en el pecho intensificarse, como si un hilo invisible lo conectara a la figura.
No lo arrastraba.
No lo forzaba.
Solo… lo sostenía.

Hannah estaba a su lado, temblando.
Él podía sentir su miedo como si fuera propio.
Y tal vez lo era.
Tal vez la presencia había unido sus ritmos tan profundamente que ya no había una frontera clara entre lo que él sentía y lo que ella sentía.

La figura pulsó.
Un destello suave.
Paciencia pura.

Como si dijera:

Estoy aquí.
Ustedes.
Ahora.

Ethan tragó saliva.

—Hannah… —dijo él, con la voz baja—.

No tenemos que hacer nada que no queramos.

Ella lo miró.
Sus ojos estaban llenos de miedo, sí, pero también de algo más profundo: una lucidez que él no había visto en nadie más.

—Ethan…
—Su voz tembló—.
No es que quiera o no quiera.
Es que…
—Buscó aire—.
Siento que si no respondemos… algo se rompe.

Él frunció el ceño.

—¿Qué se rompe?

Hannah negó lentamente.

—No lo sé.
Pero no es el mensaje.
No es la conexión.
Es…
—Se llevó una mano al pecho—.
Es esto.
Lo que está entre nosotros.

Ethan sintió un golpe en el pecho.
No por la presencia.
Por ella.

La figura pulsó.
Un tono suave.
Un eco.

Como si dijera: Sí.

Ethan dio un paso hacia adelante sin darse cuenta.
Hannah lo agarró del brazo.

—No te acerques —susurró ella.

Él la miró.

—No me está llamando físicamente.

—No importa —respondió ella—.
Te está llamando a ti.

La figura reaccionó.
Un pulso más fuerte.
Más claro.

Ethan sintió un vértigo brutal.

—Hannah…
—Su voz tembló—.
Creo que… quiere que yo sea el que responda.

Ella negó con la cabeza, desesperada.

—No.
No tú solo.
No te voy a dejar.

La figura pulsó otra vez.
Esta vez, el tono se dividió en dos ritmos distintos.
Uno para él.
Uno para ella.

Ethan sintió el aire escapársele.

—Hannah…
—Su voz era apenas un susurro—.
Nos está… separando otra vez.

Ella lo sostuvo más fuerte.

—No voy a dejar que lo haga.

La figura reaccionó.
Un pulso más intenso.
Más urgente.

Como si dijera:

No separados.
Juntos.
Pero elijan.

Ethan sintió que el corazón le ardía.

—Hannah…
—Sus ojos se encontraron—.
Creo que… quiere que decidamos si seguimos adelante juntos.

Ella tragó saliva.

—¿Y si seguir adelante… significa perder algo?

Él respiró hondo.

—Entonces lo perderemos juntos.

Hannah cerró los ojos un instante.
Cuando los abrió, había lágrimas contenidas en ellos.

—Ethan…
—Su voz se quebró—.
Tengo miedo de que esto nos cambie.

Él sostuvo su mirada.

—Ya nos cambió.

La figura pulsó.
Un tono más largo.
Más profundo.
Más… íntimo.

Como si dijera:

Sí.
Ahora ustedes.

Hannah sintió que el tirón en su pecho se intensificaba.
No dolía.
Pero era imposible ignorarlo.

—Ethan…
—Su voz era apenas un susurro—.
¿Qué… qué se supone que respondamos?

Él tragó saliva.

—No quiere palabras.
No quiere símbolos.

No quiere patrones.

Hannah lo miró, temblando.

—¿Entonces qué quiere?

Ethan dio un paso hacia ella.
La tomó de las manos.
Las suyas estaban frías.
Las de él también.

—Quiere…
—Buscó aire—.
Quiere saber si confiamos.

Hannah sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.

—¿Confiar en qué?

Ethan la miró con una honestidad que la desarmó.

—En nosotros.

La figura pulsó.
Un destello suave.
Un eco.

Como si dijera:

Sí.

Hannah sintió que el corazón le ardía.

—Ethan…
—Sus ojos se llenaron de lágrimas—.
¿Y si confiar… nos destruye?

Él apretó sus manos.

—Entonces nos destruiremos juntos.

La figura pulsó una última vez.
La luz se intensificó.
El tono se volvió claro.
Definido.
Inconfundible.

Una intención que atravesó el aire, la pantalla, el observatorio, sus cuerpos.

Una intención que decía:

Elijan.
Juntos.

Hannah inhaló bruscamente.
Ethan también.

Y el capítulo terminó con los dos entendiendo lo mismo al mismo tiempo:

La presencia no quería una respuesta científica.
Ni un patrón.
Ni un símbolo.

Quería una decisión emocional compartida.

La palabra sin sonido —Elijan. Juntos.— seguía vibrando en el aire como una cuerda tensada al límite.
No era una orden.
No era una amenaza.
Era algo mucho peor:
una expectativa.

La figura permanecía inmóvil, pero no era quietud.
Era atención absoluta.
Una quietud que escuchaba.
Una quietud que esperaba.
Una quietud que sabía que el siguiente movimiento no era suyo.

Era de ellos.

Ethan sintió el tirón en el pecho intensificarse, como si la presencia hubiera acercado un dedo invisible a la frontera entre su mente y la de Hannah.
No para cruzarla.
Para señalarla.

Hannah respiraba rápido.
Él podía sentir su miedo como si fuera propio.
Y tal vez lo era.
Tal vez la presencia había unido sus ritmos tan profundamente que ya no había un “yo” y un “tú” tan claros como antes.




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