La Aprendiz

Doce

Owen

 

Me gustaba visitar a mi hermana, aun que ella me odiara por eso. No solo era la preocupación que tenía por ella, otro de los motivos era por Astrid. Dios… me encantaba mirarla y amaba su casa. Cada vez que estaba en la casa Hollow el tiempo se detenía, habíamos creado una pequeña familia nosotros tres. Nada de deudas ni problemas económicos, de salud o policíacos. Todo fluía y siempre había algo nuevo de que hablar. Una paz en cada acto seguido, tal vez era la falta de televisión. Era como si cada vez que entrara, el peso de mi responsabilidad, de las muertes y el estrés de mi trabajo se quedaran en el auto. Me sentía tan ligero allí, que no deseaba salir jamás, y sabía que a mi hermana le pasaba lo mismo.

Después de cenar la comida que traje para mis dos niñas, Helen subió a su cuarto dándome un beso en la mejilla para proceder con sus estudios. Me quedé en la sala sentado viendo la chimenea arder en una hermosa fogata. Astrid llegó con una taza de té en sus manos para sentarse a mi lado.

― ¿No tienes frío? ― le pregunté con suavidad tomando un sorbo de té, mirando sus pies descalzos.

―Un poco, creo que ya me acostumbre ― dijo ella siempre con una sonrisa.

― ¿Cómo es que sabes de todo esto? Es decir ¿Cómo es posible que exista la magia? ― pregunté con mucho respeto. No quería ofenderla.

― Todo es energía. Los magos aprendemos a controlar algunas de esa energía ― dijo moviendo un poco la cabeza.

― ¿Algunas energías?

― Hay muchos estilos de brujería. Trato de enseñar el camino mas natural posible, pero hay otras clases de magia que son a bases de invocaciones.

― ¿Hay magia maligna?

― Si y no ― su contestación fue contradictoria para mi ―. La magia no es un si o un no, blanca o negra, diría que es gris. Es una mezcla de ambas. Puedes usarla para hacer daño como para hacer cosas maravillosas, todo de depende de ti. Es un libre albedrío ― explicó con calma.

― Para mi si algo es malo lo es ― dije decidido.

― Las cosas no son así necesariamente. Siempre hay una razón del por qué. Hacer un acto de maldad ni significa que plenamente eres malo. Un ejemplo de esto ―en tu caso que eres policía― es una mujer que mata a su esposo. A primera vista la mujer se ve culpable, hasta que se busca la razón. Luego se encuentra el factor de que su esposo la golpeaba todos los días. Entonces, ¿Eso hace a la mujer complemente mala o culpable? ― explicó sabiamente

―Bueno no, pero mato a alguien.

― Exacto, se defendió, y aun que lo que hizo estuvo mal tuvo una razón. Así es la magia, no estoy diciendo que matar es algo bueno, pero sí el defendernos a toda costa y no dejar que nadie nos haga daño.

― Ósea que usas la magia oscura solo para defenderte ― pensé parcialmente.

― Y cuando es necesario. Pero tranquilo, por el momento no le mostraré este tipo de magia a tu hermana. Es muy joven. Tiene que ser mucho mas madura para entender los riesgos ― dijo tomando mi mano para calmarme.

Me quedé mirándola hipnotizado. No tenía nada de maquillaje, su cara estaba un poco llena de pecas y sus ojos eran grandes. Su cabello le caía a la cara y mordía sus labios con nerviosismo. Eres hermosa, la mujer mas hermosa que había conocido, tan sencilla y a la vez tan poderosa. Llevaba meses sin despegarle la vista. Ella siempre me evadía, claro, pero notaba mi interés.

Me acerqué a ella para tocarle el rostro y ese cabello marrón oscuro y ondulados con deseos de besarla sin contenerme más. Pero al hacerlo, ella se alejó de mi dándome las buenas noches, para subir las escaleras a su cuarto y escapar.



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En el texto hay: romance, conocimiento

Editado: 01.09.2019

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