La apuesta perfecta

Capítulo 26

Fui a comprar algo de tomar, mientras Leire conversaba con Eduardo, no me agradó mucho la idea, pero él no quería ir a comprar la bebidas.

Solo espero que no salga con alguna de sus idioteses y eche todo a perder, como es de costumbre. 

Pero al parecer no es así, veo a Leire reírse un poco. Aunque se ve medio incomoda estando a su lado, sin duda se ve que está ahí porque no le queda de otra, así como conmigo.
Y en cuanto llego se el por qué.

—Tenias que haberlo visto con tus propios ojos, se le abrió todo, por completo —Asegura muy divertido Eduardo—. Realmente por completo.

Ella solo reía y mucho, no se le veía muy seguido riendo así, yo sabia muy bien a que se refería Eduardo.

—No tenias que haberlo contado. De hecho no tenías que haberlo contado.

—Si tenia, así comprobé que Leire tiene una risa linda, como tu dices —Me dice mientras me guiña un ojo—. Y si me lo permiten, me tengo que ir a ver si encuentro a alguien por ahí.

—Adelante —Dice Leire—. Y cuidado con agacharte mucho, ya sabes que puede pasar.

Él asiente con una gran sonrisa.
Hablaban de mi pequeño accidente que tuve hace unos meses, en el pasillo, llevaba unos pantalones muy ajustados y algo de mi casillero se había caído, en cuanto me agache por el objeto, sentí que la parte de atrás de mi pantalón se había abierto por completo, varias personas lo vieron y sin duda fue un día muy jodido, pero Eduardo le gusta divulgar por todos lados sobre mi pequeño accidente con el pantalón.

—Toma, te pedí algo no muy cargado.

—Gracias, supongo —Toma el vaso, y se le queda viendo un buen rato—, lo cierto es que detesto tomar, así que mejor tómalo —Me entrega la bebida, pero yo niego con la cabeza divertido, Suspira y se queda con su bebida.

—¿Por qué?

—Luego hago muchas cosas si tomo de mas, y después no me acuerdo de nada de lo que hice. Y odio que eso pase.

—Bueno por lo menos no te arrepientes por si haces algo que te avergüence y todo ese rollo.

Creo que es mejor olvidar a que recordar, ella tiene una gran ventaja y no se da cuenta de ello.

—Pues eso si —Se encoge de hombros.

Empieza a tomar un par de tragos a su bebida.

—¿Quieres bailar? —Le pregunto.

Hace una mueca con la boca, después se muerde el labio, está indecisa.

—No se me da mucho —Se encoge de hombros—, la verdad.

—Oh, vamos... Ven vamos a que te diviertas, te lo prometí.

Ella asiente y nos dirigimos a la pista del baile. Hay mucha gente, esto provoca que Leire esté más pegada a mi.

Bailamos, ella se reía a ratos, disfrutaba, lo estaba disfrutando, se estaba divirtiendo. Pasa como una hora así, de puro baile. Yo sonreía de vez en cuando cuando notaba que se reía.

Y me detuve por varios segundos, pero ella no notó que lo hice, no podía creer que me estaba divirtiendo con ella... No podía dejar de verla... Algo en mi estomago volvió a cosquillear y recordé aquella risa de mi madre.

Suspire.

No.
No.
No.
No.
No.
No.
No.

No podía pasar eso. ¡Ja, claro que no!
Tenía que apartar esa estupida idea de mi mente cuanto antes, eso no podía suceder.
Tenía que distraerme, si la seguía viendo confirmaría algo que se que no puede pasar.

—¿Quieres algo de tomar? —No podía seguir viéndola bailar, no podía, ya que me embobaba en sus movimientos.

Me muerdo el labio, también debo de aceptar que es muy guapa, pero se que no puedo meterme en ese territorio.

Ella asiente. Le tome la mano y nos dirigimos a la barra.

—Que calor, hace mucho que no bailaba así —Confiesa ella.

Y si que le creo.

Nos dan las bebidas y le paso una. Se la toma poco a poco.
Caminamos un poco, alejándonos del ruido. Quedando en la orilla de la fiesta. Conversamos un momento, hasta que ella se queda callada y yo la observo.

No podía dejar de mirarla por alguna extraña razón.

Claro que no.
No podía pasar eso, por supuesto que no.

Ella no podía, ni si quiera poco, gustarme.
Ni en mi vida alguien podría llegar a gustarme.
Y menos la chica de la apuesta.
Pero no podía dejar de verla.
Simplemente no podía, y tenía cosquilleos por todo mi cuerpo.

Mi madre ya lo sabía, pero quería que yo me diera cuenta.

Ella veía a todo el mundo bailando, hasta que note que su cara se lleno un poco de horror.

—Leire... —La llamo—. ¿Estas bien?...

Trato de voltear hacia donde sus ojos están viendo fijamente, lo único que puedo ver es a un chico, con una camisa de color roja y un short color beige. Entonces él voltea y también la ve.
Le sonríe aquel chico a Leire.

—¿Podemos irnos de este lugar? —Me voltea a ver, en su cara podía notar preocupación, demasiada—, ¿Por favor?

Y antes de que respondiera, el chico al que Leire estaba viendo, se había acercado.




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