Me gusta escuchar los ronquidos del lobo en las noches, suena a calma, se siente paz.
Cada noche espero a que el resto se duerma, tocando las paredes con mis manos, escuchándolos con mis oídos, no necesito verlos, me agrada sentir que están ahí.
Es muy difícil para mí entender otras cosas. La primera vez que vi a la ardilla fue una especie de torbellino: demasiada información, todo en ella gritaba, su forma de saludar, su movimiento, el volumen de su voz, la primera vez sentí que era una llama que brillaba tanto que me quemaba.
El tipo araña es agradable, le gusta que las cosas estén en su lugar, se puede confiar en que no te dará información de golpe, no toca sin permiso y siempre cuenta los pasos, a veces lo sigo, puedo quedarme junto a él solo observando lo perfecto de su tejido... pero cuando me permito tocarlo... cuando quiero mostrarle que confío... él huye de mi toque, es como si se escondiera en un capullo.
La niña ciervo... es muy linda, es la única persona que me agrada ver, sus hastas son hermosas y su cara parece suave y cálida, he querido acercarme, pero siempre está cerca de la mujer ardilla y apenas puedo soportar todo el ruido de esa mujer.
Cuando entro en mi habitación, lo primero que hago es asegurarme de que todo sigue en orden, siempre hago lo mismo, recorro con mis manos las paredes, siempre desde la izquierda, tiene que ser así, sé dónde está cada uno así, me ayuda a entender, a esperar, cada vibración es una señal, un mensaje.
Ahí está la señora de piel suave y que huele a arroz con leche haciendo algo con sus ollas... el señor amargado otra vez anotando en su libreta... ¿dónde está el hombre de la voz suave y manos amables?, él me ayuda a entender mejor a los otros, la primera vez que le dejé tocar uno de mis tentáculos, su apretar era suave, compasivo, se sentía cálido... pero seco, parecía que le faltaba algo.
Espero... ya vuelven todos a su habitación, vinieron mis mamás, se sienten y huelen como siempre: a flores y paciencia; mis hermanos, todos ahora huelen y se sienten distinto, huelen a sudor y parecen ansiosos por algo... no me gustó que mi hermano grande observara a la chica ciervo, me sentí extraño, como si quisiera guardar a la chica ciervo en mi cuarto, quería darle un manotazo a mi hermano... pero recordé que el señor amargado siempre dice que los otros no ven las cosas como yo...
El muñeco que hice para él lo distrajo, sentí un calor lindo al darme cuenta de que no tenía que golpearlo.
La pared me trae algo nuevo, el zumbido bajo de la niña que brilla, su voz es siempre cálida, su zumbido parece risa... pero ahora vibra más bajo, me recuerda a la chica ciervo, el zumbido se apaga lento, la niña que brilla está dormida.
Me recuesto en mi cama, debo poner cada tentáculo en una pared, el mejor es el que pongo en la puerta, es el que me deja sentir más.
¿Qué es esa vibración? Se parece al caminar del hombre de manos amables, pero... es mucho más lento... ¿dónde estuvo todo el día? Quería que viera a mi familia, ¿qué es eso? Se escucha como... si alguien lanzara algo... se siente violento, siento una tormenta en esa parte del patio... tengo que salir.
La puerta es fácil de abrir y atravesar cuando sé que nadie me arrojará sus cosas sin permiso, camino por el pasillo, mis tentáculos y manos pueden ocupar cada pared sin obstáculos, todos duermen, vibran a través de las paredes, respiran con paz.
Alcanzo a ver al hombre de las manos amables... se mueve extraño, vibra diferente, parece estar... incompleto.
Me acerco, pido permiso como siempre estirando mi mano sin verlo a los ojos, no reacciona... debo esperarlo, él me ha esperado a mí.
—¿Nicolás? —siento la vibración de su voz.
—¿Qué haces aquí?
Eso no tiene significado para mí, hago un ruido, no me gusta hacerlo, para mí es invadir como a mí me molesta que me invadan.
Por fin el hombre de las manos amables y voz suave toca mi mano... me siento... siento... mucho... esto es muy grande, no lo entiendo.
Sus manos están rotas... su voz está quebrada... siento muy feo... pero él no me está invadiendo... no entiendo, los otros invaden con sus cosas feas sin permiso, el hombre de voz suave y manos amables no me invade aunque esté sintiendo él algo muy feo.
Quiero entenderlo mejor, ya me dio permiso de saber, lo tocaré con todos mis tentáculos, quiero saber, quiero entender.
—Estoy bien, Nicolás, descuida.
Su voz es diferente a lo que sus manos me dicen, muevo mi cabeza, no es cierto, golpeo con mi mano el pedazo de madera frente a nosotros.
—¿Me viste, eh?
Vuelvo a tocar sus manos.
—No sé cómo explicártelo yo...
Lo abrazo, es el primero que doy en mi vida, completo, siento que así se sentirá menos incompleto, quiero que sepa que estoy aquí, como él ha estado.
Respira más lento, sus manos aprietan sin mucha fuerza, suelta mucho aire de repente, parece que se desinfla algo, lo siento más ligero.
—Gracias, Nicolás —me dice.
Su voz se siente ligera, sus manos rotas aprietan mis tentáculos con firmeza, sin daño.
Me levanto, estoy muy cansado, el mundo se volvió el hombre de las manos amables y voz suave por un momento.
Me esfuerzo.
¿Por qué ellos no pueden entender la verdad en sus manos?
—Tomás... no sientas feo —digo.
Espero y pueda entenderlo, a veces parece que no se pueden comunicar estas personas.
Me voy, el hombre de las manos amables y voz suave me sigue, como siempre, me acompaña a mi cuarto, no se va hasta que ve que estoy dentro, lo siento irse con mis manos en la puerta, camina un poco más ligero, pero no duerme, falta él en su lugar, falta él en el murmullo del resto.
Reviso la habitación de nuevo, desde la izquierda, me recuesto con mis tentáculos en las paredes, espero, espero...
Después de un rato el hombre por fin entra en su habitación...
Por fin estamos todos.
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Editado: 17.08.2026