La Arquitecta De Las Cenizas

Capítulo 22: El banquete de las sombras

​La casa se había transformado en un mausoleo de concreto y secretos. Mis heridas, lejos de sanar, se habían convertido en un recordatorio constante de mi condición de objeto. La infección en mi mano izquierda se extendía por mi antebrazo como una red de venas negras, y el dolor era un pulso rítmico que me impedía dormir.

​Esa noche, la temperatura descendió hasta que el aliento se convertía en vaho. Mateo entró al sótano. No venía solo. Lo acompañaban dos hombres: los ejecutores de Dante. Eran figuras masivas, con la piel curtida y los nudillos cargados de cicatrices, hombres que olían a tabaco, a pólvora y a una violencia visceral que se percibía en la atmósfera. Mateo, con su rostro de porcelana blanca y su mirada de desprecio gélido, me señaló como si fuera ganado.

​—Está dañada, pero sigue siendo útil —dijo él, su voz carente de cualquier rastro de humanidad.

​La crueldad no fue una explosión, fue una coreografía. Me agarraron de la cabellera, un tirón tan seco que sentí cómo el cuero cabelludo se tensaba hasta el límite de la fractura. Tenía puesto el camisón de lino fino que Beatriz me había obligado a usar, una tela que se rasgó al primer forcejeo. El frío del suelo de cemento contra mi espalda fue lo último que sentí antes de que el mundo se convirtiera en un borrón de dolor y humillación.

​Cada detalle, cada expresión de mi rostro, cada segundo de esa invasión fue grabado en mi mente. Sentí el peso de sus cuerpos, el olor de su sudor ácido y sus manos toscas hundiéndose en mi piel como si fueran ganchos. En mis ojos, mientras ellos descargaban su odio y su poder, no había lágrimas. Había una observación clínica. Mientras me destrozaban, yo memorizaba sus voces, sus cicatrices, el modo en que uno de ellos tenía un tatuaje de un escorpión en el cuello y el otro un anillo de plata que me raspaba la mejilla con cada movimiento.

​Me sentí morir mil veces. Cada fibra de mi ser gritaba, pero mi voluntad se replegó hacia un rincón oscuro de mi mente, un lugar donde el dolor ya no tenía nombre. Cuando terminaron, me dejaron tirada, hecha un despojo de carne y tejido, rodeada por el olor de su victoria y de mi propia ruina.

​Beatriz entró segundos después. No me miró con lástima, sino con un deleite obsceno. Se acercó y me tomó del rostro con sus manos secas, obligándome a ver el desastre que era mi existencia.

​—¿Ves, Valeria? —susurró, mientras mi sangre manchaba sus dedos anillados—. Eso es lo que vales. Ni siquiera el barro del jardín tiene menos valor que tú.

​Esa noche, el trauma no me quebró; me encendió. Mientras el dolor pulsaba en cada centímetro de mi cuerpo, mi mente comenzó a trazar el mapa de la venganza. No sería una venganza de un día. Sería una construcción de años. Si querían que fuera una diabla, les daría el infierno que tanto anhelaban. Si querían ver cómo se destruía una mujer, verían cómo se construye una pesadilla.

​En la penumbra, mientras el silencio prolongado de la casa me envolvía, toqué mi abdomen. Allí, el horror de la noche anterior se mezclaba con la semilla de lo que vendría después. Estaba embarazada nuevamente, una realidad que me golpeó con la fuerza de un rayo en medio de mi desgracia. Pero en lugar de quebrarme, esta nueva vida se convirtió en mi faro y en mi arma.

​Había nacido una nueva Valeria, una que ya no sentía el miedo como una parálisis, sino como un mapa. Empecé a planear cómo entraría en sus vidas para inocularles la misma desesperación que ellos me regalaron. Aprendí a esconderme en los rincones de sus conversaciones, aprendí a observar cómo el dinero de la mafia se movía, cómo Dante temía la traición de sus propios hombres.

​Mi plan era simple: los haría amarse, los haría confiar en mí, y luego, en el momento de mayor exposición, los vería suplicar. La venganza no se sirve fría; se sirve con sangre, con lágrimas y con la absoluta certeza de que, para cuando yo termine, ellos habrán perdido incluso la voluntad de morir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.