La asistente que domó al Ceo

Capítulo 2: Logan

Observo los edificios a través de la ventana pensando en la mujer que me abofeteó en la joyería. No debería seguir dándole vueltas a un encuentro que duró apenas unos minutos, pero hay algo en ella que no logro ignorar.

Se me hace familiar, aunque no sé de dónde. Sin embargo, lo que realmente llamó mi atención no fue su rostro, sino su actitud. La seguridad con la que actuó, la forma en que defendió a alguien que creyó que estaba siendo lastimado y la manera en que, después de darse cuenta de su error, se disculpó.

Sí, salí golpeado, pero al menos tuvo la decencia de admitirlo. Además, lo hizo por una razón que puedo entender. Detesto a las personas que juegan con los sentimientos de otros. Lo viví en carne propia con mi exnovia y no tengo intención de repetir una historia similar.

Bajo la mirada hacia la tarjeta que sostengo en la mano. No sé por qué me intriga tanto. En los últimos cuatro años no he sentido interés particular por ninguna mujer, y ahora estoy aquí, pensando en alguien que conocí por una confusión.

La puerta se abre y entra mi hermano Tau sin molestarse en anunciarse.

—¿Compraste el regalo de cumpleaños para tu madre?

Volteo y niego con la cabeza.

—No. Tuve un pequeño incidente en la joyería y terminé yéndome sin elegir nada.

Frunce el ceño y se acerca un poco.

—¿Qué pasó?

Llevo la mano a mi mejilla por reflejo.

—Una mujer me golpeó pensando que era otro hombre.

Tau abre los ojos y se apoya en el escritorio.

—¿Esas cosas pasan en la vida real? —asiento—. ¿Era guapa?

Lo miro con cansancio.

—Una mujer común, nada especial.

Hago una pausa antes de mirar la tarjeta otra vez porque era linda, no llamativa.

Levanto la tarjeta entre mis dedos y Tau enseguida nota el gesto.

—Te dio su tarjeta.

—Sí.

—Eso cambia un poco las cosas.

Lo observo.

—¿Qué quieres decir?

Tau sonríe de lado.

—Que tal vez la bofetada fue una estrategia para acercarse a ti. Finge una escena, consigue llamar tu atención, te da su tarjeta y espera que la busques. No sería la primera vez que una mujer intenta algo así contigo.

No había pensado en esa posibilidad, pero Tau no suele hablar sin motivos. Después de lo ocurrido con Sasha aprendí a no confiar fácilmente.

La última mujer que intentó acercarse a mí contrató a alguien para que fingiera golpearla y así pudiera intervenir. Sabía que reaccionaría ante una situación de ese tipo por mi historia familiar, pues mi padre maltrató a mi madre además de serle infiel, algo que terminó haciéndose público.

La ayudé, pero no permití que se acercara más de lo necesario. Después de investigarla descubrí la verdad. Su supuesto maltratador era su novio y todo había sido una mentira para intentar sacarme dinero.

—No lo sé —admito—, pero sí sé que tengo un imán para las mujeres problemáticas e interesadas.

Tau ríe.

—Es que tu aura de hombre serio, frío e inalcanzable llama la atención. Sin mencionar que tu empresa de desarrollo web es conocida en todo el país. Todo eso supera el físico, aunque sigo pensando que yo soy más guapo.

Niego con la cabeza.

—Somos hijos del mismo padre.

—Pero de diferente madre. Detalles.

Ignoro su comentario.

—Hablando de madre, me dijiste que la tuya planea un viaje con la mía.

Tau asiente.

—Sí. Una escapada de solteras.

—La mía no me dijo nada.

—Seguramente porque sabe que preguntarás demasiado.

Suelto un suspiro.

—Me da miedo preguntar los detalles.

Tau se ríe.

—Déjalas ser felices. Nuestro padre fue un canalla y ahora que está muerto ellas son libres de vivir su vida.

—Mientras no se metan en líos. La última vez casi terminan presas y tuvimos que rescatarlas.

—Fue un error—lo miro esperando una explicación—. No podemos culparlas por estar ebrias y querer desnudar a unos policías porque pensaron que eran strippers.

Niego con la cabeza.

—Sigo sin entender cómo ocurrió eso.

—Fue una confusión razonable en sus circunstancias.

No puedo evitar mirarlo con incredulidad, pero antes de responder la puerta vuelve a abrirse.

Esta vez es Jack, mi asistente personal, quien entra con una carpeta en la mano.

—La información que pude conseguir sobre Nianke Reed.

Abro la carpeta y comienzo a leer mientras Tau se acerca para mirar por encima de mi hombro.

Nianke Reed tiene treinta años, es soltera y tiene una hija de cinco años cuyo padre no figura en ningún registro. Sus padres fallecieron durante la pandemia y ella heredó la floristería familiar, aunque el negocio está al borde de la quiebra.



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En el texto hay: romance, jefe y empleada, ceo frío

Editado: 21.07.2026

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