—Se lee todo correcto —dice Sienna mientras me devuelve el contrato.
Lo tomo de sus manos y vuelvo a revisar las páginas, aunque sé que no encontraré nada nuevo. Ya lo leí más veces de las que quiero admitir desde que Logan me lo entregó, pero una parte de mí sigue esperando descubrir alguna letra pequeña escondida que explique por qué una empresa como esa estaría interesada en alguien como yo. Algo que diga que al firmar no solo estoy aceptando un trabajo, sino también entregando mi dignidad, mi alma o cualquier otra cosa que normalmente exigen en los contratos demasiado buenos para ser verdad.
—Yo no encontré nada raro, pero quiero asegurarme.
Sienna suelta una risa mientras acomoda la taza de café que tiene frente a ella.
—No soy abogada, pero en mi experiencia con contratos puedo decir que firmes sin problemas.
Dejo escapar un suspiro y apoyo el contrato sobre la mesa. Sé que debería estar emocionada. Cualquier persona en mi situación lo estaría. Un puesto estable, un sueldo que podría ayudarme a salir adelante y la posibilidad de dejar de hacer cuentas cada vez que llega una factura. Pero después de tantos años sobreviviendo con lo justo, recibir algo bueno siempre parece venir acompañado de la sospecha de que en algún momento alguien aparecerá para decirme que hubo un error.
—Es que me parece demasiado bueno para ser real.
Sienna me observa durante unos segundos antes de inclinarse ligeramente hacia mí.
—Tal vez ya es hora de que te pasen cosas muy buenas. No la has tenido fácil estos últimos años. Ni siquiera sé cómo has aguantado tanto.
Sonrío porque sé que no lo dice para hacerme sentir lástima, sino porque realmente lo piensa. Ella ha estado conmigo durante todo este tiempo, desde los días en los que apenas podía mantener la tienda abierta hasta las noches en las que me quedaba revisando números que nunca terminaban de cuadrar.
—Te tengo a ti, a una vecina fantástica y Rosie me da fuerzas.
—Eso es cierto —dice con una pequeña sonrisa—. Aunque sigo pensando que tu vecina fantástica debería recibir algún tipo de premio por soportarte.
Le lanzo una mirada divertida.
—Qué extraño. Pensé que ibas a decir que era una suerte tenerme como amiga.
—También. Pero no quería que se te subiera a la cabeza.
Río por lo bajo y niego con la cabeza. Esa es una de las cosas que más agradezco de Sienna. Siempre consigue encontrar una manera de hacerme sonreír incluso cuando tengo demasiadas cosas en las que pensar.
—¿Y qué harás con la floristería?
La pregunta me devuelve a la realidad. Miro hacia la sala, donde todavía hay algunas cajas con materiales de la tienda que traje a casa después de cerrar por ese día.
—No puedo seguir teniéndola abierta porque no da muchas ganancias. Mi prioridad es pagar las deudas, y si la mantengo abierta sin ingresos fuertes, no sirve de nada. Actualmente lo que entra solo alcanza para cubrir los servicios—paso un dedo por la esquina del contrato antes de continuar—. Doy gracias a Dios de que mis padres me dejaran esta casa y de que la escuela de Rosie sea gratuita. Si tuviera que pagar alquiler y todo lo demás, no sé cómo lo haría.
Sienna estira la mano sobre la mesa y aprieta la mía.
—Yo te apoyo.
La miro y sonrío.
—Gracias.
Ella se levanta y toma su bolso del respaldo de la silla.
—Ya me voy porque tengo una cita y esta vez espero que no termine en fracaso.
La acompaño hacia la puerta mientras ella busca sus llaves dentro del bolso.
—Mientras no llegue en bicicleta ni te diga que se le olvidó la billetera, será un logro.
Sienna se detiene y me mira con indignación fingida.
—Lo de la billetera pudo pasarle a cualquiera.
—Sienna, literalmente dijo que había salido de casa sin revisar los bolsillos.
Ella intenta contener la risa, pero no lo consigue.
—Está bien. Mis estándares también necesitan mejorar.
—Me alegra que lo reconozcas.
—Dale un beso a mi sobrina bella. Luego te cuento cómo me fue.
—Espero buenas noticias.
—Yo también. Aunque con mi suerte probablemente terminaré contándote otra historia para reírnos.
Nos despedimos con un abrazo antes de que salga. Cierro la puerta detrás de ella y durante unos segundos permanezco apoyada en ella, disfrutando del silencio que queda después de que Sienna se va.
Dejo el contrato sobre el aparador y decido que puedo pensar en él más tarde. Por ahora solo quiero asegurarme de que mi hija esté lista para dormir.
Subo las escaleras y camino hasta su habitación. A estas alturas debería estar con el pijama puesto, aunque con Rosie eso no siempre significa que realmente esté preparada para acostarse.
La encuentro sobre la cama, boca arriba, mirando fijamente el techo.
Me quedo en la puerta durante unos segundos, intentando descubrir qué puede ser tan interesante ahí arriba, pero no encuentro nada.