—No te preocupes. Por suerte, Rosie no es dramática y entiende la situación. Estoy segura de que no va a pedirme nada extravagante.
—Claro que no. Tu hija es una santa, Nia. Yo soy su madrina y le organizaré su fiesta de cumpleaños. Será mi regalo.
Sonrío porque conozco demasiado bien a Sasha. Cuando algo se le mete en la cabeza, no hay manera de hacerla cambiar de opinión, aunque eso implique organizar una fiesta más grande de lo necesario y después fingir sorpresa cuando yo le diga que exageró.
—No voy a impedírtelo, Sasha. No es como si me hicieras caso cuando decides algo. Solo intenta no convertir su cumpleaños en un evento del año.
—Confía en mí.
La miro, aunque ella no pueda verme a través del teléfono. Esa respuesta, viniendo de Sasha, no me tranquiliza demasiado.
—Ese es precisamente el motivo por el que me preocupa.
Ella se ríe al otro lado de la línea y yo no puedo evitar sonreír también. A pesar de sus impulsos, sé que adora a Rosie y que jamás haría algo que no fuera pensando en ella.
—Tengo que colgar porque todavía me faltan revisar algunas cosas antes de ir por Rosie a la escuela. Nos vemos el fin de semana.
—Está bien. Yo me encargo de la fiesta y tú deja de preocuparte por todo durante unas horas.
—Eso suena imposible, pero gracias por intentarlo.
Finalizo la llamada justo cuando suena el teléfono de la empresa. Reviso la pantalla por costumbre y respondo adoptando mi tono más profesional.
—Oficina del señor Clarke, habla Nianke. ¿En qué puedo ayudarla?
—Comunícame con Logan.
La voz femenina del otro lado tiene una seguridad que no tarda en convertirse en arrogancia. Durante un segundo siento ganas de preguntarle si siempre habla con las personas de esa manera, pero recuerdo que estoy en horario laboral y que mi opinión sobre los modales de los demás no forma parte de mis funciones.
—¿De parte de quién? ¿Tiene una cita programada?
—No necesito una cita. Soy Sharoon, una persona importante para él, así que comunícame con Logan.
Aprieto los labios para evitar responder de inmediato. Hay personas que llegan a una conversación anunciando su importancia y, por alguna razón, esperan que eso sea suficiente para abrir todas las puertas.
—Lo siento, señorita Sharoon, pero el señor Clarke me indicó que no debía interrumpirlo a menos que se tratara de algo urgente.
—¿Quién te crees que eres para decidir eso?
Mantengo la mirada fija en la pantalla de mi computadora mientras ordeno mis palabras. No necesito que una llamada telefónica termine convirtiéndose en una discusión personal.
—Soy su asistente. Mi trabajo es gestionar sus llamadas y seguir sus indicaciones. Si usted tiene una relación cercana con el señor Clarke, imagino que cuenta con su número personal para comunicarse con él directamente.
Hago una pausa antes de continuar porque, aunque mi paciencia tiene límites, mi empleo también tiene uno y prefiero no cruzarlo.
—Si está llamando a la empresa, entiendo que no ha podido localizarlo o que él no ha respondido. En cualquier caso, no puedo ignorar las instrucciones que me dio.
El silencio al otro lado dura apenas unos segundos antes de que su tono cambie.
—Puedo hacer que te despidan.
Observo el teléfono con incredulidad. Hay amenazas que pierden fuerza precisamente porque intentan parecer demasiado poderosas.
—Si considera que es necesario, puede hacerlo. Sin embargo, solo estoy cumpliendo con mi trabajo y respetando las indicaciones de mi jefe. No quiero sonar desafiante, pero tampoco voy a permitir que alguien intente intimidarme porque tiene una opinión demasiado alta de sí misma. Ahora debo atender otras llamadas relacionadas con la empresa. Si el señor Clarke desea hablar con usted, estoy segura de que se pondrá en contacto. Que tenga una buena tarde.
Cuelgo antes de que pueda responder.
Me quedo mirando el teléfono durante unos segundos. Tal vez podría haber elegido palabras más cuidadosas, pero tampoco creo haber sido irrespetuosa. No levanté la voz, no la insulté y no hice más que proteger mi puesto. Aun así, una pequeña parte de mí se pregunta si Logan pensará lo mismo.
No sería la primera vez que alguien con autoridad decide que el problema no es la persona que cruza los límites, sino quien se atreve a señalarlos.
Tomo el teléfono nuevamente y llamo a Jack. Cuando responde, le explico lo ocurrido mientras espero su reacción.
El silencio que sigue me hace pensar que quizá sí cometí un error.
—Has hecho bien —dice finalmente.
Suelto el aire que estaba conteniendo.
—¿En serio?
—Sí. Esa mujer no es importante en la vida de Logan. Ya no.
Levanto las cejas mientras me apoyo en el respaldo de la silla.
Ese comentario me hace pensar que es una ex que se cree con derechos.
Ahora entiendo un poco más su actitud, aunque sigo sin comprender cómo alguien puede llamar a una empresa, exigir que le pasen con una persona y tratar al empleado que responde el teléfono como si estuviera haciendo algo mal.
«Nia, no te metas. No es tu problema».
Me repito la frase, aunque sé que probablemente ya es demasiado tarde.
—Menos mal, porque hablé y luego pensé.
Jack ríe.
—Eso suena bastante a ti.
—No te burles. Me controlé mucho más de lo que quería.
—Lo sé. Y es mejor no informar a Logan sobre la llamada.
—Bien —miro la hora y empiezo a guardar algunos documentos—. ¿Necesitas algo? Tengo que ir por Rosie a la escuela.
—Llegaré en un momento, aunque puedes irte si necesitas salir antes.
—Está bien. Espero.
Cuelgo y dejo escapar un suspiro de alivio. Al menos no provoqué un desastre en mi primer intento de defender las reglas de la empresa.
Reviso mi celular antes de guardarlo y encuentro un mensaje de Tau confirmándome que mi asistencia al evento de caridad está registrada.
Le había dejado claro que iría como asistente y no como acompañante. No quería dar espacio a confusiones, especialmente porque conozco el tipo de hombre que es Tau.