Le doy un trago a mi cerveza mientras intento convencerme de que, si sigo dándole vueltas al asunto, voy a terminar perdiendo la cabeza.
¿Desde cuándo una mujer consigue dejarme sin palabras y hacer que me comporte como un idiota?
Nianke tiene algo magnético que despierta una curiosidad difícil de ignorar. Tal vez sea porque habla con una naturalidad que descoloca, porque nunca intenta impresionarme y tampoco parece intimidarse por mí. Me trata con la misma tranquilidad con la que hablaría con cualquier otra persona y, para colmo, no muestra el menor interés en conquistarme.
Intento repetirme que no es mi tipo de mujer, que es madre soltera y que una relación con ella implicaría demasiado para alguien que ni siquiera está buscando enamorarse. Sin embargo, cada argumento que encuentro dura apenas unos segundos antes de que aparezca otro dispuesto a echarlo abajo.
—Maldición.
Vacío el resto de la cerveza y dejo la botella sobre la mesa justo cuando el teléfono empieza a sonar. La pantalla anuncia una llamada de mi madre. Resoplo antes de responder.
—Hijo, siento que no hablamos hace siglos.
—Hablamos hace tres días.
Ella ríe al otro lado de la línea.
—Eso es muchísimo.
Sacudo la cabeza con una sonrisa resignada y me dejo caer en el sofá.
—Madre, nunca me llamas a menos que sea para pedirme algo.
—No exageres. Esta vez solo quería saber si es cierto lo que escuché por ahí.
Frunzo el ceño.
—¿Qué escuchaste?
—Que tienes novia.
Me incorporo un poco.
—¿Qué?
—Sí. Me enteré de que tu exnovia, esa interesada que nunca terminó de caerme bien, regresó y ha estado intentando ponerse en contacto contigo. Uno de tus amigos, cuyo nombre no recuerdo, le dijo que ya tienes novia.
Cierro los ojos y apoyo la cabeza en el respaldo.
Entre Tau obsesionado con Nianke, mi amigo inventándome una novia y los chismes que viajan de boca en boca, cualquier día voy a terminar comprando antiácidos por caja.
Juro que, si esto sigue así, alguien terminará preguntándome la fecha de la boda.
—Mamá, eso fue un invento de él y nunca estuve de acuerdo.
—Me preocupa que esa Sharoon vuelva a aparecer en tu vida. Estabas enamorado de ella.
Paso una mano por la frente antes de responder.
—No lo estaba. Me interesaba y confundí bastante las cosas, pero eso quedó atrás. No soy de los que tropiezan con la misma piedra dos veces.
Ella guarda silencio unos segundos.
—Bien. Sabes que no me meto en tu vida amorosa, pero tampoco quiero que renuncies a las mujeres o decidas hacerte gay por una mala experiencia.
No consigo contener la risa.
—Estoy bastante seguro de que la homosexualidad no funciona así, mamá.
—Bueno, tú entendiste el punto. Tómate el tiempo que necesites, pero no te condenes a vivir solo o a tener relaciones vacías porque alguien te salió mal.
Asiento aunque ella no pueda verme.
—Lo prometo. Ahora prométeme tú que dejarás de escuchar a tu compañera de crimen, que vive esperando que Tau se case para organizar la fiesta.
Mi madre vuelve a reír.
—Tau parece interesado en tu nueva asistente. Le habló de ella a su madre y eso no suele pasar. Me dio curiosidad. Imagino que debe de ser bonita.
La respuesta sale antes de que tenga tiempo de pensarla.
—Tiene una hija de cinco años.
—Todavía mejor. Ya viene con nieta incorporada.
Exhalo por la nariz y acomodo una pierna sobre la otra.
—¿Aceptarías a una nuera con una hija?
Ella ni siquiera duda.
—Por supuesto. Admiro a las madres solteras que sacan adelante a sus hijos. Muchas veces son ellas quienes cargan con las críticas, cuando los que deberían avergonzarse son los hombres que abandonan a sus familias.
Sé perfectamente desde qué lugar habla y por eso no intento discutir.
—Estoy de acuerdo.
—Cuéntame algo sobre la asistente.
Pienso en Nianke y descubro una sonrisa antes de poder evitarla.
Al principio la juzgué mal. Creí que era una mujer interesada, que escondía alguna intención conveniente detrás de su amabilidad, pero cuanto más la conozco, más evidente resulta que me equivoqué. Es auténtica, trabajadora y autosuficiente. Solo quiere darle una buena vida a su hija. No pierde el tiempo fingiendo ser alguien que no es ni buscando impresionar a los demás.
—Tiene una historia difícil, trabaja muchísimo y me parece una mujer honesta. Tau nunca se toma en serio a ninguna mujer, así que sería buena idea aconsejarle que mantenga la distancia. No quiero que termine rompiéndole el corazón y, de paso, me genere un problema con mi propia asistente.