La asistente que domó al Ceo

Capítulo 13: Nianke

—Hubieras aceptado que te compraran un vestido. Si esto es un evento de trabajo para ti, es justo que compren la ropa.

Miro el vestido que sostengo entre las manos antes de levantar la vista hacia mi mejor amiga.

—Sienna, ¿por qué haría eso cuando mi mejor amiga tiene un guardarropa espectacular, lleno de ropa que compra y muchas veces ni siquiera usa?

Ella sonríe, toma el vestido y lo acomoda sobre la cama con un cuidado que me hace sospechar que ya decidió cuál voy a ponerme.

—Lo mío es tuyo. Además, fue una suerte que después de que nació Rosie volviéramos a tener la misma talla. Aun así, podrías haber aceptado.

Niego con la cabeza.

—No. Prefiero mantener las cosas claras desde el principio. Solo quiero recibir mi sueldo como asistente. Por eso pedí que el dinero extra de esta noche lo agregaran como un bono junto con el salario. Así evito malos entendidos.

Sienna resopla y cruza los brazos.

—Eres demasiado desconfiada.

La miro con una sonrisa tranquila.

—Y tú deberías ser un poco más precavida.

Su expresión cambia apenas. Baja la vista, guarda silencio unos segundos y finalmente asiente.

—Supongo que sí. Ya confié en hombres que no lo merecían—hace un gesto con la mano para espantar el recuerdo y enseguida recupera el ánimo—. En fin, basta de hablar de idiotas. Hoy voy a dejarte tan guapa que nadie se va a atrever a mirarte por encima del hombro.

Me río.

—Quiero verme elegante, pero sin llamar demasiado la atención. Mi trabajo consiste en permanecer en segundo plano mientras hago de asistente.

—Eso déjamelo a mí—me toma de la mano y me lleva hasta el tocador. Apenas me siento, empieza a revisar sus cosméticos con la seguridad de quien conoce cada producto de memoria—. Tienes unos ojos grandes y de un azul precioso. No hace falta recargarte el maquillaje. Solo voy a hacer que destaquen un poco más.

La dejo hacer porque nunca le presté demasiada atención a esas cosas. Jamás fui de las mujeres que disfrutan arreglándose durante horas y, después de la pandemia, esa costumbre desapareció por completo. Entre mis padres enfermos, una niña pequeña y todas las responsabilidades que aparecieron de golpe, pensar en maquillaje o peinados quedó relegado a un lugar muy lejano.

Mientras pudiera presentarme limpia, ordenada y con un aspecto profesional para atender al público, me bastaba. Mi rutina de belleza consistía en dormir cuando podía y salir de casa al menos peinada, y ni siquiera eso siempre salía bien.

Durante la siguiente hora, Sienna trabaja con una concentración admirable. Me pide que cierre los ojos, que levante apenas el mentón o que no me mueva justo cuando a mí se me ocurre hacer un comentario.

—No te rías.

—Ni siquiera dije nada.

—Todavía no, pero ya vi esa sonrisa y sé que estás por arruinarme el delineado.

No consigo contener la risa.

—¿Siempre eres tan mandona cuando maquillas?

—Solo cuando la clienta es especialmente inquieta.

—Pensé que me ibas a cobrar.

—Lo pensé, pero Rosie paga mejor. Al menos me da abrazos.

Las dos terminamos riéndonos y el ambiente vuelve a relajarse.

El maquillaje resulta mucho más sutil de lo que imaginaba. Apenas suaviza algunas imperfecciones y resalta el azul de mis ojos sin verse exagerado. Después recoge mi cabello en un moño elegante que deja mi cuello y mi rostro completamente despejados.

Cuando termina de colocar el labial rojo, me entrega el vestido.

Me cambio, aliso la tela negra sobre mis caderas y vuelvo a situarme frente al espejo.

El vestido tiene un corte sencillo que marca con discreción la parte superior de mi cuerpo antes de caer con naturalidad desde la cintura hasta los pies. No hay brillo, encaje ni adornos llamativos, pero aun así el conjunto consigue que me vea distinta.

Permanezco observándome durante varios segundos. La mujer que tengo delante sigue siendo yo, aunque hacía mucho tiempo que no me detenía a mirarme de verdad. Siempre encontraba algo más urgente en lo que pensar. Sin darme cuenta, fui dejándome para después hasta que arreglarme dejó de formar parte de mi rutina.

Al comprender cuánto tiempo había pasado desde la última vez que me sentí realmente bonita, noto un leve nudo en la garganta. Creo que la última ocasión fue el día de mi graduación.

Sienna aparece detrás de mí reflejada en el espejo y sonríe con evidente satisfacción.

—Perfecta. Elegante, sencilla y con personalidad. Vas a destacar sin proponértelo.

Me acerco un poco más al espejo y sonrío.

—Mis ojos... De verdad resaltan muchísimo.

Ella apoya ambas manos sobre mis hombros.

—Ese era el objetivo. Eres una mujer muy hermosa, Nia. No tienes que arreglarte para impresionar a nadie. Hazlo porque también mereces mirarte y sentirte bien contigo misma.



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En el texto hay: romance, jefe y empleada, ceo frío

Editado: 10.08.2026

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