10:00 a.m.
El reloj seguía corriendo, faltaban cinco minutos para el final del partido. Cinco minutos… y un gol. Solo un gol. El marcador estaba 3-3, pero la diferencia entre la gloria y el olvido estaba en el aire. Cada segundo pesaba como si fuera plomo fundido cayendo sobre las piernas de las jugadoras. Las piernas les temblaban, no solo por el cansancio acumulado, sino por la carga de todo lo que había detrás: entrenamientos infinitos, derrotas dolorosas, noches sin dormir imaginando este momento.
El sudor no solo les corría por el esfuerzo, sino también por el miedo de quedarse a la mitad de la gloria, por la rabia contenida de querer gritarle al mundo que sí podían y que podían demostrarlo como diera lugar. El rostro de las Phoenix Queen decían todo, Alina Aldana mediocampista apretaba los dientes mientras seguía la jugada, Andrómeda Quintana media punta se tocaba la muñeca rota de meses atrás, ahora completamente recuperada, recordando cuánto había dejado por estar allí.
Mireya Aragón extremo derecho parpadeaba rápido, tragando saliva como si pudiera tragarse la angustia que sentía en el fondo del pecho. La tribuna retumbaba, pero ellas apenas y lo escuchaban, solo existía el balón, el reloj y el eco de su respiración entrecortada. Todo podía pasar en esos últimos cinco minutos, el triunfo, la derrota, el desastre, la gloria… el milagro.
—¡Vamos, que esto aún no acaba! —gritó Renata Manríquez, desde el cuerpo técnico, con la voz afilada como látigo.
—¡Ya oyeron a la entrenadora! ¡Cinco minutos! ¡Podemos sacar un gol más! —insistió Samira Torres defensa derecha, apretando el puño.
—¡Vamoooos Phoenix! —rugió Kassandra Arizmendi desde la defensa izquierda, y la grada se encendió con su energía.
—Atención, atención… saque de portería por parte de Juliette Casillas para las Phoenix Queen. Balón largo, preciso, buscando a Samira Torres. Samira controla con seguridad, levanta la mirada, analiza las líneas, y entrega un pase limpio al centro del campo. Pandora Quintana lateral de contención recibe, se perfila hacia el sector derecho… ¡Atención! Se quita de encima a dos centrocampistas brasileñas con una finta elegante, se da media vuelta… ¡y saca con un taconazo impresionante que eleva el balón por encima de la línea defensiva rival!
—El esférico vuela, Alina Aldana mediocampista aparece en zona de peligro, controla de pecho con una técnica impecable, amortigua el balón en el aire, se prepara… ¡va a intentar una chilena! Impacta el balón con potencia. La pelota cruza el área, pero Andrómeda Quintana la media punta se anticipa a la defensa, salta y… ¡Remate de cabeza!
Los últimos segundos corrían en el cronómetro… ¡GOOOOOOL! ¡GOOOOOOOL DE LAS PHOENIX QUEEN! Era un gol histórico, un gol de clasificación. El marcador se ponía 4-3 a favor de las Phoenix Queen, que se imponían frente al campeón de primera división de Brasil. Un triunfo épico que las lleva directo a su siguiente reto: España, donde se deberán medirse contra los mejores equipos europeos tras haber dejado atrás una larga ruta de partidos, desde los clubes más modestos como lo eran las Phoenix Queen, hasta las grandes ligas del fútbol latinoamericano. Se encontraban un paso más cerca de la cima y las Phoenix Queen seguían haciendo historia después de todo.
—¡Hey, Andrómeda! —gritó Kassandra Arizmendi con una sonrisa, sacándola de su nube.
—¿Perdón? ¿Qué decían? —contestó Andrómeda Quintana, parpadeando como si acabara de aterrizar de otro planeta.
—Nada importante, solo que no olvides nada en el hotel. El camión ya casi llega por nosotras. —dijo Mía Alcaraz, mirándola de reojo con media sonrisa.
—Sí, sobre todo que no se quede el “recuerdito brasileño”… —soltó Samira Torres con tono burlón.
—¿Eh?
—Anda, no te hagas. El chocolatito brasileño... —dijo Alina Aldana, mirándola entre risas mal contenidas.
—Y más si no paro de bailar samba con él toda la noche —añadió Samira, estirándose con cara de sueño— No pobre de la capitana, debe estar peor que un día de pierna con Regina.
—¿Peor? Olvídalo. Con esa sonrisa boba que trae Andrómeda, seguro le duele hasta el cabello —soltó Kassandra, alzando las cejas.
—Ya, ya, silencio chicas. ¿Nadie olvida nada? —preguntó la entrenadora Renata Manríquez con voz seria.
—¡Noooo! —respondieron todas las Phoenix Queen al unísono, algunas riendo y otras medio disimulando.
—Y tú Andrómeda, verifica dos veces la maleta… que el chocolate brasileño no cabe en el equipaje de mano ¿eh? —remató Alina con un guiño, y las risas se desataron de nuevo.
Regina negó con la cabeza divertida, pero su expresión cambió por completo, los ojos más firmes y la mandíbula ligeramente apretada. Su rostro se tornó serio. Respiró hondo, una de esas respiraciones que avisan que algo importante está por decirse. El sonido fue lo bastante notorio para que el murmullo entre las jugadoras voltearan a verla, primero por curiosidad, luego con una preocupación visible en sus rostros.
Kassandra frunció el ceño, Alina bajó el brazo a medio estiramiento, Andrómeda dejó de revisar su celular. No hacía falta que dijera una palabra aún, todas sabían que lo que venía no era cualquier cosa.
—Antes de irnos me gustaría informarles que, por temas personales, no podré asistir a su primer partido oficial contra el Atlètic Blaugrana Femenil. Las estará acompañando la coach Mata Lerma, así que por favor, compórtense durante el viaje. Ella las está esperando en Barcelona.