La Balada de las Phoenix

2 | Barcelona

El sol comenzaba a asomarse tímidamente y sus primeros rayos se colaban entre las cortinas de la habitación del complejo, dibujando líneas doradas sobre el suelo y las camas. La luz avanzaba despacio, como si no quisiera despertar del todo a quienes descansaban después de días tan exigentes. Alina fue la primera en abrir los ojos, parpadeó un par de veces, desorientada, hasta que la claridad la obligó a cerrarlos de nuevo con una mueca. Soltó un suspiro largo y, aún medio dormida, estiró los brazos por encima de su cabeza, notando como cada músculo protestaba suavemente por el viaje del día anterior.

A tientas, buscó su celular tirado en el piso y lo encendió apenas eran las 08:30 a.m., una sonrisa amplia apareció en su rostro casi de inmediato. No era tarde… ni tampoco temprano, se incorporó con cuidado, evitando hacer ruido y dejó que su mirada recorriera la habitación. Las demás seguían profundamente dormidas, esparcidas por toda la habitación en posturas imposibles, algunas abrazando almohadas, otras completamente tapadas y alguna que otra murmurando cosas ininteligibles entre sueños. El silencio era tranquilo, pesado, de ese que solo aparece cuando el cuerpo está completamente agotado.

Con movimientos ágiles, empezó a abrirse paso entre las mochilas, tenis, maletas tiradas, almohadas e incluso uno que otro cuerpo esparcido. Buscó su maleta entre el pequeño caos hasta encontrarlo al pie de la puerta media abierta, la arrastró con cuidado y sacó ropa limpia antes de dirigirse al baño, cerrando la puerta con suavidad para no despertar al resto, al menos por ahora. Minutos después, salió del baño con una toalla alrededor del cuello y el cabello aún húmedo, al asomarse a la habitación noto que ninguna de sus compañeras se había despertado.

Inhaló hondo, llenando los pulmones con ese aire fresco de la mañana que aún conservaba un ligero frío. Se quedó unos segundos completamente quieto en medio de la habitación, observando el caos a su alrededor cobijas enrolladas, mochilas abiertas, tenis tirados sin orden alguno y los cuerpos de las chicas completamente rendidos que apenas se movían bajo las sábanas.

Una sonrisa traviesa empezó a dibujarse en su rostro. Se plantó entonces con firmeza, llevando las manos a la cintura como si estuviera a punto de dar una orden militar. Su mirada recorrió una vez más a cada una de sus compañeras, calculando el momento perfecto, disfrutando en silencio de la calma previa al desastre que estaba a punto de provocar. Se balanceó ligeramente sobre sus talones, conteniendo la risa, sintiendo como la energía le recorría el cuerpo de pies a cabeza.

Era sábado, no había presión inmediata, no había gritos de entrenamiento, ni entrevistas apresuradas y aún así, quedarse en la cama parecía un desperdicio de tiempo imperdonable. Alina chasqueó la lengua, negó para sí misma y, sin pensarlo dos veces, dejó salir toda su energía de golpe.

—¡Levántense que es sábado! —gritó Alina, abriendo la cortina de golpe.

—¡Cállate, gallina sin alma! —gruñó Mireya, enterrándose más, bajo las sábanas.

—¿Desde cuándo eres la alarma nacional, Aldana? —preguntó Samira, cubriéndose la cara con una almohada.

—Desde que estoy en Barcelona y ¡no pienso perder ni un minuto más en cama! ¡Vámonos! ¡A recorrer la ciudad! ¡A conquistar el mundo! ¡A gastar euros! —dijo dramáticamente Alina, dando vueltas por el cuarto como si estuviera en un musical.

—¿Alguien más nota que se volvió loca desde que pisamos Europa? —susurró Pandora con una sonrisa perezosa.

—Siempre ha estado loca —respondió Andrómeda, ya cambiándose los shorts—. Solo que ahora tiene GPS europeo.

Ya todas estaban listas y vestidas, cada una con un estilo que reflejaba su personalidad. Andrómeda destacaba con una chamarra deportiva roja, una blusa de tirantes blanco, pantalones rojos con bolsillos laterales y cadenas doradas como detalle. Llevaba zapatillas tipo bota en rojo y blanco y una gorra roja que completaba su look urbano y audaz. Samira, más relajada, vestía una camiseta oversize azul marino con un número grande estampado, una minifalda de mezclilla y zapatillas deportivas blancas con rayas negras.

Pandora apostaba por lo sencillo y elegante: una camiseta blanca básica, pantalones de pinza con rayas verticales oscuras, zapatillas blancas con plataforma, un cinturón negro que enmarcaba su cintura, una diadema blanca en el cabello y un bolso pequeño marrón claro al hombro. Kiara llevaba un suéter holgado rosa palo con corte asimétrico, jeans rotos en las rodillas y zapatillas blancas de lona, tipo Converse, que le daban un aire juvenil.

Mía optaba por una blusa satinada gris claro, jeans ajustados de mezclilla oscura con el dobladillo doblado y unas Converse de bota negras. Su look lo completaba una diadema blanca, collares y pulseras. Alina, más fresca y descomplicada, llevaba un top negro sin mangas, jeans anchos de mezclilla oscura, zapatillas blancas deportivas y un bolso de hombro blanco.

Kassandra apostaba por la comodidad con una camiseta oversize gris oscuro, jeans anchos y desgastados con roturas en el dobladillo, y zapatillas deportivas beige. Emma mostraba un estilo cuidado con un top blanco ajustado, jeans skinny blancos, y una camisa oversized beige claro abierta por encima. Completaba el conjunto con zapatillas blancas y un collar dorado.

Mireya llevaba una camisa oversized azul claro abierta sobre un crop top negro, pantalones anchos de vestir negros, zapatillas voluminosas blancas y un cinturón negro que ceñía su figura. Finalmente, Ximena lucía un suéter de punto trenzado azul marino sobre una camiseta blanca con cuello en V, acompañados por jeans de corte recto en mezclilla clara. Sus zapatillas blancas y una diadema blanca remataban su estilo casual.




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