He aquí a los protagonistas que se prestan para una breve charla. Hagamos silencio y escuchemos de qué se trata. —¿Qué hacés, Gato? —¿Cómo estás, Dani? —Bien, acá estoy. —Te noto cabizbajo… ¿te pasa algo? —¿Te sentís bien, Dani? —Estoy un poco mareado. —Me acabo de bajar de la balsa, tengo un mareo importante, Gato. —Vos sabés que yo me acosté mirando el cielo… ¿viste algún plato volador?, ¿satélites espías? Tené cuidado, la otra vez abdujeron a uno y no apareció más. —Lo único que te puedo asegurar es que tuve un viaje muy profundo. Un encuentro con mi ser desde una perspectiva diferente. —¿Y cómo lo hiciste? —¿Tenés alguna técnica? —Sí, pero es muy compleja y no es el momento para contarte. —Me di cuenta de algo… la letra de tu canción. Contame una anécdota, ¿qué te inspiró?, ¿cómo surgió? —¿Que me inspiré en vos, decís? —No pasa nada. La trama es diferente a tu historia, pero la siento mía. Por eso te digo que es mi anécdota. Lo que conversamos esa vez en el bar… charlamos un buen rato, café de por medio. —¡Me estás jodiendo! —¡Vos estás colifa! —Sí, sí… me voy al bar. Voy por un trago. Necesito un trago para ver mejor, y si no puedo con uno, probaré con dos. —Dale, vamos. Te acompaño, loco lindo.