Un movimiento comienza cuando las personas dejan de mirarse como individuos aislados y empiezan a reconocerse entre sí. Cuando entienden que aquello que sienten no es solo propio, sino compartido.
Con pocos recursos, pero con una determinación que no admite retrocesos, se enfrentan al poder y a la opresión. No desde la fuerza bruta, sino desde la convicción. Desde la necesidad de defender aquello que les da sentido.
Aquí se revela el cómo y el porqué de una lucha que no nace del capricho, sino de la conciencia. La finalidad no es vencer, sino resistir. Seguir adelante cuando todo invita a bajar los brazos.
La música y el arte se convierten en sus armas. Con ellas expresan, defienden e imponen pensamientos que no pueden ser silenciados. No buscan permiso: buscan verdad.
Así emergen los jóvenes rebeldes.
Los hippies.
Una generación que decidió ir tras sus anhelos, aun sabiendo que el precio podía ser alto, porque renunciar a ellos habría sido perderlo todo.