Capítulo 14.
— Mira a Ksiu. ¡Cómo le brillan los ojos al oír lo del pavo real! — se rió Karina —. Ya está, a dormir, que mañana no me despierta ni un tornado. ¡Buenas noches!
Karina se fue a su habitación.
— ¿Y cuándo vamos a conocer al pavo real o al tucán? — preguntó Ksiu en cuanto Karina desapareció del horizonte.
— Lo que nos faltaba era organizar tu vida amorosa — exclamó Alim batiendo las palmas.
— ¿Y por qué no? Estoy en la flor de la vida. Soy una florecilla exuberante y magnífica — se jactó Ksiu —. ¡A mí no solo me picaría un pavo real, hasta un águila caería a mis pies!
— Sí, seguro. ¿Has olvidado cómo terminaron tus aventuras pasadas? — Alim intentó refrescarle la memoria a la gallina.
— Ay, aquellas aventurillas... Ya ni me acuerdo — Ksiu hizo un gesto de desdén con el ala.
— ¡Pues yo me acuerdo perfectamente! Del búho, del cuervo, de la cuco, del pájaro carpintero... — Alim enumeró a todos los pretendientes.
— Vaya memoria que tienes.
— No me quejo — le sacó la lengua Alim —. ¡Al búho le mareaste tanto la cabeza que ahora le gira trescientos sesenta grados! ¿Y el cuervo? ¡Por ti se llevó casi todas las joyas de una joyería! — le recordó Alim a su familiar, mientras la gallina se limpiaba el anillo de la pata —. ¿Y la cuco? ¿Qué culpa tenía ella?
— ¿Qué culpa tenía? — preguntó Ksiu.
— Eso te lo pregunto yo. Te liaste con el cuco y te metiste tanto en su nido que ahora su mujer se ve obligada a poner sus huevos en nidos ajenos.
— ¡Eso no fue culpa mía! Ella simplemente se quita la responsabilidad de encima para no criar polluelos — intentó explicar Ksiu.
— ¿Pero por quién empezó todo? ¿Y el pájaro carpintero? ¡Mira que hay que desesperar a un pretendiente para que termine dándose cabezazos contra un árbol! Ksiu, eres una pájara peligrosa. ¡Yo diría que fatal! — sentenció Alim.
— ¡¿Quieres decir que mi cita con el pavo real se cancela?! — se indignó Ksiu.
— ¿Acaso quieres volverlo loco a él también?
— ¡Que no lo hago por mí! — protestó Ksiu.
— ¿Por mí? — Alim no se lo creía.
— Ay, tú qué me importas. Tú ya te buscarás a alguien. Por ti, bombón, caería cualquiera, pero a Karina hay que ayudarla. El chef me cae muy pero que muy bien — improvisó Ksiu sobre la marcha.
— ¿Qué has tramado ya, pilla? Suéltalo. Al final te saldrás con la tuya, manipuladora.
— ¡Mira quién habla de manipuladoras! — se indignó la gallina.
Alim se sentó junto a Ksiu y escuchó atentamente el plan de la baronesa. A la bruja le gustó la idea y aceptó ayudar a llevarla a cabo.
— ¡Está bien, lo haremos el viernes! — concluyó Alim.
— ¿Y por qué no mañana?
— Porque mañana es día de trabajo, y hay que hacerlo el viernes para organizarles a ti y a Karina una cita doble el sábado — explicó Alim.
— Las cosas que una hace por la felicidad ajena... Me siento como Cupido. Bueno, tengo alas, y soy igual de mona y preciosa — se alababa Ksiu.
— Y muy modesta — la pinchó Alim.
— La modestia no impresiona a nadie hoy en día. No adorna, estorba — dictaminó Ksiu.
— Vale, a dormir, que mañana hay que madrugar otra vez — dijo Alim bostezando y tomó a Ksiu en brazos para llevarla a su habitación.
Nada más entrar, la gallina saltó directamente a la cama y se acomodó en la almohada.
— Oye, serás baronesa, ¡pero no seas descarada! ¡¿Dónde están tus modales?!
— Ya te dije que la modestia no va conmigo — respondió Ksiu, sin intención de moverse.
— ¡Ksiu, que te saco al balcón! — amenazó Alim.
— ¡Qué bien sabes convencer! — protestó la gallina, pero se fue al sillón que le había ganado a Karina —. ¡Te deseo sueños nada modestos!
Y Ksiu le echó un mal de ojo, que para algo es la familiar de una bruja: Alim pasó toda la noche soñando con aquel apuesto hombre de ojos ardientes, que la besaba apasionadamente y no la soltaba de sus brazos.