Capítulo 36.
— ¿Y cómo terminaste metida en semejante lío de popularidad? ¿Qué te hizo el pingüino para que te pasaras al avestruz? Karina dijo que te iba a presentar a un pingüino emperador para que estuviera a la altura del estatus de nuestra baronesa — dijo Alim.
— ¡Vaya un emperador de pacotilla! ¡Un prepotente sin modales! — protestó Ksiu —. Un vulgar egoísta con un frac barato que ni siquiera fue capaz de hacer una reverencia ante mi manicura. Al principio me ignoró por completo, y eso que desfilé ante él con paso de modelo, moviendo las caderas.
— Como no supo apreciar tu belleza, ¿decidiste abrirle los ojos? — supuso la bruja.
— ¡Por supuesto! ¡Tiene que saber que yo soy lo mejor que le pudo haber pasado en su miserable vida! — se indignó Ksiu.
— ¿Y para qué demonios te importaba tanto? ¿Por qué te empeñaste en demostrarle tu singularidad? — preguntó la bruja.
— ¡Bueno, alguien tenía que hacerlo! Esa es mi misión: llevar la belleza al mundo y hacerlo un lugar mejor — pronunció Ksiu con aire filosófico.
— Se supone que la belleza salvaría al mundo, no que atacaría a un pingüino. No veo yo que te hayas convertido en emperatriz — sonrió Alim.
— Con el título de baronesa me basta y me sobra. No soy tan aburrida, no llego a esos niveles de arrogancia ni sé ignorar a quienes me rodean. Además, yo puedo volar mucho mejor que los pingüinos. En ese sentido, soy un ave de alto copete — declaró Ksiu con orgullo.
— Está bien, ¿y qué pasó con el pavo real? ¿También era un prepotente?
— ¡Ay, un cobarde egocéntrico! — exclamó Ksiu con vehemencia.
— ¿Cobarde? Eso sí que es nuevo.
— Se asustó de que yo lo eclipsara con mi belleza y empezó a presumir. Soltó un rollo sobre su frondosa cola, diciendo que era la más hermosa de todo el zoológico — relató Ksiu.
— ¿Y qué tal? ¿Tenía razón el pavo real? ¿Su cola era la mejor? — preguntó Alim, conociendo de sobra a su familiar.
— ¡La tenía! ¡Era la mejor! — aclaró Ksiu —. Ahora está desplumada y mugrienta.
— Algo mi dice que metiste la pata en ese asunto — comentó Alim.
— Bueno, no solo la pata. Me subestimas. En eso también estuvieron implicados el pico, las alas y hasta la cola — puntualizó Ksiu —. ¡¿Y qué?! Ese pavo real desplegó su escoba desplumada creyéndose la gran estrella de Instagram. Tuve que hacerle una depilación exprés.
— De acuerdo, dejaste al pavo real sin cola, ¿pero qué te hizo el avestruz?
— Bueno, antes del avestruz estuvo el flamenco. Es solo que Karina no se enteró, porque estaba embelesada con Anatoli y se perdió ese momento — confesó Ksiu.
— ¿Y qué tiene que ver el flamenco?
— Es que a mí me encanta el color rosa. Le pedí un par de plumas rosadas, ¡y el maldito infeliz se negó! ¡Qué tacaño! ¡No me las dio! ¡A mí me las vino a negar! — se indignaba Ksiu.
— Algo me dice que las tomaste tú misma — supuso Alim.
— ¡Claro! Necesitaba tres plumitas para mi sombrero.
— ¿Y qué hiciste?
— ¡Le hice un gran favor al flamenco! Lo obligué a adelgazar para el verano. A ver, ¿qué tiene de malo que corriera un par de vueltas por su recinto huyendo de mí? ¡Eso es saludable! ¡Se pasa el día entero parado y durmiendo! Así que le organicé un curso exprés de pérdida de peso. Habría adelgazado aún más si el guardia no se hubiera metido de por medio — contaba Ksiu.
— ¿Al menos conseguiste las tres plumas rosadas? — preguntó Alim sonriendo.
— ¿Acaso lo dudabas? No solo las tres plumas, sino que me llevé unos cuantos pelos de la cabeza del guardia como bonificación. ¡Eso le pasa por meterse en peleas ajenas! — dijo Ksiu ofendida.
— ¡Ksiu, no tienes remedio! ¡Mira que obsesionarte con esas plumas! Yo te habría conjurado unas mejores o te las habría comprado — respondió Alim cuando Ksiu le mostró unas cuantas plumas rosadas todas arrugadas.
— ¡No, así no tiene gracia! ¡Esto es un trofeo! El premio obtenido en una gran carrera y en una batalla desigual. Dos machos contra una dama encantadora — hizo una reverencia Ksiu.
— ¡Ahora ya saben que no eres una dama cualquiera, sino una que bien puesta! — se echó a reír Alim.
— Bien puesta, sí, pero me habría gustado quedarme con los huevos más grandes, aunque ahí me volvieron a estorbar — se quejó Ksiu.
— ¿El guardia?
— ¡Qué va! Él llegó a la sabia conclusión de que era mejor no meterse conmigo si no quería perder los cuatro pelos que le quedaban en la calva. El guardia fue a pedir ayuda y a llamar a la policía — contaba Ksiu.
— ¡¿O sea que hasta la policía estuvo metida en esto?! — se asombró Alim.
— No, los policías no vinieron. Le dijeron al guardia que bebiera menos en horas de trabajo. Es que se quejó de que lo había atacado una gallina, que casi lo mata y que tenía a todos los animales del zoológico aterrorizados — relató Ksiu.
— Me imagino la cara de la operadora que recibió la llamada cuando el hombre dijo que lo estaba atacando una gallina — Alim dio una palmada.
— Los policías tienen mejores cosas que hacer que andar persiguiendo gallinas — añadió Ksiu.
— De acuerdo, ¿pero por qué no te gustó el avestruz? — preguntó Alim.
— ¿Y cómo se suponía que me iba a gustar? Esa ya se pasó de la raya: se echó un trasero enorme, se adueñó de los huevos más grandes en un kilómetro a la redonda ¡¿y pensaba que yo me iba a quedar callada?! ¡El interés estratégico de las gallinas exigía una intervención inmediata! — explicó Ksiu con vehemencia.
— ¡No tienes remedio! Armaste un alboroto en el zoológico, ¡y ahora tenemos la entrada prohibida!
— ¡Ay, ni falta que me hace ese zoológico! Estoy segura de que mi amor me encontrará por sí solo. ¡Y con la misión de "unir a Karina y Anatoli" cumplí con creces! — dijo Ksiu con orgullo.
— ¡Eso sí! — asintió Alim y corrió hacia la ventana para ver por qué su amiga tardaba tanto —. Mira, no hay forma de que se despidan.
A Alim le pareció ver cerca de un coche un perfil familiar, iluminado por un segundo por los faros de un auto que pasaba.
— No debo pasarme el día pensando en ese "big boss" — se convenció la bruja a sí misma.
— ¡Yo cumplí con mi misión y exijo mi recompensa! — declaró Ksiu.