La Bella. La Gallina. El Amor.

Capítulo 49.

Capítulo 49.

Mateo exhaló un suspiro de alivio y llevó a su madre a su departamento. Por supuesto, tuvo que soplarse todo el sermón sobre su expretendiente fugitivo, pero aguantó el tipo. Escuchaba sin prestar mucha atención, ya que todos sus pensamientos estaban en el bar, al lado de Milagros.
— ¡No me estás escuchando para nada! — dijo la mujer con indignación.
— ¡Claro que te escucho!
— ¿Y entonces de qué te sonríes? ¿Te parece gracioso que mi vida esté arruinada? ¿Que ya no le importe a nadie? — preguntó la mujer de manera teatral.
— Me alegra que ya estés en casa. Estoy seguro de que conocerás a un hombre maravilloso y serás muy feliz — intentó salir del paso Mateo —. Eres una mujer muy sabia, mamá.
— ¿Con eso me estás queriendo decir que soy inteligente porque estoy vieja y más fea que un pecado? — la mujer ya se estaba armando para un escándalo.
— Eres inteligente y muy atractiva — dijo Mateo con ternura y miró a su madre.
— Los hombres dicen que eso es imposible. Dicen que una mujer puede ser o bien hermosa, o bien inteligente. No hay una tercera opción — rebatió la mujer.
— ¡Mentira! Tú eres tanto inteligente como hermosa — repitió Mateo una vez más.
— ¿Y si no?
— Si no, entonces eres la excepción a la regla, porque tienes hijos adultos pero pareces mucho más joven; eres una mujer brillante y carismática — respondió Mateo, tomó la mano de su madre y le plantó un beso.
— Adulador — sonrió la mujer. ¿Cómo se las arreglaba para calmar tan rápido sus ganas de armar un drama? ¡Qué talento! Vaya suerte la que tendrá su futura esposa.
Mateo subió al departamento todas las numerosas maletas de su madre.
— Hijo, voy a pedirte un pequeño favor — dijo la mujer, decidida a poner en marcha su plan —. Antes de mi viaje a Bali compré una mesita. Me es muy necesaria, ármala, por favor; ahí está el instructivo.
— Se puede llamar a un técnico — intentó posponer el asunto Mateo —. O puedo venir por la tarde a hacerlo.
— ¿Para qué un técnico? ¡Si cobran un ojo de la cara! Y tú lo sabes hacer todo, eres muy hábil.
— O sea, ¿que necesitas esa mesita con tanta urgencia que no puede esperar a la tarde? — preguntó Mateo.
— ¡Por supuesto que no puede esperar! Voy a poner sobre esa mesa un jarrón de porcelana de colección — respondió la mujer mientras sacudía el polvo de una caja que estaba en la esquina. La mujer tenía planeado regalarle esa mesa a la vecina, pero ahora era la oportunidad perfecta para usarla. ¡Por algo la había comprado! —. ¿Acaso no puedes regalarme un poquito de tu tiempo? Te he extrañado tanto.
— Está bien — aceptó Mateo. Sabía que con su madre era mejor no discutir, porque de todos modos se saldría con la suya. Ya se la sabía, la conocía bien.
Mateo se quitó el saco y abrió la caja donde venían las piezas con las que debía armar la mesa.
— Mira, ahí viene el instructivo. Estoy segura de que terminarás rápido — dijo la mujer y, sin que él se diera cuenta, sacó los tornillos con los que se debían unir las piezas —. Hijo, tú ve armándola, mientras yo voy corriendo al salón de belleza de aquí abajo para ponerme guapa después del viaje.
— Mamá, ya estás hermosa — respondió Mateo, examinando el instructivo.
— La perfección no tiene límites — dijo la mujer, tiró la bolsita con los tornillos a la basura, tomó su bolso y salió del departamento.
Rápidamente pidió un taxi.
— Al bar "Olimpo" — le indicó la mujer al conductor y se fue a hacer la auditoría. La mejor inspección es la que se hace cuando nadie la espera...
Ta-da-da-da-a-am...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.