Capítulo 56.
— ¡Aléjate de ella, desgraciado! — gritó Alim aún más fuerte. Apenas había logrado calmar a Eva ayer, ¡¿y este tipo ya le estaba coqueteando otra vez?! ¡Qué canalla! Y para colmo, ¡también había estado coqueteando con ella, pedazo de sinvergüenza! ¿Cómo no se había dado cuenta antes de que era un mujeriego? Casi hace que la pobre chica tenga una crisis nerviosa. ¡No importa, Alim no permitiría que la lastimara de nuevo! Que fuera a buscar ingenuas a otra parte. Alim apenas lograba contenerse para no convertirlo en un sapo o en un gusano.
— Mila, ¿qué te pasa? — preguntó Mateo desconcertado, sin entender absolutamente nada. Apenas ayer todo estaba bien. Se ausenta del bar por un solo día y hoy lo reciben de esta manera. ¿Acaso su madre ya había hecho de las suyas? Ella era muy capaz.
— ¡¿Que qué me pasa a mí?! ¡¿De verdad crees que puedes manipular a una chica solo porque ella te ama?! — gritaba Alim.
— ¿O sea que tú me amas? — Mateo esbozó una enorme y radiante sonrisa.
— ¡Ya quisieras! Hablo de Eva — aclaró Alim y tomó a la chica de la mano para alejarla de Mateo, de quien la estaba defendiendo con tanto empeño.
Todos en el salón se quedaron mudos, contemplando el drama que se desarrollaba justo ante sus ojos. Por suerte era temprano y todavía no había mucha gente.
— Mila, él es mi hermano — le susurró Eva al oído a Alim, al darse cuenta de que la rubia había confundido a Mateo con su ex.
— ¡¿Cómo que tu hermano?! — se sorprendió Alim, y solo en ese momento notó el parecido de Eva con Mateo y con Rayita. ¡Trágame, tierra! ¡Qué vergüenza tan grande!
— Sí, mi hermano, él no es el infeliz que me lastimó — dijo Eva y abrazó a Alim —. Gracias. Me defendiste con uñas y dientes, y eso que apenas nos conocemos desde ayer.
— ¿Con que ya se conocen? ¿Y qué fue todo esto? Eva, ¿quién es ese desgraciado? ¿Cómo te lastimó? — ahora las preguntas comenzaron a llover por parte de Mateo —. ¡Lo voy a encontrar bajo las piedras si es necesario!
— Oh, con protectores así, ningún espécimen masculino se me va a volver a acercar — intentó bromear Eva.
— ¿O sea que pensaste que yo era el tipo que lastimó a Eva? — por fin le cayó el veinte a Mateo.
— Sí — respondió Alim en voz baja, roja como un tomate. Qué bochorno, de verdad quería que la tierra se la tragara.
— Pero incluso de esto podemos sacar algo positivo: ahora ambos nos hablamos de "tú" — dijo Mateo con una sonrisa.
— ¡Buenas tardes! — saludó Rayita, entrando al establecimiento —. Qué maravilla que estén todos aquí. Tengo excelentes noticias. ¡Anoche soñé con una idea genial! ¡Solo falta ponerla en marcha!
Nadie a su alrededor compartía precisamente el entusiasmo de la mujer, pues ya sabían que cuando a ella se se ocurría algo, era algo totalmente extravagante.
— ¡Co! — declaró Ksiu con su atuendo puesto.
— Pues justo alrededor de Ksiu gira todo el concepto. ¡Todo va a ser simplemente fantástico! ¡Deportivo! ¡Espectacular! ¡Con gracia y mucho estilo! — aseguraba la mujer, mientras Mateo ya comprendía que su madre no los dejaría aburrirse ni vivir en paz.
— Tenemos un terreno maravilloso justo al lado del restaurante. Es un desperdicio que no lo estemos usando. ¡Pero eso se acabó! Ya que nos estamos posicionando como un restaurante deportivo de élite... — decía la mujer con gran inspiración.
— ¿Y desde cuándo somos un restaurante deportivo de élite? — preguntó Mateo, sin entender aún a dónde quería llegar. Alim estaba parada al lado en completo silencio; no estaba para pensar en planes de negocio, sino en lo mucho que acababa de hacer el ridículo.
— Sí, ¿a poco no lo sabías? — lo desconcertó Rayita con su pregunta.
— Me gustaría escuchar a Milagros. Ella es la que manda aquí — dijo el hombre con firmeza y seriedad, dejando en claro de inmediato cuáles eran sus prioridades.