La Bella Y El Cazador

Capítulo 9 Bajo la misma sombra

La Orden no levantaba la voz.
No hacía amenazas abiertas.
La Orden observaba.
Darian lo sabía. Había crecido entre esas paredes de piedra oscura, bajo los retratos de generaciones de cazadores cuya única herencia era la sangre derramada.
Pero esa noche, mientras entregaba su informe ante el Consejo, algo en el aire era distinto.
—Ejecución confirmada —dijo con voz firme—. El objetivo intentó huir hacia el sector norte. Fue neutralizado.
El Maestro Severin asintió lentamente.
A su lado, la instructora Helena tomó nota sin levantar la mirada.
Demasiado silencio.
—Buen trabajo —dijo finalmente Severin.
Nada más.
Sin preguntas.
Sin correcciones.
Eso era lo extraño.
Darian inclinó la cabeza y se retiró. El eco de sus pasos se perdió en el corredor de piedra.
No vio la mirada que intercambiaron Severin y Helena.
—Ha empezado a dudar —murmuró ella.
—Entonces confirmémoslo —respondió Severin.
Un viejo amigo
—¡Eh! ¿Desde cuándo el héroe no celebra?
La voz lo alcanzó antes de que pudiera salir del patio de entrenamiento.
Darian se giró.
Allí estaba Rowan.
Misma sonrisa ladeada de siempre. Mismo cabello desordenado. Mismo modo despreocupado que ocultaba uno de los mejores instintos de combate de la Orden.
Habían entrenado juntos desde niños.
Competido.
Sangrado.
Reído.
—No estoy de humor —respondió Darian.
Rowan caminó a su lado sin pedir permiso.
—Eso dicen todos los que están en problemas.
Darian frunció el ceño.
—¿Problemas?
Rowan se encogió de hombros.
—Los ancianos están más atentos últimamente. Dicen que hay… irregularidades en el sector donde patrullás.
Darian sintió un leve tirón en el pecho.
Sector.
El mismo donde ella vivía.
—Siempre hay irregularidades —dijo, restándole importancia.
Rowan lo observó de reojo.
Demasiado atento.
—Si querés, puedo acompañarte esta noche. Hace rato no cazamos juntos.
Darian dudó apenas un segundo.
No había razón para negarse.
O eso pensó.
—Como en los viejos tiempos —agregó Rowan, sonriendo.
Darian asintió.
—Como en los viejos tiempos.
No sabía que esas palabras habían sido elegidas con cuidado.
Patrulla compartida
La ciudad estaba más fría que de costumbre.
Caminaron por los tejados, sincronizados como siempre. Dos sombras moviéndose con precisión.
Pero algo era distinto.
Rowan no hablaba de recuerdos.
No hacía bromas.
Observaba.
Medía distancias.
Registraba reacciones.
Darian, en cambio, estaba dividido.
Porque mientras recorría las calles, una parte de él buscaba otra silueta.
Otra presencia.
Otra mirada.
La imaginaba caminando bajo las farolas, con esa calma inquietante que lo descolocaba. Recordaba sus ojos oscuros, la intensidad silenciosa que parecía atravesarlo.
Y esa distracción fue mínima.
Pero Rowan la vio.
—Te quedaste quieto —dijo de pronto.
—Escuché algo.
—Yo no.
Darian tensó la mandíbula.
Era cierto.
No había escuchado nada.
Solo había sentido la posibilidad de verla.
Y eso lo estaba volviendo vulnerable.
Casi descubierto
Un movimiento en la calle inferior llamó su atención. Una figura femenina cruzando hacia el lado oeste.
El corazón de Darian cambió el ritmo.
No podía verla bien desde la altura.
Pero sabía.
Lo sabía.
—Voy por el flanco —dijo, saltando antes de que Rowan respondiera.
Aterrizó con precisión en el callejón.
Caminó rápido.
Demasiado rápido.
Doblando la esquina la vio.
Era ella.
La luz amarilla delineaba su silueta. Tranquila. Ajena a la tormenta interna que provocaba.
Sus miradas se encontraron.
Ese instante suspendido volvió a romperle el equilibrio.
Ella no parecía sorprendida.
—No deberías seguirme —dijo suavemente.
—No te sigo.
Ella alzó una ceja.
Darian dio un paso más cerca.
No para atacar.
Para comprender.
El aire entre ambos vibró con algo que no era amenaza.
Era atracción.
Peligrosa. Silenciosa.
Él bajó la voz.
—Necesito saber qué sos realmente.
Una sombra cayó sobre el callejón.
Rowan.
Había descendido sin hacer ruido.
—¿Problemas? —preguntó desde atrás.
Darian sintió cómo el mundo se cerraba sobre él.
Ella reaccionó primero. Se movió con velocidad imposible, desvaneciéndose entre las sombras antes de que Rowan pudiera enfocarla del todo.
Silencio.
Rowan miró el callejón vacío.
Luego a Darian.
—¿A quién estabas siguiendo?
Darian sostuvo la mirada.
—A nadie.
Rowan evaluó la escena.
Demasiado tiempo.
—Creí ver movimiento —insistió.
—Sombras —respondió Darian.
Rowan asintió lentamente.
Pero sus ojos ya no eran los de un amigo relajado.
Eran los de un cazador.
Y aunque Darian no lo sabía…
Cada gesto.
Cada pausa.
Cada latido alterado…
Estaba siendo registrado.
La Orden no necesitaba encadenarlo.
Solo necesitaba confirmar lo inevitable.
Y esa noche, por primera vez, Darian había corrido hacia una sombra…
No para matarla.
Sino para alcanzarla.




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