Rowan no redactó el informe esa noche.
Se quedó mirando la hoja en blanco más tiempo del necesario.
“Comportamiento irregular.”
“Desviación emocional.”
“Posible interferencia externa.”
Las frases estaban listas en su mente. Las había escuchado antes, escritas sobre otros nombres. Cazadores que comenzaron a titubear. Que empezaron a hacer preguntas. Que luego… dejaron de figurar en los registros activos.
Suspiró.
Cerró el cuaderno sin escribir nada.
Algo no encaja
Desde niños, Darian había sido el más firme.
El más disciplinado.
El que no dudaba al dar el golpe final.
El que repetía las doctrinas sin titubeos.
Pero ahora…
Rowan lo había visto.
Ese segundo en el tejado.
Esa fracción mínima donde su atención no estaba en la presa.
Estaba en otra cosa.
En alguien.
Y lo que más inquietó a Rowan no fue la distracción.
Fue la expresión.
No era miedo.
No era rabia.
Era… algo más humano.
Recuerdos compartidos
Rowan bajó al patio de entrenamiento al amanecer. Darian ya estaba allí, practicando con la espada de plata.
Los movimientos eran impecables.
Demasiado impecables.
Como si intentara convencerse a sí mismo de algo.
Rowan se apoyó contra la columna de piedra.
—¿Dormís alguna vez? —preguntó con tono ligero.
Darian no dejó de entrenar.
—Lo suficiente.
Chispa contra chispa. Metal contra metal.
Rowan lo observó con atención. Había pequeños cambios. Microsegundos donde el golpe no llevaba la misma intención letal. Donde la respiración se desfasaba apenas.
Nadie más lo notaría.
Él sí.
—Te cubrí anoche —dijo Rowan finalmente.
La espada de Darian se detuvo.
—No había nada que cubrir.
—Claro.
Silencio.
El tipo de silencio que solo existe entre amigos que se conocen demasiado.
Rowan dio un paso adelante.
—Cuando éramos aprendices, ¿recordás lo que decía el Maestro Elric?
Darian retomó el entrenamiento, pero más lento.
—Decía muchas cosas.
—Decía que el enemigo más peligroso no es el vampiro… es la duda.
El golpe siguiente fue más fuerte de lo necesario.
—No estoy dudando —respondió Darian.
Rowan lo miró fijamente.
No estaba seguro de que fuera mentira.
Pero tampoco estaba seguro de que fuera verdad.
El conflicto
Más tarde, en soledad, Rowan subió a la torre norte. Desde allí podía verse casi toda la ciudad.
El sector donde Darian patrullaba quedaba hacia el este.
El mismo donde aquella figura femenina había desaparecido.
Rowan entrecerró los ojos.
Había visto lo suficiente para saber que no fue una simple sombra.
Y también había visto algo más inquietante:
Darian no intentó atacar.
Intentó acercarse.
Eso no era protocolo.
Eso no era entrenamiento.
Eso era personal.
Rowan apoyó las manos en la baranda fría.
Si informaba, la Orden actuaría sin contemplaciones.
No enviarían advertencias.
Enviarían un reemplazo.
O una ejecución encubierta.
Y la idea le revolvió el estómago.
Darian le había salvado la vida dos veces.
No podía condenarlo por una sospecha.
Pero tampoco podía ignorar lo que estaba pasando.
Decisión en suspenso
Esa noche, cuando el Maestro Severin lo llamó para preguntar por la patrulla, Rowan respondió con voz firme:
—Nada relevante que reportar.
Hubo un silencio al otro lado.
—¿Estás seguro?
Rowan miró hacia el patio, donde Darian afilaba su espada bajo la luz blanca.
—Sí, Maestro.
Cortó la comunicación.
Y por primera vez desde que recibió la orden secreta de observarlo, Rowan entendió algo:
No estaba vigilando a un traidor.
Estaba vigilando a un hombre que estaba empezando a sentir.
Y eso lo asustaba más que cualquier vampiro.
Porque si Darian estaba cambiando…
Tal vez la Orden no era tan infalible como siempre creyeron.
Rowan cerró los ojos un instante.
No sabía cuánto tiempo podría sostener esa mentira.
Pero por ahora, había elegido algo que jamás pensó elegir por encima de la Orden:
La lealtad a su amigo.
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Editado: 28.02.2026