La Bella Y El Cazador

Capítulo 12 Lo que no mata

El callejón estaba silencioso.
Darian mantenía una distancia prudente, aunque cada músculo de su cuerpo estaba alerta. No era miedo. Era la conciencia de que cualquier movimiento en falso podía arruinarlo todo. La calma de la ciudad solo hacía más evidente la presencia de Seraphine frente a él.
Ella lo observaba, erguida, con la luz de la farola resaltando cada línea de su rostro. Sus ojos seguían siendo hipnóticos, profundos, como si guardaran siglos de historias y promesas que él aún no entendía.
—Darian… —comenzó Seraphine, su voz suave pero firme—. Quiero que sepas algo. Algo que no sabés de mí.
Darian frunció el ceño.
—Ya me dijiste que sos vampira. Eso ya debería bastar.
Seraphine negó con la cabeza.
—No es suficiente. No soy como los otros. No soy… como ellos.
Ella dio un paso hacia él, pero no demasiado cerca. Cada movimiento suyo estaba medido, elegante, y aun así parecía espontáneo.
—Soy distinta porque no me alimento de la vida de los demás. No por elección… sino porque no puedo. Mi naturaleza es diferente.
Darian la miró con incredulidad. —¿Qué querés decir con eso?
—No mato para sobrevivir —dijo ella, con calma, como si aquello fuera lo más natural del mundo—. Puedo controlar mi sed. Puedo existir sin destruir. Y… eso me ha hecho… peligrosa para algunos de mi especie.
Darian tragó saliva. Por primera vez entendía que el enemigo que la Orden le había enseñado a temer no existía en ella. Que no había sangre ni sed incontrolable en su presencia. Solo una fuerza contenida, un poder antiguo, que no era destructivo sino… distinto.
—¿Y por qué confiás en mí? —preguntó, todavía dudando de la sinceridad de cada palabra.
Seraphine inclinó ligeramente la cabeza. —Porque vos no me atacaste. No cuando pudiste. Incluso cuando todo en vos gritaba que lo hicieras.
Darian no respondió. No necesitaba hacerlo. Sabía que su propia lealtad, su formación de cazador, estaba en conflicto con algo que no podía explicar. Con ella.
Ella se acercó un poco más, lo suficiente para que él percibiera su perfume, sutil y antiguo, como si la noche misma se hubiera condensado en un aroma.
—Esto cambia todo —murmuró Darian finalmente—. Si la Orden descubre que sos diferente… ¿qué pasará?
Seraphine suspiró. —No lo sé. Pero lo que sí sé es que necesitaba que supieras la verdad antes de que fuera demasiado tarde. Antes de que vos… dejaras de ver la posibilidad de elegir.
Darian se quedó en silencio, contemplándola. Cada detalle que lo había enamorado estaba frente a él: la curva de sus labios, la delicadeza de sus gestos, la profundidad de sus ojos. Todo confirmaba lo que su corazón ya sospechaba: ella no era solo un peligro… era irresistible.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó finalmente.
Seraphine sonrió suavemente, casi con ternura. —Ahora… elegimos.
El viento nocturno se levantó entre los edificios. Por un instante, el mundo pareció detenerse. No había reglas. No había misión. No había Orden. Solo dos seres enfrentando la verdad de lo que eran… y de lo que sentían.
Darian dio un paso hacia ella, pero se detuvo apenas, consciente de que cualquier avance demasiado rápido podía romperlo todo.
—Elegir —repitió él en voz baja—… no será fácil.
—Nada que valga la pena lo es —respondió Seraphine.
Y en ese momento, Darian comprendió algo que lo estremeció: no solo estaba enamorado, sino que también estaba a punto de comenzar una guerra silenciosa… entre lo que debía hacer y lo que deseaba.




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