La Bella Y El Cazador

Capítulo 13 Entre la presa y el juramento

Entre la presa y el juramento
La Orden actuó más rápido de lo que Darian esperaba.
El aviso llegó al anochecer.
—Actividad vampírica confirmada en el sector este —informó Helena frente al mapa iluminado—. Múltiples testigos. Posible nido.
Sector este.
El pulso de Darian no cambió en apariencia. Pero por dentro, algo se tensó como una cuerda al límite.
Rowan estaba a su lado.
—Nos desplegamos en parejas —continuó Helena—. Nadie actúa solo.
Eso complicaba todo.
Si la Orden estaba allí por avistamientos, no tardarían en rastrear cualquier anomalía. Y Seraphine, aunque diferente, seguía dejando huella.
Darian asintió con disciplina impecable.
Pero por primera vez… no pensaba en eliminar.
Pensaba en proteger.
El rastro equivocado
Las calles estaban agitadas. Sirenas a lo lejos. Luces intermitentes. El rumor de que “algo” había atacado en los barrios viejos.
Pero Darian conocía ese patrón.
No era obra de Seraphine.
Era demasiado caótico.
Demasiado violento.
Encontró el rastro en un edificio abandonado: sangre fresca, marcas profundas en la pared, olor a hambre descontrolada.
Otro vampiro.
Y eso lo heló.
Si uno de los suyos estaba cazando en ese sector… Seraphine estaba en peligro.
No solo por la Orden.
Sino por su propia especie.
—Movimiento en la azotea —susurró Rowan por el comunicador.
Darian levantó la vista.
Una silueta cruzó el borde del edificio contiguo.
No era Seraphine.
Era más grande. Más errático.
Colmillos expuestos.
Ojos encendidos por la sed.
El vampiro descendió hacia la calle.
Hacia la zona donde Darian sabía que ella vivía.
Y no hubo tiempo para protocolos.
Elección inmediata
—Dividámonos —dijo Darian.
—No es la orden —respondió Rowan.
Pero Darian ya se movía.
Saltó desde el tejado y cortó camino por el callejón, anticipando la trayectoria del vampiro.
El monstruo aterrizó frente a una figura femenina.
Seraphine.
Ella no parecía sorprendida.
Parecía… resignada.
El vampiro la reconoció.
—Traidora —gruñó.
Darian entendió en ese instante que Seraphine no solo era diferente.
Era una amenaza para los suyos.
El ataque fue inmediato.
El vampiro avanzó con velocidad brutal.
Seraphine esquivó con gracia imposible, pero no contraatacó.
No buscaba matar.
Solo resistir.
Eso iba a costarle la vida.
Darian apareció entre ambos.
La espada de plata cortó el aire y bloqueó el siguiente golpe.
El impacto fue feroz.
El vampiro retrocedió, furioso.
—¿La protegés? —escupió con desprecio—. Cazador débil.
Darian no respondió.
Atacó.
El combate fue rápido, violento. Metal contra carne sobrenatural. Golpes que sacudían el pavimento.
Seraphine observaba, lista para intervenir, pero sin exponerse innecesariamente.
Porque si alguien más de la Orden llegaba…
Todo terminaría.
El vampiro intentó rodearlo.
Intentó alcanzarla.
Darian se interpuso otra vez.
Sin dudar.
La hoja de plata atravesó el corazón del vampiro en un movimiento limpio.
El cuerpo cayó como polvo quebrado.
Silencio.
Demasiado tarde
—¿Querés explicarme qué fue eso?
La voz de Rowan resonó detrás.
Darian giró apenas.
Rowan estaba de pie al inicio del callejón.
Había visto suficiente.
No todo.
Pero suficiente.
Seraphine ya se había apartado hacia las sombras, invisible para ojos no entrenados.
—Interferencia colateral —respondió Darian.
Rowan miró el cuerpo desintegrándose.
Luego el espacio vacío donde claramente alguien había estado.
—¿Y qué protegías exactamente?
Darian sostuvo su mirada.
Esa fracción de segundo fue eterna.
—Una civil —dijo finalmente.
Rowan no pareció convencido.
Pero tampoco lo desafió.
—La Orden viene hacia aquí —advirtió—. Si había más de uno, debemos rastrearlo.
Darian asintió.
Pero sabía que el verdadero peligro no era el vampiro muerto.
Era la pregunta no formulada en los ojos de su amigo.
Después del combate
Cuando la zona quedó despejada y la Orden se retiró, Darian volvió al callejón.
Seraphine lo esperaba.
No había miedo en su expresión.
Había algo más complejo.
—Te expusiste —dijo ella.
—No podía dejar que te matara.
Ella lo miró en silencio.
—No era a mí a quien intentaba matar.
Darian frunció el ceño.
—¿Qué querés decir?
—Los de mi especie no perdonan a quienes se niegan a alimentarse como ellos. Yo soy una anomalía. Un recordatorio de que pueden elegir.
El peso de esas palabras cayó lentamente.
Ella no solo era distinta.
Era una amenaza ideológica.
—Esto va a empeorar —murmuró él.
Seraphine dio un paso más cerca.
—Sí.
No había dramatismo.
Solo verdad.
Darian la observó bajo la luz tenue.
Seguía siendo hermosa. Serena. Intensa.
Pero ahora entendía algo más profundo:
No estaba protegiendo a una vampira.
Estaba protegiendo una posibilidad.
Y eso era infinitamente más peligroso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.