La Bella Y El Cazador

Capítulo 15 Lo que nació de la sangre

La orden se emitió al anochecer.
Redada total en el sector este.
Ingreso simultáneo por tres flancos.
Eliminación inmediata de cualquier presencia vampírica.
Sin capturas.
Sin interrogatorios.
Exterminio.
Darian leyó el comunicado sin que su expresión cambiara. Pero su pulso se aceleró con una violencia que no recordaba haber sentido nunca en una misión.
Esto no era una patrulla.
Era una limpieza.
Y Seraphine estaba en el centro del mapa marcado en rojo.
Las calles se llenaron de sombras armadas. Cazadores en techos, callejones, accesos subterráneos. Señales codificadas cruzaban los comunicadores.
Rowan se posicionó junto a Darian.
—Es demasiado despliegue para un solo incidente —murmuró.
Darian no respondió.
Porque sabía que no era por un incidente.
Era por una anomalía.
Y esa anomalía tenía nombre.
Seraphine.
Darian se separó del grupo con una excusa táctica. Conocía los tiempos. Conocía los ángulos muertos.
La encontró en el edificio abandonado donde se habían visto por primera vez.
Ella ya sabía.
—Vienen —dijo antes de que él hablara.
—Toda la Orden.
No había miedo en su rostro.
Había resolución.
—Entonces es momento de que sepas la verdad completa —dijo.
Darian sintió el peso de esas palabras.
—Creí que ya lo sabía.
Seraphine negó suavemente.
—Sabés que soy diferente. Pero no sabés por qué.
El ruido distante de botas sobre asfalto vibraba en el aire.
No había mucho tiempo.
—Fui convertida —comenzó ella— hace más de un siglo. Pero el vampiro que me creó… no terminó el proceso.
Darian frunció el ceño.
—Eso es imposible. La transformación es absoluta.
—No cuando el creador muere antes de sellarla.
El mundo pareció inclinarse apenas.
—¿Murió?
—Lo mataron mientras yo estaba entre la vida y la muerte. La sangre ya estaba en mí… pero el vínculo no se completó.
Darian entendió lentamente.
—Quedaste… incompleta.
—No incompleta —corrigió ella—. Libre.
El viento entró por las ventanas rotas.
—No estoy atada al instinto colectivo. No siento la compulsión de cazar. No necesito matar para sostenerme. Mi cuerpo cambió… pero mi voluntad no fue encadenada.
Eso lo cambiaba todo.
Si lo que decía era cierto, entonces la naturaleza vampírica no era absoluta.
Era condicionada.
—Si la Orden descubre esto —murmuró Darian— no te van a ejecutar.
Ella lo miró con una comprensión triste.
—Me van a diseccionar.
La palabra quedó suspendida entre ellos.
Estudiarla.
Replicarla.
Controlarla.
Convertirla en arma.
Darian sintió una furia fría recorrerle el cuerpo.
No contra los vampiros.
Contra la posibilidad de que la Orden no fuera tan diferente de aquello que juraban erradicar.
Un estruendo sacudió la puerta principal del edificio.
—Perímetro asegurado —se escuchó por un comunicador cercano.
Ya estaban allí.
Seraphine dio un paso hacia él.
Más cerca que nunca.
—Esto no es solo sobre mí, Darian —dijo con firmeza—. Si existo así… otros podrían existir así.
—O podrían ser creados así —completó él.
Ella asintió.
—Por eso soy peligrosa.
Otro golpe. La puerta cedió parcialmente.
Sombras armadas comenzaron a filtrarse en la planta baja.
Darian tomó su espada.
Pero no la levantó contra ella.
La levantó hacia la escalera.
—Hay una salida trasera —dijo.
Seraphine lo miró.
—Si hacés esto, no hay vuelta atrás.
Darian pensó en Rowan.
En el patio de entrenamiento.
En el juramento.
Pensó en el mapa marcado en rojo.
Y pensó en la posibilidad de un mundo donde las líneas no fueran tan simples.
—Ya no la había —respondió.
Descendieron por el pasillo lateral justo cuando un grupo de cazadores irrumpía en el piso superior.
Uno de ellos los vio.
—¡Contacto!
Rowan apareció en la escalera opuesta.
Sus ojos se encontraron con los de Darian.
Vio la espada levantada.
Vio a Seraphine detrás de él.
Vio la decisión.
El mundo quedó suspendido en ese segundo.
Rowan podía gritar.
Podía atacar.
Podía terminarlo todo.
Pero no lo hizo.
En cambio, gritó:
—¡Falso contacto! ¡Solo sombra residual!
Los otros cazadores cambiaron dirección.
Ese instante les dio segundos preciosos.
Darian sostuvo la mirada de Rowan.
No hubo palabras.
Solo comprensión.
Y traición compartida.
Seraphine y Darian desaparecieron por la salida trasera mientras la redada consumía el edificio.
Desde un tejado distante, observaron cómo la Orden aseguraba el perímetro vacío.
—Ahora sí —murmuró Seraphine—, comenzó la guerra.
Darian la miró.
No como cazador.
No como enemigo.
Sino como alguien que había elegido.
—No —corrigió—. Comenzó el cambio.
A lo lejos, Rowan permanecía en el callejón, mirando el edificio destruido.
Y sabiendo que acababa de mentirle a la Orden.
Por él.




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