La Bella Y El Cazador

Capítulo 20 Entre la vida y la sangre

El aire volvió a entrar en los pulmones de Darian como si alguien lo hubiera arrancado del fondo de un lago helado.
Una bocanada violenta.
Su pecho se levantó con un espasmo.
Rowan retrocedió un paso instintivamente.
—…Darian.
Los ojos de su amigo estaban abiertos.
Pero no eran los mismos.
Un rojo profundo brillaba en sus pupilas como brasas encendidas en la oscuridad del bosque.
Darian no habló.
Al principio ni siquiera parecía consciente.
Su cuerpo temblaba.
Las venas de su cuello se marcaron bajo la piel como si algo se moviera dentro de él.
Un dolor desconocido lo atravesó.
No era como una herida.
Era peor.
Era como si cada célula de su cuerpo estuviera cambiando al mismo tiempo.
Darian llevó una mano a su pecho.
El corazón… latía.
Pero no con normalidad.
Era más lento.
Más pesado.
Cada latido resonaba en su cabeza como un tambor lejano.
PUM.
Una oleada de energía recorrió sus músculos.
PUM.
Sus sentidos se agudizaron.
Podía escuchar el viento moviendo hojas a decenas de metros.
Podía oler la tierra húmeda.
La sangre.
Su propia sangre.
PUM.
Y entonces lo recordó.
El combate.
Seraphine.
Los Eclipse llevándosela.
Darian se puso de pie de golpe.
Demasiado rápido.
Rowan lo miró sorprendido.
—Tranquilo…
Pero Darian ya estaba respirando con fuerza.
Algo más lo invadía ahora.
Un hambre.
Una sed profunda que quemaba en su garganta.
Su mirada se movió por el bosque.
Todo se veía diferente.
Más claro.
Más nítido.
Más vivo.
Rowan lo observaba con una mezcla de alivio y preocupación.
—Esto… no debería ser posible.
Darian apretó los puños.
—Seraphine.
Su voz era distinta.
Más grave.
Más oscura.
—Se la llevaron.
Darian comenzó a caminar hacia el bosque.
—Voy tras ellos.
Pero Rowan lo sujetó del brazo.
Darian giró con un movimiento tan rápido que Rowan casi no pudo seguirlo con la vista.
Por un segundo, el cazador sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Escúchame —dijo Rowan con seriedad.
Darian respiraba con fuerza.
—No hay tiempo.
—Sí lo hay.
Rowan lo miró directo a los ojos rojos.
—Porque si sales así… no sabes lo que podrías hacer.
Darian no respondió.
Pero Rowan lo veía.
La sed.
La lucha interna.
La transformación incompleta.
—¿Qué… soy? —murmuró Darian finalmente.
Rowan negó lentamente.
—No lo sé.
Pero sabía una cosa.
—Seraphine te mordió.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Darian frunció el ceño.
—¿Qué?
Rowan señaló su cuello.
Darian llevó la mano allí.
Y lo sintió.
Dos pequeñas heridas.
Apenas visibles.
Pero inconfundibles.
Un recuerdo fragmentado cruzó su mente.
Seraphine inclinándose sobre él mientras la vida se le escapaba.
Un instante.
Un gesto desesperado.
Un sacrificio silencioso.
Lo había hecho para salvarlo.
Darian cerró los ojos un segundo.
—Ella sabía…
Rowan asintió.
—Probablemente.
Darian volvió a mirar el bosque.
El lugar por donde se habían llevado a Seraphine.
Su mirada ardía.
—Entonces iré.
Esta vez Rowan no intentó detenerlo… pero levantó una mano.
—Espera.
Darian se detuvo, impaciente.
—¿Qué?
Rowan lo observó con una expresión seria.
Muy seria.
—Necesito que me hagas un favor antes de que te vayas.
Darian frunció el ceño.
—¿Qué favor?
Rowan guardó silencio unos segundos.
Como si estuviera calculando cada palabra.
Como si lo que estaba a punto de pedir… pudiera cambiarlo todo.
Finalmente habló.
—Si lo que creo que está pasando contigo es real…
Sus ojos se clavaron en los de Darian.
—Entonces podrías ser lo único capaz de hacerlo.
Darian dio un paso hacia él.
—¿Hacer qué?
Rowan no respondió.
Solo dijo una frase más.
Una que dejó el aire del bosque lleno de incertidumbre.
—Primero prométeme que lo harás.
Y por primera vez desde que despertó…
Darian dudó.




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