El salón entero quedó en silencio.
Un silencio denso.
Pesado.
Nadie en la Orden había visto algo así antes.
Dos cazadores.
Dos hombres entrenados para destruir vampiros desde que eran niños.
Ahora de pie en medio del salón…
Con ojos rojos.
Con colmillos visibles.
Con la sangre de algo nuevo corriendo por sus venas.
Los soldados retrocedieron un paso.
Los Eclipse se mantuvieron firmes, pero incluso ellos parecían recalcular.
En lo alto del salón, los Custodios observaban.
El del centro fue el primero en hablar.
—Esto… no debería ser posible.
Otro Custodio golpeó con fuerza el brazo de su trono.
—¡¿Qué han hecho?!
Su voz resonó furiosa en la sala.
—¡Cazadores convertidos en vampiros!
El tercero habló con desprecio.
—Han traicionado todo lo que juraron defender.
Sus ojos se clavaron en Darian.
—Han traicionado a la Orden.
Rowan soltó una risa corta.
—Siempre dramáticos.
Pero Darian no respondió.
No levantó la voz.
No gritó.
Simplemente levantó la mirada hacia los tronos.
—No.
La palabra salió tranquila.
Pero firme.
—No traicionamos a la Orden.
Los Custodios lo miraron con desprecio.
—Entonces explícanos qué es esto —dijo uno de ellos.
Darian respiró lentamente.
—Esto…
Sus ojos recorrieron el salón.
Los Eclipse.
Los soldados.
Los Custodios.
—Es lo que ocurre cuando la verdad sale a la luz.
El Custodio del centro frunció el ceño.
—No tienes derecho a cuestionar a quienes te crearon.
Darian inclinó ligeramente la cabeza.
—Tal vez.
Luego levantó la mirada.
—Pero algunas cosas…
Su voz se volvió más dura.
—Tienen que cambiar.
Los Custodios se levantaron al mismo tiempo.
—¡Silencio!
—¡Eres un traidor!
—¡Un monstruo!
La palabra quedó suspendida en el aire.
Monstruo.
Darian bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
Sus dedos se movieron apenas.
Y entonces levantó una de ellas.
Entre sus dedos sostenía algo.
Un cable cortado.
Delgado.
Metálico.
La cuerda que había estado sujetando las manos de Seraphine.
Los ojos de los Custodios se abrieron.
Darian no la miró.
Ni una sola vez.
Pero su voz resonó con claridad.
—AHORA.
El sonido del metal cortando el aire fue instantáneo.
Seraphine se movió como una sombra.
La espada que había tomado del ejecutor apareció en su mano en un destello.
El primer soldado apenas alcanzó a reaccionar antes de caer al suelo.
Libre.
Seraphine se colocó junto a Darian.
Sus ojos se encontraron por una fracción de segundo.
Había mil cosas en esa mirada.
Alivio.
Dolor.
Furia.
Pero no hubo tiempo para palabras.
Los Eclipse ya estaban moviéndose.
El líder levantó su espada.
—Eliminación autorizada.
Rowan se adelantó un paso.
Sus ojos rojos brillaron con entusiasmo.
—Perfecto.
Seraphine levantó su espada.
Darian también.
Tres contra cuatro.
Pero esta vez…
No estaban peleando por sobrevivir.
Estaban peleando juntos.
El primer Eclipse atacó a Rowan.
El choque del acero hizo eco en toda la sala.
Seraphine se lanzó contra otro con una velocidad imposible para cualquier humano.
Darian interceptó al líder del escuadrón.
Las espadas chocaron.
Fuerza contra fuerza.
Velocidad contra velocidad.
Los Custodios observaban desde lo alto.
Y por primera vez…
No estaban seguros de quién ganaría.
El salón de la Orden se había convertido en un campo de batalla.
Y la guerra que habían intentado controlar…
Acababa de comenzar.
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Editado: 14.03.2026