La Bella Y El Cazador

Capítulo 24 Una nueva orden

El salón de la Orden era ahora un campo de guerra.
El eco de los aceros chocando contra los muros de piedra resonaba como truenos dentro del gran recinto. Chispas saltaban cada vez que las espadas se encontraban.
Los Eclipse atacaban con la precisión fría que los había hecho letales durante años.
Pero esta vez…
No estaban luchando contra presas.
Darian bloqueó un golpe del líder Eclipse con una velocidad que habría sido imposible para él días atrás. Giró sobre su eje y respondió con un corte brutal que obligó a su adversario a retroceder.
A su izquierda, Rowan luchaba con una sonrisa salvaje.
El antiguo cazador ahora se movía con una agilidad nueva, casi felina. Desvió una estocada y hundió su espada en el abdomen de uno de los incompletos.
El Eclipse cayó de rodillas.
Por primera vez…
Gritó.
Seraphine se movía entre ellos como una sombra viva.
Su espada cortaba el aire con elegancia mortal. No había duda en sus movimientos.
Había luchado sola durante décadas.
Pero ahora no estaba sola.
Y eso cambiaba todo.
Los Eclipse comenzaron a notarlo.
Algo no encajaba en sus cálculos.
El líder habló mientras bloqueaba otro golpe de Darian.
—Coordinación… anómala.
Tenía razón.
Ellos habían sido diseñados para luchar juntos.
Pero lo que Darian, Rowan y Seraphine tenían… no podía diseñarse.
Era voluntad.
Era confianza.
Era algo que ninguna fórmula podía replicar.
Seraphine interceptó a uno de los Eclipse que intentaba flanquear a Darian.
Rowan apareció al mismo tiempo.
Un movimiento sincronizado.
Dos espadas.
Un solo resultado.
El Eclipse cayó al suelo.
Tres quedaron.
Darian atacó con una velocidad brutal.
El líder logró bloquear… pero un segundo golpe lo desarmó.
Rowan apareció detrás de él.
El acero atravesó su espalda.
El líder Eclipse cayó lentamente.
Dos quedaron.
Pero ahora estaban rodeados.
Seraphine atacó al primero.
Un intercambio rápido.
Tres golpes.
Cuatro.
El quinto abrió su garganta.
El último Eclipse miró a su alrededor.
Por primera vez…
Había miedo en sus ojos.
Intentó huir.
Darian lo alcanzó en un parpadeo.
La espada descendió.
El cuerpo cayó.
Silencio.
Los cuatro Eclipse yacían muertos sobre el suelo de piedra.
La creación más peligrosa de la Orden…
Había sido destruida.
Por aquello que nunca habían podido crear.
Libre voluntad.
Los tres guerreros levantaron la mirada hacia los tronos.
Los Custodios estaban de pie.
Petrificados.
Sabían lo que significaba.
Sabían lo que venía.
Uno de ellos tragó saliva.
Luego habló.
—Podemos… negociar.
Rowan soltó una risa corta.
Pero el Custodio continuó rápidamente.
—Dinero.
—Poder.
—Autoridad.
Sus ojos se movieron entre ellos.
—Podemos darles todo.
—Podemos convertirlos en líderes de esta Orden.
Silencio.
Darian los observó.
Durante un largo segundo.
Luego…
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Rowan la reconoció al instante.
—Oh… esto no va a terminar bien para ustedes —murmuró.
Los tres se movieron al mismo tiempo.
Un destello de acero.
Tres golpes.
Tres cabezas rodaron por el suelo de piedra.
Los cuerpos de los Custodios cayeron sin vida.
El salón quedó en silencio absoluto.
El reinado de la antigua Orden…
Había terminado.
Darian dejó caer lentamente su espada.
El sonido del metal golpeando el suelo resonó en el enorme salón.
Caminó hacia el trono central.
Se sentó.
Sus ojos rojos observaban el gran salón ahora vacío.
Rowan caminó hasta el trono de la derecha y se dejó caer en él con una sonrisa cansada.
Seraphine se sentó en el trono de la izquierda.
Durante un momento…
Nadie habló.
Luego Rowan miró el salón lleno de cuerpos.
Y exclamó con tono tranquilo:
—Creo que va a haber algunos cambios en la Orden, compañeros.
Darian giró ligeramente la cabeza hacia él.
Luego miró a Seraphine.
Sus miradas se encontraron.
Había dolor en ambas.
Pero también algo nuevo.
Un futuro.
Darian volvió a mirar hacia adelante.
Su expresión se volvió seria.
Decidida.
Y pronunció las palabras que cambiarían todo.
—Una nueva orden para la sociedad…
El eco de su voz recorrió el enorme salón.
Y así…
Entre sangre, traición y esperanza…
Nacía algo nuevo.
Algo que el mundo aún no comprendía.
Pero que pronto…
No podría ignorar.
FIN.




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