El autobús avanzaba con un sonido constante, casi hipnótico. Un zumbido bajo, repetitivo como si el mundo entero se hubiera reducido a ese trayecto gris y sin importancia. Afuera, la ciudad se deslizaba entre luces placas y edificios sin rostro, mientras el cielo parecía demasiado pesado para sostenerse.
Scarlett Stone miraba por la ventana, no estaba pensando en nada en particular... o tal vez en demasiadas cosas al mismos tiempos. El vidrio reflejaba su rostro tenue, mezclándolo con las sombras del exterior, sus ojos no seguían un punto fijo, solo observaba.
Un murmullo empezó a formarse unos asientos más adelante.
—¿Escuchaste lo de anoche? —
—Otra vez... Ya van como cinco, ¿No? —
—Dicen que deja cartas... —
Scarlett no volteó, pero escuchaba. El conductor subió un poco el volumen de la radio, como si quisiera participar en la conversación sin decir una sola palabra.
"Las autoridades continúan investigando las desapariciones relacionadas con el caso conocido como 'el asesino de las cartas' ..."
Un pequeño silenció recorrió el autobús.
"Se ha confirmado que en cada escena se ha encontrado una nota escrit a mano. El contenido no ha sido revelado al público, pero fuentes cercanas describen el tono como... perturbador."
Una mujer soltó una risa nerviosa.
—Que enfermo... —
—Deberían atraparlo ya. —
—Ese tipo de gente no debería existir. —
Scarlett parpadeó lentamente, su mirada no cambió.
"... la policía ha pedido a los ciudadanos evitar salir solo durante la noche..."
La voz del reportero era neutra, profesional y distante. Cómo si hablara del clima, Scarlett inclino ligeramente la cabeza.
Cartas... No sangré, no cuerpos, no gritos... Solo cartas. Sus dedos se movieron apenas sobre su regazo, como si siguiera un patrón invisible.
¿Qué escribe alguien después de hacer algo así? ¿Qué se necesita para dejar un mensaje... en lugar de huir?
El autobús frenó de golpe y varios pasajeros se sacudieron de sus asientos, Scarlett no.
—Perdón —murmuró el conductor.
Nadie respondió, el ambiente había cambiado, el miedo es así; silencioso y pegajoso. Se mete en la piel de todos... menos en algunos.
Scarlett desvío la mirada del vidrio y observó a las personas, una chica abrazando su bolso, un hombre revisando su celular una y otra vez; una madre sujetando la mano de su hijo con demasiada fuerza.
Todos reaccionaban igual, todos entendían el peligro, todos… menos ella. No sentía miedo y eso no la tranquilizaba, la inquietaba; porque sabía que algo en ella no estaba funcionando como debía.
"... Se recomienda reportar cualquier comportamiento sospechoso…"
La radio seguía hablando, pero Scarlett ya no estaba escuchando del todo, había algo más, no en el ruido; en la idea.
En la forma en que su mente regresaba a lo mismo; cartas... Su mirada volvió a la ventana, está vez no se estaban viendo a sí misma, estaba imaginando, una hoja blanca, tinta oscura y palabras escritas con calma… después de todo.
No apresuradas, no caóticas; deliberadas, como si cada letra tuviera intención, como si alguien quisiera ser leído. Los labios de Scarlett se entreabieron apenas, pero tampoco era incomodidad, era algo más difícil de nombrar interés.
El autobús se detuvo.
—Siguiente parada. —
Las puertas se abrieron con un suspiro metálico, Scarlett se levantó, sus movimientos eran tranquilos y medidos. Paso junto a los demás sin tocarlos siquiera, como si ya no estuviera completamente ahí. Antes de bajar, la voz de la radio se volvió a escuchar, como un eco tardío:
"…Si tiene información contacte a las autoridades de inmediato…"
Scarlett descendió del autobús, el aire afuera era frío, más real y más directo, pero no lo suficiente para sacarla de sus pensamientos.
Cartas... Sus paso se detuvieron por un segundo en la acera, luego continúo caminando, sin prisa, siniedo y sin saber que, en algún punto de esa misma ciudad alguien también estaba pensado y que muy pronto, dejaría de ser un historia en la radio. Para convertirse en algo mucho más cercano, algo más personal y irreversible.