A la mañana siguiente, Barbara aún no comprendía cómo había llegado a ese punto, su tan perfecto verano se había desmoronado en una sola noche, no podía creer su propia situación. La noche anterior, cuando Liam la acompañó hasta la casa de la tía Hester, ella había intentado despedirlo rápidamente con frialdad, sin pensar siquiera dónde dormiría él ni qué haría bajo la lluvia helada que seguía cayendo. Pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Margery y la tía Hester los habían recibido con gritos ahogados y un torbellino de preguntas. Y Hester, con esa calidez que la caracterizaba, insistió en que Liam pasara la noche ahí. Barbara creyó, con toda seguridad, que él declinaría, que usaría cualquier excusa para marcharse, que se negaría con esa elegancia irritante suya. Pero fue su gran sorpresa cuando no solo acepto descaradamente enfrente de sus narices, sino que también pidió posada para Blacky. Aprovechándose de la amabilidad de la tía, inclinando apenas la cabeza como si le hiciera un favor. Barbara casi había sentido cómo se le quebraba el alma de indignación.
Ahora, a plena luz del día, los cuatro se encontraban sentados alrededor de la pequeña mesa de la cocina, compartiendo un desayuno: huevos fritos, salchichas, tocino crujiente, frijoles en salsa, tomates asados, pan tostado y una tetera humeante en el centro. Barbara lo fulminaba con la mirada, no podía creer que estuviera desayunando con el enemigo, incluso hasta el más sabroso tocino perdió su sabor con solo mirarlo. Su humor que había estado en racha extasiada se había terminado por completo. Mientras Liam solo sonreía divertido al ver que su sola presencia había arruinado su día. La tía Hester intentaba suavizar el ambiente con su mejor sonrisa, sirviendo té una y otra vez.
—Qué maravilloso tener compañía esta mañana —decía con su tono dulce, tratando de ignorar la tensión evidente.
Margery, sentada rígida al borde de la silla, llevaba horas tratando de comportarse con normalidad… sin éxito. Y Liam… estaba demasiado cómodo, demasiado tranquilo. Tomaba el té como si estuviera en un salón aristocrático y no en la modesta cocina de una casita de pueblo. Y, peor aún, se reía abiertamente cada vez que miraba la expresión molesta de Barbara, que apretaba la servilleta con tanta fuerza que parecía querer estrangularla. Hester tosió con suavidad, intentando enderezar la situación.
—¿Y bien? ¿Durmieron bien? ¿Todos?
Margery no lo soportó más la angustia, sabía que la presencia de Liam era una bomba de tiempo que les explotaría en la cara a todos, su corazón ya no podía soportar la incertidumbre de saber cuál sería su destino. El ojo le tembló, el pecho le subió y bajó con violencia, no podía con más espera.
—¡Por el amor de Dios! ¡Esto es absurdo! ¡Completamente absurdo! —gritó al fin, levantándose de golpe—. ¡No puedo más con esta tensión! ¡No puedo más con esto!
Hester la miró con sobresalto, Barbara abrió los ojos como platos y Liam apoyó el codo sobre la mesa, sonrió con descaro y tomó un pedazo de pan tostado.
—Al fin alguien lo dijo —musitó, divertido.
Barbara quiso lanzarle la tetera encima, pero se contuvo por el bien del resto de los acompañantes.
—¿Qué va a hacer con nosotras? —preguntó Margery directa—. ¿Nos va a denunciar con lord Compton?
—¿Cómo que denunciar? —preguntó Hester incrédula.
—¡Si piensa llevarnos que sea de una vez! —exclamo ansiosa—. No estamos para sus juegos.
—Esa pregunta no deberías de hacérmela a mi —la corrigió—. Deberías de hacérsela a tu dama.
Barbara lo miro molesta.
—Dejame repasar nuestras opciones —menciono molesta—. Si no nos vamos contigo iras a acusarme con mi padre quien no tardara en mandar a sus hombres para buscar, y si voy contigo todos nuestros problemas se resuelven ¿no es así?
—Esta en lo correcto mi lady.
—¿Lady? —preguntó conmocionada, observando a Barbara—. Dios mío…
—Deja de causarle problemas a terceros —respondió serio—. Y las dos vengan conmigo a Londres, así evitamos generar más problemas.
—Bien márchate con Margery —dijo determinada—. Dile a mi padre que yo te obligue a escaparte conmigo —la miro seria—. Yo me marcharé sola…
—Esta muy mal mi lady si cree que la dejaré irse sola —se negó completamente.
—Yo tampoco te dejaré irte sola —replico serio—. No sabrías tomar un carreta tu sola.
—¿Tan inútil crees que soy?
Liam se rio sarcásticamente, señalo a su alrededor.
—¿Realmente creías que podías vivir en este lugar?
—¿Por qué lo menciona Mr. Howells? —replico molesta—. ¿A caso esta despreciando esta morada por ser humilde? No sabía que fuera un vanidoso.
Liam se rio ante sus palabras.
—Te olvidas de que la que es noble de nosotros aquí eres tu —le recordó—. Yo solo soy un militar rico no poseo ni tierras ni ningún titulo nobiliario —señalo todo a su alrededor—. Para mi esto es una mansión comparado a los lugares a los que he sido obligado a dormir por mis misiones, recuerda que soy después de todo un soldado que sirve a la Reina…
—Una noble y un soldado de su majestad… —murmuro Hester impactada, dirigió su mirada a su sobrina—. ¿A quiénes has traído querida?