El Dragón de la familia Fried acababa de llegar a la casa, en su lomo, cargaba una mochila, que dentro contenía la comida de la semana. Felices Karl y Souchan fueron a recibirla y llamaron a sus hijos para que ayuden a ordenarla.
Karl era el encargado de cocinar en la casa, por lo que con una parrilla, salió a pedirle fuego a su Dragón. El Dragón escupió una gran llama roja de su hocico que quedó viva en el carbón.
-- Padre, vamos al parque, ya casi es la alineación -- Soltó entre suspiros por la ansiedad -- He escuchado que desde ahí podemos verla mejor.-- Terminó.
-- Aún falta todo un día hijo -- Le explicó Karl -- tenemos tiem...--
-- No irás a ningún lugar hasta que te den el medicamento -- interrumpió su Souchan -- Al igual que tu hermana.--
Hace más de 20 años el mundo atravesaba una pandemia mortal, el antídoto era en base a sangre de Dragón vivo, y las personas deben de inyectárselo al menos una vez cada seis meses. Hoy les tocaba a la familia Fried.
Ya una vez almorzados, se dirigieron a su Dragón, Karl al enterarse que Souchan esperaba mellizos, gastó todos sus ahorros en comprar un Dragón para 4 personas y así poder transportarse cómodos.
La familia volaba por los aires en dirección al centro de estudio Dragón, allí se hacía el proceso del antídoto.
El mar de este mundo era muy peculiar, es celeste pero con toques anaranjados que resaltaban por su brillo, estaba lleno de pequeñas islas que resaltaban por estar llenas de Dragones, allí estudiaba la gente que quería especializarse en ellos. Y centros que funcionaban gracias a estos como el que se dirigían.
Para manejar el Dragón, Karl usaba dos tiras cerca de su hocico, si tiraba hacia la derecha, este se movía para allá, lo mismo con la izquierda. Los asientos eran de piel de Dragón y se amarraban sobre él.
Al llegar, pagaron con plata y oro en la entrada para luego recibir el antídoto. Después de horas de aburrimiento y espera, la familia llegó a su turno.
-- Auchh -- Exclamó la melliza al sentir el pinchazo en su brazo. El varón tuvo el mismo gesto.
Los padres también fueron pinchados y procedieron a caminar hasta el estacionamiento de Dragones. Habían de todos tipos, azules, rojos, verdes, brillantes, opacos. Algunos daban miedo solo con la mirada por sus ojos eternamente enfurecidos y colmillos hacia afuera. Habían también unos adorables por sus ojos saltones y lengua rosa fuera de su hocico. Y por su puesto que se lograba ver uma variedad de tamaños; individuales, de parejas, familiares o gigantes.
Ya en los aires de vuelta a casa, Souchan preguntó a su hija.
-- ¿Qué aprendiste esta semana en la escuela hija?--
-- Sobre Dragones -- respondió -- Si nosotros respiramos oxígeno, ellos respiran un gas espacial -- apuntando hacia arriba.
Su tarde fue como cualquier otra, llegaron a la casa y se tomaron un descanso para luego ir a regar las grandes plantas que alimentaban a toda la familia, incluido al Dragón. Karl salió con la parrilla para conseguir algo de fuego y preparó la cena, ordenaron la mesa y cada uno para su cama.
Tapado en su esponjada cama, el mellizo estaba ansioso, entusiasmado con un insomnio en el cual no podía dejar de pensar en mañana, el gran día. A él le encanta el espacio y todo lo que contiene, y en unas horas los planetas se alinearán.