La biblioteca de las almas perdidas

Capitulo 2

Amelia se quedó paralizada.
La mano pálida emergía lentamente del libro caído.
Sus dedos eran largos y delgados, como los de alguien que llevaba siglos sin ver la luz.
—¡¿Qué es eso?! —gritó.
El joven de ojos grises corrió hacia ella.
—¡Aléjate!
Tomó el libro y lo cerró de golpe.
La mano desapareció instantáneamente.
El silencio llenó la biblioteca.
Amelia tenía el corazón desbocado.
—Creo que me debes una explicación.
El muchacho soltó un suspiro.
—Tienes razón.
La condujo hasta una mesa antigua iluminada por una lámpara dorada.
—Mi nombre es Elias.
—¿Y qué significa eso de "alma perdida"?
Elias permaneció callado unos segundos.
—Cada libro de esta biblioteca contiene una historia inacabada.
—¿Y?
—Algunas de esas historias pertenecen a personas que murieron sin encontrar la paz.
Amelia sintió un escalofrío.
—¿Quieres decir fantasmas?
—Algo parecido.
Elias señaló las interminables estanterías.
—Miles de almas viven atrapadas aquí.
Esperando que alguien termine sus historias.
Amelia observó los libros.
Ahora parecían mucho más inquietantes.
—¿Y por qué yo?
Elias la miró fijamente.
—Porque eres la nueva Guardiana de la Biblioteca.
Amelia soltó una carcajada nerviosa.
—No. Definitivamente no.
—Tu abuelo también intentó negarlo.
Aquellas palabras la hicieron callar.
—Mi abuelo sabía de todo esto...
—Él protegió este lugar durante cincuenta años.
Amelia bajó la mirada.
De pronto comprendió por qué su abuelo nunca quiso vender la biblioteca.
Por qué siempre parecía esconder algo.
Entonces un fuerte golpe resonó en algún lugar del edificio.
¡BUM!
Las luces parpadearon.
Los libros comenzaron a vibrar.
Elias palideció.
—No...
—¿Qué ocurre?
El joven observó una enorme puerta de hierro al fondo de la sala.
Una puerta que Amelia no había visto antes.
De debajo de ella comenzaba a escapar una niebla negra.
—Eso no debería estar pasando.
—¿Qué hay ahí detrás?
Elias tragó saliva.
—La sección prohibida.
Otro golpe hizo temblar el suelo.
Esta vez más fuerte.
¡BUM!
Y una voz grave surgió detrás de la puerta.
Una voz que sonaba antigua.
Hambrienta.
—La Guardiana ha regresado...
Amelia sintió que la sangre se le helaba.
Porque la voz parecía conocerla.
Y porque, de algún modo, ella también la reconocía.




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