La biblioteca de las almas perdidas

Capitulo 5

¡Dong...!
El último sonido del reloj se perdió entre las estanterías.
La enorme puerta de hierro se abrió unos centímetros con un chirrido desgarrador.
Un viento helado recorrió la biblioteca, apagando todas las lámparas.
Solo quedó la luz de la luna entrando por los vitrales.
Las almas comenzaron a retroceder.
Algunas lloraban.
Otras susurraban oraciones olvidadas.
—Ha llegado la hora... —dijo el anciano espíritu.
Amelia sujetó con fuerza la carta de su abuelo.
—No dejaré que salga.
Entonces, una mano de sombras apareció entre la abertura de la puerta.
Después otra.
Y una figura alta, cubierta por un largo abrigo negro, dio un paso hacia la luz.
Su rostro permanecía oculto bajo una capucha.
Solo podían verse aquellos ojos rojos.
—Buenas noches... Guardiana.
Su voz era serena.
Demasiado serena para alguien tan aterrador.
Helena levantó su bastón.
—¡Retrocede!
Un rayo de luz salió disparado hacia la figura.
Pero, antes de alcanzarla, se convirtió en un puñado de páginas que cayeron al suelo.
El Bibliotecario Oscuro sonrió.
—La magia de esta biblioteca ya no puede dañarme.
Elias desenvainó una espada cuya hoja parecía hecha de papel brillante.
—Mientras yo siga aquí, no la tocarás.
El Bibliotecario inclinó la cabeza.
—Valiente... igual que hace cien años.
Amelia miró a Elias.
—¿Hace cien años?
Él no respondió.
Su silencio fue suficiente.
Amelia comprendió que Elias ocultaba un secreto.
Uno mucho más grande de lo que había imaginado.
De pronto, el Bibliotecario levantó una mano.
Un libro salió volando de una estantería y cayó frente a Amelia.
Era pequeño, de tapas azules y bordes dorados.
Al abrirlo, encontró una fotografía.
Era de su abuelo.
Joven.
Sonriendo junto a Helena...
Y junto a Elias.
—No puede ser... —susurró Amelia.
La fotografía tenía una fecha escrita al reverso.
1926.
Amelia levantó la vista lentamente.
—Elias...
Él cerró los ojos.
—Perdóname.
—¿Cuántos años tienes realmente?
El joven respiró hondo.
—Muchos más de los que imaginas.
Antes de que pudiera explicar más, el Bibliotecario Oscuro dio otro paso.
La biblioteca entera comenzó a temblar.
Los libros cayeron de las estanterías.
Las almas gritaron.
Y una frase apareció escrita con tinta negra sobre todas las paredes al mismo tiempo.
"Toda historia tiene un final... y esta biblioteca será el mío."
En ese instante, una estantería secreta se abrió detrás de Amelia.
En su interior descansaba un único libro.
Completamente blanco.
Sin una sola palabra escrita.
Helena abrió los ojos con asombro.
—¡El Libro del Destino!
El Bibliotecario Oscuro dejó de sonreír.
Por primera vez...
Parecía preocupado.




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