La biblioteca de las almas perdidas

Capitulo 6

El silencio invadió la biblioteca.
Todos observaban el libro blanco.
No tenía título.
No tenía autor.
Ni una sola palabra escrita en sus páginas.
Y, sin embargo, desprendía una luz cálida que iluminaba toda la sala.
El Bibliotecario Oscuro dio un paso hacia atrás.
Por primera vez, el miedo se reflejó en sus ojos.
—No... —murmuró—. Ese libro debía permanecer oculto para siempre.
Amelia se acercó lentamente.
—¿Qué tiene de especial?
Helena respondió con voz solemne.
—El Libro del Destino no cuenta una historia...
—¿Entonces?
—La escribe.
Amelia sintió un escalofrío.
Con manos temblorosas, abrió la primera página.
Una pluma de cristal apareció flotando frente a ella.
Y las hojas comenzaron a llenarse de tinta por sí solas.
"La última Guardiana ha regresado."
"El destino puede cambiar... pero toda elección tiene un precio."
Amelia tragó saliva.
—¿Qué precio?
Antes de que alguien respondiera, una nueva frase apareció.
"Para salvar las almas perdidas... una historia deberá desaparecer para siempre."
Elias palideció.
—No...
—¿Qué significa eso? —preguntó Amelia.
Helena cerró los ojos.
—Significa que alguien será olvidado por completo.
Ni su nombre...
Ni su rostro...
Ni sus recuerdos permanecerán en este mundo.
El Bibliotecario Oscuro sonrió de nuevo.
—Ahora lo entiendes, Guardiana. No importa si ganas o pierdes...
Siempre habrá una pérdida.
Amelia apretó el libro contra su pecho.
—Encontraré otra manera.
—No la hay.
De pronto, el suelo comenzó a brillar.
Un inmenso círculo de símbolos apareció bajo sus pies.
Los estantes se apartaron lentamente, revelando una escalera de caracol que descendía hacia las profundidades de la biblioteca.
Un aire antiguo ascendió desde la oscuridad.
Elias desenvainó su espada de papel brillante.
—Las Catacumbas de las Historias...
Helena dio un paso atrás.
—Hace siglos que nadie baja allí.
Amelia miró hacia el abismo.
—¿Qué encontraremos?
Elias respondió sin apartar la vista de la escalera.
—Los primeros libros jamás escritos.
Y... el verdadero nombre del Bibliotecario Oscuro.
Al escuchar esas palabras, el rostro del Bibliotecario cambió por completo.
Su expresión dejó de ser desafiante.
Ahora era de desesperación.
—¡No bajen! —gritó con una furia aterradora.
Pero Amelia ya había dado el primer paso.
La oscuridad la envolvió.
Y, desde las profundidades de la biblioteca, una voz infantil susurró:
—Te estábamos esperando, Guardiana...




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