La biblioteca de las almas perdidas

Capitulo 7

Amelia descendió lentamente por la escalera de piedra.
Cada peldaño parecía más antiguo que el anterior.
Detrás de ella iban Elias y la maestra Helena, iluminando el camino con una pequeña lámpara cuya llama era azul.
Arriba, el Bibliotecario Oscuro rugía de rabia.
Pero su voz se hacía cada vez más lejana.
Al llegar al final de la escalera, Amelia quedó sin aliento.
Ante ellos se extendía una biblioteca subterránea mucho más inmensa que la de la superficie.
No había estanterías.
Los libros flotaban en el aire, girando lentamente alrededor de enormes árboles cuyas ramas eran de cristal.
En lugar de hojas, tenían páginas.
Miles y miles de páginas.
—Es hermoso... —susurró Amelia.
—Y también el lugar más peligroso de la biblioteca —respondió Helena.
En ese momento volvió a escucharse la voz infantil.
—Guardiana...
Una niña apareció entre los árboles.
Tenía unos diez años, cabello blanco como la nieve y ojos dorados.
Vestía un sencillo vestido azul y caminaba descalza.
Sonreía con dulzura.
—¿Quién eres? —preguntó Amelia.
La niña hizo una pequeña reverencia.
—Mi nombre es Lía.
Soy la primera historia escrita en esta biblioteca.
Amelia frunció el ceño.
—¿La primera... historia?
Lía asintió.
—Antes de que existieran los libros, las historias tenían alma. Yo soy una de ellas.
Elias sonrió con nostalgia.
—Pensé que nunca volvería a verte.
—Han pasado muchos años, Elias.
La niña levantó la vista hacia Amelia.
Su expresión se volvió seria.
—No tenemos mucho tiempo.
El Bibliotecario Oscuro está despertando a los libros prohibidos.
Helena dio un paso adelante.
—¿Ya rompió los sellos?
Lía bajó la cabeza.
—Los primeros tres.
El silencio cayó sobre el grupo.
Amelia notó la preocupación en el rostro de Helena.
—¿Cuántos sellos existen?
—Siete.
—¿Y qué ocurre cuando se rompen todos?
Lía respondió con voz temblorosa.
—Todas las historias desaparecerán.
Los libros quedarán en blanco.
Nadie recordará los cuentos, las leyendas... ni a las personas que alguna vez existieron.
El mundo olvidará su propio pasado.
Amelia sintió un nudo en el estómago.
No solo estaban intentando salvar unas almas.
Estaban intentando salvar todos los recuerdos del mundo.
Entonces Lía extendió una pequeña llave dorada.
Era diferente a cualquier otra.
Tenía forma de pluma.
—Esta es la Llave de la Memoria.
Solo ella puede abrir la Cámara de los Nombres.
—¿Qué hay allí?
Lía miró fijamente a Amelia.
—El verdadero nombre del Bibliotecario Oscuro...
...y el secreto que tu abuelo jamás se atrevió a contarte.
En ese instante, un estruendo sacudió las catacumbas.
Uno de los árboles de cristal comenzó a marchitarse.
Sus páginas se deshicieron en polvo.
Lía levantó la mirada con miedo.
—Es demasiado tarde...
Ha roto el cuarto sello.




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