La biblioteca de las almas perdidas

Capitulo 9

El nombre Gabriel resonó por toda la Cámara de los Nombres.
Los pergaminos dorados comenzaron a girar alrededor de él como un remolino de luz.
Por un instante, la oscuridad que lo envolvía desapareció.
Amelia pudo verlo tal como había sido siglos atrás.
No era un monstruo.
Vestía una túnica azul oscuro bordada con estrellas de plata y llevaba un libro entre las manos.
Sus ojos reflejaban bondad.
Y una inmensa tristeza.
—Así era... —susurró Helena.
Elias bajó la cabeza.
—El primer Gran Guardián.
Gabriel sonrió con amargura.
—Hace mucho tiempo que nadie me llama por mi verdadero nombre.
Amelia dio un paso hacia él.
—Si no eres el enemigo... ¿por qué intentaste destruir la biblioteca?
Gabriel levantó la mirada.
—Porque la biblioteca estaba muriendo.
Todos guardaron silencio.
—Cada siglo nacen menos personas que creen en las historias. Los libros son olvidados, las leyendas desaparecen... y las almas quedan atrapadas para siempre.
Amelia sintió un nudo en el pecho.
—Entonces querías salvarlas...
—Sí.
—¿Y por qué hacerlo de esta forma?
Gabriel cerró los ojos.
—Porque me desesperé.
Una lágrima cayó sobre el suelo de mármol.
—Pensé que si destruía todas las historias... las almas serían libres.
Lía negó con tristeza.
—No serían libres.
Desaparecerían para siempre.
Gabriel permaneció en silencio.
Sabía que era cierto.
De repente, un rugido estremeció las catacumbas.
Todo comenzó a temblar.
Los pergaminos dorados cayeron al suelo.
El Registro de los Nombres empezó a cerrarse solo.
Helena abrió los ojos con horror.
—¡No puede ser!
—¿Qué sucede? —preguntó Amelia.
—Gabriel no era quien rompía los sellos.
El silencio fue absoluto.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Qué has dicho?
Un viento helado recorrió la sala.
Desde la última página del Registro comenzó a salir una tinta negra.
La tinta se extendió por el suelo como una sombra viva.
Y poco a poco tomó forma.
Una figura alta.
Sin rostro.
Vestida con un manto hecho de páginas rotas.
Lía retrocedió aterrada.
—Él...
Gabriel dio un paso al frente.
Por primera vez en siglos, su voz tembló.
—No...
No puede haber despertado.
Amelia sujetó con fuerza la Llave de la Memoria.
—¿Quién es?
La figura levantó lentamente la cabeza.
Donde debería haber un rostro solo había un vacío oscuro.
Entonces habló con una voz que parecía hecha de miles de voces mezcladas.
—Soy el Olvido.
Mientras ustedes discutían...
...yo rompí el quinto sello.
Y esta vez...
No vengo por la biblioteca.
Vengo por sus recuerdos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.