La biblioteca de las almas perdidas

Capitulo 11

El libro rojo permanecía inmóvil sobre el pedestal.
Las cadenas de plata vibraban como si intentaran contener algo que luchaba por escapar.
Amelia dio un paso hacia él.
—No lo hagas —advirtió Gabriel—. Ese libro pone a prueba el corazón de quien lo abre.
—¿Qué sucede si alguien lo lee?
Gabriel bajó la mirada.
—Escribe el final de su historia... y ese final no puede cambiarse.
Un profundo silencio llenó la sala.
Entonces, sin que nadie lo tocara, una de las cadenas se rompió.
¡Clac!
El libro comenzó a abrirse lentamente.
Sus páginas estaban completamente en blanco.
Pero solo por un instante.
Palabras de tinta dorada empezaron a aparecer.
"Capítulo final: Amelia, la última Guardiana."
El corazón de Amelia comenzó a latir con fuerza.
—Está escribiendo... sobre mí.
La pluma de cristal que había aparecido junto al Libro del Destino surgió de nuevo y empezó a escribir sola.
"Para salvar la biblioteca, la Guardiana deberá elegir entre el mundo de los vivos... o el de las historias."
Helena llevó una mano a la boca.
—No...
"Si permanece en el mundo, la biblioteca desaparecerá."
La pluma continuó escribiendo.
"Si se convierte en la nueva Bibliotecaria Eterna, todas las almas serán libres... pero jamás volverá a salir de este lugar."
Las lágrimas llenaron los ojos de Amelia.
Había encontrado la herencia de su abuelo...
Y ahora comprendía el verdadero precio de aceptarla.
Elias dio un paso hacia ella.
—No tienes que hacerlo.
Gabriel asintió.
—Buscaremos otra forma.
Pero Lía negó lentamente con la cabeza.
—El Libro de los Finales nunca miente.
En ese momento, el Olvido regresó entre las sombras.
Su voz resonó por toda la cámara.
—El sexto sello ha sido destruido.
Solo queda uno.
Cuando caiga...
Todas las historias del mundo desaparecerán para siempre.
Las paredes comenzaron a agrietarse.
Los árboles de cristal perdían sus últimas hojas de papel.
La biblioteca entera parecía desvanecerse.
Amelia respiró hondo.
Miró a Gabriel.
A Helena.
A Elias.
Y a las miles de almas que aguardaban en silencio.
Entonces sonrió con una serenidad inesperada.
—Mi abuelo me enseñó que un buen libro siempre deja esperanza.
Tomó la pluma de cristal.
Y, por primera vez en la historia, escribió una frase en el Libro de los Finales.
"Toda historia merece una segunda oportunidad."
En cuanto terminó de escribir, el libro empezó a brillar con una intensidad cegadora.
Y una voz desconocida susurró desde las profundidades de la biblioteca:
—Nadie... había cambiado jamás un final escrito.




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