La luz del Libro de los Finales envolvió toda la biblioteca.
Las páginas comenzaron a pasar solas.
Una tras otra.
Como si el propio libro estuviera buscando una respuesta.
El Olvido rugió.
—¡No!
Una ola de oscuridad se lanzó hacia Amelia.
Pero antes de alcanzarla, miles de libros salieron volando de las estanterías.
Formaron un inmenso muro de papel entre ella y la sombra.
Las historias la estaban protegiendo.
Gabriel sonrió.
—La biblioteca ha aceptado tu decisión.
El suelo volvió a temblar.
Entonces apareció una puerta que nadie había visto antes.
Era de madera blanca, adornada con ramas de cerezo y pequeñas estrellas de plata.
Sobre ella había una inscripción.
"Toda historia puede reescribirse... si nace del amor y la esperanza."
Lía abrió los ojos con emoción.
—¡La Sala de los Primeros Cuentos!
Helena dejó escapar una sonrisa.
—Pensé que solo era una leyenda.
Amelia se acercó y abrió la puerta.
Al otro lado había un jardín inmenso iluminado por un cielo lleno de constelaciones.
En el centro crecía un árbol gigantesco.
Sus hojas eran páginas.
Sus frutos, pequeños libros dorados.
Cada vez que uno caía al suelo...
Se convertía en una nueva historia.
—Es... hermoso —susurró Amelia.
Una anciana de cabello completamente blanco apareció bajo el árbol.
Llevaba una túnica bordada con hilos de oro.
En sus manos sostenía una pluma hecha de luz.
—Te estaba esperando, Amelia.
—¿Quién es usted?
La mujer sonrió con dulzura.
—Soy Asteria.
La primera narradora.
La persona que escribió la primera historia del mundo.
Todos quedaron en silencio.
Incluso Gabriel inclinó la cabeza con respeto.
Asteria observó a Amelia.
—Has demostrado que un final no siempre es el final.
A veces...
Es el comienzo de una historia mejor.
Le entregó la pluma de luz.
—Con ella puedes escribir un nuevo destino.
Pero solo una vez.
Amelia tomó la pluma.
Sintió que toda la biblioteca contenía la respiración.
Entonces miró al Olvido.
Ya no parecía invencible.
Se veía solo.
Vacío.
Cansado.
—¿Qué vas a escribir? —preguntó Gabriel.
Amelia apoyó la punta de la pluma sobre la primera página del Libro de los Finales.
Y escribió:
"Mientras exista alguien dispuesto a contar una historia, el Olvido nunca volverá a gobernar. En lugar de destruir recuerdos, aprenderá a protegerlos, para que ninguna historia vuelva a perderse."
La tinta brilló como una estrella.
El Olvido lanzó un grito que hizo temblar el jardín.
Su cuerpo comenzó a transformarse.
La oscuridad desapareció.
Las páginas rotas que formaban su manto se convirtieron en alas blancas de papel.
Cuando la luz se apagó...
Ya no había un monstruo.
Solo un hombre de ojos plateados que observaba el mundo con lágrimas en los ojos.
—¿Qué... has hecho? —susurró.
Amelia sonrió.
—Te di la oportunidad que nadie te dio a ti.
Y, por primera vez desde el nacimiento de la biblioteca...
El Olvido recordó quién había sido antes de perderse en la oscuridad.