“One page for an old man's folk story, one page for a woman's deep eyes
Even for a pain, even for a lie, a blank page you will find”
— "The Wanderer’s Note", Vexillum
Los últimos días de mayo trajeron consigo el Festival de la Vigilia. En esta época del año el sol prolonga su jornada, y la gente de Vale celebra la promesa de un futuro más brillante. Es un tiempo de energía y esperanzas renovadas, un momento para emprender nuevos proyectos y viejos anhelos.
La celebración dura tres días y atrae a visitantes de todas partes, sin embargo la verdadera magia aguarda en el ocaso del segundo día. Ese, al menos para los jóvenes, es el momento más esperado.
Ese momento en que el astro mayor se retira, comienza la mascarada. Los músicos se colocan en diversos puntos de las calles, para inundarlas con sus mejores piezas; mientras que los solteros, algunos solos y otros en grupo, deambulan buscando una pareja de baile. Todos los asistentes llevan flores de diversos tipos y colores para hacerse destacar. Es posible bailar con más de una persona, para eso es el cortejo, pero intercambiar flores, es como una declaración correspondida.
Mientras unos van con plena intención de divertirse, otros tantos van decididos a encontrar el amor; algunos bailan, otros ríen, aun así hay lugar para las lágrimas, ya sean de felicidad por la compañía encontrada, o de tristeza ocasionada por el rechazo. Bajo la luz de la luna el ambiente se torna tan jovial como pasional.
En esta mascarada se encontraba Cassian, un fiel soñador en vela decidido a no bailar con nadie, excepto por aquella con la que intercambiaría flores. ¿Quién sería la elegida? No tenía a nadie en mente. Ya había asistido al festival antes, en compañía de su padre y con el objetivo de conocer más sobre el negocio del que se haría cargo; en la mascarada, sería su primera vez.
No debería estar ahí, se había escabullido mientras su padre, Lord Alaric, ya bebido se empecinaba en asegurar un buen trato con un extranjero. Para cierto tipo de personas, la importancia del festival se traducía en un encuentro crucial con personas relevantes de otros lugares; una oportunidad perfecta para forjar alianzas, expandir relaciones, negocios, ese tipo de cosas. Esto mismo implicaba que el futuro de Cassian estaba decidido, su matrimonio resultaría una ventajosa unión que garantizara la posición de los Ravenswood por muchos años más.
Aún no se había decidido con qué familia se daría esta unión, lo único seguro es que no habría amor de por medio. Sabiendo que no podía ir en contra de los designios de su padre; la mascarada era para él una oportunidad, una de elegir algo por sí mismo aunque sea una última vez, de saber si era posible encontrar a alguien que lo viera más allá de su apellido. Podían obligarlo a renunciar a su futuro, pero antes de que eso sucediera, por voluntad entregaría su corazón, a cambio de un hermoso recuerdo que lo acompañaría.
La gente danzaba, bebía, algunos cortejaban en grupos de amigos, puede que para darse valor o solo se divertían bromeando con el asunto; incluso había quienes habían apostado quién intercambiaría su flor primero. La música cambiaba en cada esquina; así como muchas personas llegaban de diferentes lugares, músicos y juglares traían sus propuestas de distintas regiones.
Los aromas resultaban igual de diversos gracias a la rica gastronomía de Vale. Los oriundos del lugar ofrecían todo tipo de alimentos: desde lo más sencillo para acompañar los tragos, hasta algo más sustancioso y elaborado para quienes buscaban consentir o impresionar a sus parejas. Entre esta rica variedad de notas y olores, luces y faroles de distintos colores, iluminaban las empedradas calles que conectaban con la plaza principal.
Puede que fuera por lo fuerte de su bebida, a los dulces aromas de las golosinas o la variada iluminación de las calles de Vale, quizás el efecto causado por ser su primera vez; con todo esto, Cassian caminaba con los sentidos embelesados, intentando no perder de vista su objetivo.
Fue así que entre la multitud, vio desplazarse una figura que lo cautivó; como si de una aparición se tratara, alcanzó a divisar el perfilado rostro de una dama, peculiar no por sus facciones, sino en su andar y vestir. ¿Cómo era posible que, entre largas y coloridas faldas y corsés, nadie prestara atención a la chica de ceñida y oscura vestimenta? Era la única sin máscara y aún así, nadie reparaba en ella. Deambulaba confundida, como buscando algo, o a alguien. En ese momento Cassian lo supo, o lo sintió:
Es ella, por ella estoy aquí
Intentando encontrar valor en el fondo del vaso, tras un prolongado trago que dio fin a su bebida, comenzó su persecución. A la chica parecía no estorbarle la muchedumbre como a él, seguía su camino como si las masas se despejaran a su paso; caso contrario, Cassian tenía que hacer su propio camino entre las personas, lo que casi le cuesta iniciar una pelea al empujar a una pareja, no habría pasado a mayores de no ser por su descuidada disculpa, que no fue tomada con ligereza.
¿Por qué es tan rápida?
Cada vez que sentía cómo la brecha entre ambos se acortaba, un nuevo obstáculo se interponía entre ellos. Si no era una pareja, era un músico, uno incluso lo golpeó por accidente con el clavijero de su mandolina. Cuando parecía que su suerte no podía ser peor, los fuegos artificiales alborotaron a los asistentes, complicando aún más su frustrante avance.