“Our hands are like ice,
should have known that you’re like me.”
— "Songs Upon Wine-stained Tongues", Seven Spires
El cielo proyectaba un cálido atardecer que de inmediato cautivó a Lyra. El tono sepia que parecía predominar en el ambiente, la hizo sentir que era parte de un recuerdo anhelado. A su alrededor, los frondosos árboles que se erguían al margen del claro parecían cerrarse, marcando la dirección a transitar por un sendero que se despejaba para ella.
Al cambiar el gris y los neones por un paisaje tan lleno de vida, sintió su espíritu contagiarse de una energía y júbilo que no experimentaba desde su niñez; entregándose por completo a la naturaleza mágica del lugar. Con esa vitalidad renovada, no demoró en comenzar su recorrido, ansiosa por conocer minuciosamente el lugar.
A veces, soñamos con lugares desconocidos que, sin razón aparente, se sienten familiares. Nuestro subconsciente nos asegura que ya hemos estado allí, incluso cuando la realidad nos indica lo contrario; aun así, dentro de ese sueño abrazamos la fantasía que se nos presenta como realidad. Esa era la extraña sensación que Lyra experimentaba en ese momento.
La probabilidad de que estuviera alucinando o que hubiera caído en un profundo sueño, era alta. En ambos casos la bebida sería la causante de su estado, pero esto no parecía importarle, estaba decidida a disfrutarlo mientras durara.
El recorrido se presentó sin mayores complicaciones y los ascensos no le cansaban, estaba más ocupada en apreciar los detalles que deleitaban sus sentidos. El viento que se escurría entre el follaje, susurraba notas que alguna vez hicieron eco en el corazón de los músicos; un murmullo tan sutil, que no lograba discernir si escuchaba bien, o si su mente jugaba con ella.
Con árboles de un verdor imposible y flores de tonos vívidos, la vegetación resultaba exuberante. A medida que avanzaba, los aromas se combinaban sin saturar y tomando turnos para sobresalir: la tierra húmeda, el perfume de las flores y el fresco de la hierba, se mezclaban de manera deliciosa.
De esta manera sus pasos, o mejor dicho, sus sentidos, la condujeron hasta un mirador que le permitió contemplar las maravillas que le aguardaban.
Con todo lo acontecido, desde el descubrimiento de la biblioteca hasta su llegada al mirador, ya nada podía sorprenderla, o al menos eso creía; estaba por descubrir lo contrario.
𐡸
La experiencia de Cassian debió ser similar, más no fue así. Era el mismo punto de partida, pero no el mismo punto de vista.
Su desconcierto inicial dio paso a la fascinación, no temía; la escena le parecía de ensueño gracias al tono caramelo ofrecido por la luz vespertina. Sus ojos de soñador veían un rincón olvidado por los dioses, un mundo idílico para explorar, con secretos esperando ser descubiertos por él, único aventurero arrojado en medio de su vastedad.
Se tomó un momento para analizar la situación. Contaba con luz natural (aparentemente por un par de horas más), no había indicios de una próxima lluvia ni aparentes amenazas alrededor; permanecer en el lugar o seguir la ruta marcada, esas eran sus opciones.
No tardó mucho en entender lo que tenía que hacer: descubrir a dónde conducía el camino que se dibujaba entre los árboles.
Recorrerlo no trajo consigo mayores complicaciones. Lo único verdaderamente agotador eran las elevaciones; aún así, no representaban un riesgo. El trayecto era mayoritariamente plano y los desvíos, escasos; donde parecía haber bifurcaciones, la hierba crecida le mostraba por dónde seguir, trazando sendas con refrescantes corrientes de aire.
Uno de estos céfiros llevó hasta él la fragancia más exquisita de la que tuviera memoria. Un escalofrío le recorrió la nuca, no era un recuerdo; era una presencia. Su corazón, que había encontrado un ritmo tranquilo, tropezó violentamente dentro de su pecho. Una sola vez en su vida se había embriagado con ese perfume, con eso bastó para dejarle una huella profunda. La esencia que llegó hasta él tocaba una herida recién abierta pero, al mismo tiempo, sintió una dicha indescriptible que la sanaba.
Ansioso, apresuró el paso con el ánimo renovado por la esperanza. Era la senda que buscaba, el rastro que lo guió en las oscuras calles. Su andar desbocado lo condujo al final del camino, donde finalmente encontró lo que su espíritu anhelaba.
Ahí estaba, ella: erguida, inmóvil, contemplativa de un paisaje onírico. No se había percatado de su llegada, estaba dándole la espalda pero él lo sabía: su figura, su fragancia, le eran inconfundibles.
—No puedo creerlo… ¡En verdad eres tú! —Contenerse habría sido inútil.
Aquella voz hizo estremecer a Lyra. Giró emocionada, expectante, llevándose la mano al pecho para retener su desbocado corazón; una reacción que correspondía al ánimo de Cassian.
Apenas sus ojos se cruzaron, la conexión fue instantánea.
Contrario a su estado, los pasos de Cassian se volvieron tímidos, una parte suya le necesitaba cruzar el abismo de apenas unos pasos que los separaba. Pero su mente, un ancla de sensatez, susurró una verdad helada: 'No sabes su nombre. No te conoce'.
Por su parte, Lyra ansiaba lo mismo. Si bien nunca se habían visto, sentía un fuerte impulso por estar cerca de quien ponía fin a su soledad, desde antes de siquiera saber que existía.