“Tired eyes drift across the shore,
looking for love and nothing more.”
— "Sunrise", Uriah Heep
La visión de su recámara, tan amplia como ostentosa, nunca le había parecido detestable hasta este momento. Entre libros de aventuras, gruesos volúmenes de historia marítima y las cartas de navegación de su hermano; la habitación de Cassian parecía más el estudio de un cartógrafo que el aposento de un joven burgués.
Parecía que despertaba de una borrachera. Conservaba la ropa que llevaba la noche anterior, su mente era una marejada de pensamientos y recuerdos que no terminaba de asimilar.
No. Fue real, lo sé, la vi, la escuché… Incluso la sentí. ¿Por qué volví? ¿En qué momento regresé?... ¿Cómo?
Tras el repicar de la campanilla de su buró, alguien del personal de servicio se presentó.
—¿Llamó, joven Cassian?
—Ah, Mina. Que gusto verte de nuevo. ¿Cómo se encuentra tu madre?
—Se encuentra mejor, muchas gracias por preguntar. Ayer por la mañana mi hermano regresó, me dijo que volviera al trabajo, que él se encargaría de atenderla.
—Esas son buenas noticias. Si necesitas algo no dudes en pedirlo… Disculpa que cambie el tema. ¿Sabes a qué hora regresé?
—Me temo que no. Volví poco antes del anochecer, me informaron que usted y su padre estarían fuera con motivo del festival, por lo que muchos de nosotros nos fuimos a descansar temprano.
—Ya veo.
—Puedo preguntar a los demás, quizás alguien se percató de su llegada.
—Sí, por favor.
—Su madre y su hermana salieron pero el desayuno está casi listo, puedo disponer un lugar para usted si gusta acompañarnos.
—Muchas gracias por la invitación. Necesito un baño primero, así que los alcanzo en la mesa. Comiencen sin mí, por favor.
Mina asintió con la cabeza antes de retirarse. Se ofreció a preparar el agua pero Cassian se negó; no le pareció justo que se le enfriara el desayuno por ayudarle con algo que él era capaz de hacer.
Realizó las cosas de manera mecánica. Su mente estaba más ocupada tratando de buscar una explicación a lo que estaba seguro de haber vivido. Tomó su tiempo en la bañera, meditando al intenso vapor que llenó la habitación.
No recuerdo haber visto una biblioteca en el centro de Vale. Aunque tampoco es algo que busque activamente, siempre que he necesitado algún tomo lo consigo en la biblioteca de mi padre. Por otra parte, la gente hablaría de un lugar tan peculiar. Pero las horas… De entre todas las cosas es lo que menos sentido tiene. En el festival estaba entrada la noche pero en el claro apenas atardecía.
Lyra… Ah, Lyra, tan solo con pronunciar su nombre siento que hago música. Nunca la había visto, debió venir por el festival, debe ser extranjera pero aún así… esa ropa; ni siquiera en los viajes con mi hermano he visto algo similar ni en confección ni en colores; es más, ni siquiera había visto a una mujer usar pantalón.
Sin que se percatara de ello, el agua se enfrió. Salió de la bañera únicamente por su necesidad de buscar respuestas en el único lugar en que podía encontrarlas: La biblioteca.
Con un pantalón casual, camisa de lino y sus confiables botas, proyectaba un aire más relajado que contrastaba con la persona que asistió a la mascarada. Incluso su cabello lo hacía lucir despreocupado, apenas y lo acomodó con las manos. Aún con esta ligereza, su porte no era algo que cambiara con la vestimenta.
—Veo que terminaron.
—Quisimos esperarlo, joven Cassian, aunque no sabíamos cuánto más tardaría. Y disculpe que lo diga, pero noté en usted un semblante taciturno que ya he visto antes, en esas ocasiones suele abstraerse del tiempo.
—Me conoces muy bien, Mina. No te preocupes, igual te pedí que no me esperaran.
—Lo acompañaré con un té, de esa manera no desayunará solo.
—Te lo agradezco, eres muy considerada.
Normalmente callado, Cassian no encontraba pretextos para hablar mientras comía. Un rasgo que incluso lo hacía más propenso a disfrutar de una mesa vacía, sin que esto le impidiera apreciar de la compañía sincera.
Ni siquiera se percató de lo que tenía en la mesa. No tomaba los bocados de manera consciente, tampoco saboreaba; estaba más ocupado navegando en la zozobra de su propio entendimiento cuando un aroma lo regresó a la realidad.
—Ese té ¿De qué sabor es, Mina?
—Nada puede arruinar mi día cuando lo inicio con una buena taza de Bergamota. Traje suficiente para no extrañar mi hogar por un tiempo, a mi madre le encanta y me lo daba de pequeña. ¿Gusta un poco?
—No, muchas gracias. Es curioso, ¿no te parece?. La manera en que ciertas fragancias detonan emociones.
—Lo es. ¿Qué le recuerda a usted?
—Nada en particular. Es solo que anoche probé algo cuyos ingredientes no pude identificar; estoy casi seguro de que ese era uno.
—Y ¿qué tal?
—Me gustó, era diferente, algo nuevo para mí.