La Biblioteca de las Sombras

Capítulo VI: Reencuentro

“She shone like dew on a meadow, in the merest light of dawn.”
— "Daughter of the Sun", Battlelore

El reloj aún no marcaba las 08:00 de la mañana cuando una voz casi maternal interrumpió un ligero sueño, tan penosamente conseguido.

—Joven Cassian, despierte. Su padre espera en la terraza.
—¿Mina? ¿Pero qué hora es?
—Son las 07:30, disculpe la hora, su padre me envió a buscarlo.
—No es necesaria la disculpa, no te preocupes. Ahora voy.

Se levantó como pudo, aún cansado más de espíritu que de cuerpo. Se puso las botas que acostumbraba usar en sus paseos aunque no combinaran con su ropa de cama. Se dirigió a la entrada acomodando su cabello con las manos.

—Debería arreglarse, joven Cassian. No es un buen día para disgustar a su padre.
—Tranquila, Mina. —Sin esperar respuesta alguna, continuó su camino.

Los pasillos de la casa Ravenswood eran intrincados. Cualquier invitado podría perderse con facilidad y los empleados nuevos ni se diga. Cassian, quien había explorado cada rincón de esa inmensa propiedad, tomaba los caminos que daban más rodeos cuando se trataba de encontrarse con su padre, y los más cortos cuando se trataba de salir. De igual manera sabía por dónde andar cuando quería pasar desapercibido.

Para llegar a la terraza no se le ocurrió un camino más rebuscado que acceder por la biblioteca de la familia, bajar por la escalera de caracol cruzando por la estancia de lectura, atravesar el comedor principal, la cocina, el almacén, dar al jardín por la puerta de servicio y subir por las escaleras del jardín hacia las terrazas.

Había cuatro en total pero la que Lord Alaric prefería para los desayunos era la del lado oeste. Cuando saliera el sol, los altos muros de la propia casa proporcionaban una sombra refrescante y la vista hacia el estanque era relajante.

Apenas se aproximó a la terraza se percató de las miradas que se posaban sobre él, unas con sorpresa, otra con fascinación. La soltura de sus movimientos, su andar lleno de confianza, despreocupado, con el cabello rebelde cayendo sobre su rostro: incluso desaliñado, era contemplado con admiración por una sola persona.

—¿Pero qué llevas puesto, muchacho? ¿Acaso no te dijeron que te arreglaras? —No había pasado un minuto siquiera y Lord Alaric ya se sentía avergonzado. —Por favor disculpen a mi hijo, no le dijeron que teníamos visitas. Les aseguro que no acostumbra andar por ahí vestido de esa manera.

El rebelde Cassian lamentó lucir tan desaliñado, cuando las distinguidas personas que acompañaban a su padre, vestían más apropiadamente pese a la hora.

—Les ruego que me disculpen. —Se inclinó para reverenciar a los convidados—. No sabía que mi padre estaba tan bien acompañado.
—Bien dicho, muchacho. ¿Ven? No es descortés ni grosero, solo está algo desubicado.
—¡Ja ja ja! ¡Pero qué chico más agradable! —El invitado se levantó de su asiento para saludar con familiaridad al apenado Cassian—. ¡Me recuerdas a mí a tu edad! ¡Ven aquí y dame un abrazo!

Apretó tan fuerte a Cassian que le acomodó los huesos de la espalda. Al soltarlo, vino un firme apretón de manos.

—Roderic Thorne. Un gusto conocerte. Sé que todos lo dicen pero, tu padre habla mucho de ti.

Contrario a la seriedad de Lord Alaric, Roderic Thorne poseía una actitud más jovial y cercana, al menos con las personas que le agradaban.

—El gusto es todo mío, aunque no puedo decir que mi padre hable mucho sobre usted, o sobre alguien siquiera.
—No hace falta. Ya tendremos tiempo para conocernos.
—Roderic es un gran amigo mío —Lord Alaric intervino—. Crecimos y jugamos juntos antes de que su familia se mudara en busca de nuevas oportunidades. Él y su hija se quedarán un tiempo con nosotros; son más que nuestros invitados, trátalos como familia.
—¿Dónde están mis modales? ¿Lo ves, muchacho? Te digo que me recuerdas a mí. Te presento a mi querida hija: Neryssa.

En cuanto fue presentada hizo una reverencia para Cassian. Quería verlo, se moría por hacerlo, sin embargo se le notaba nerviosa, quería desviar la mirada hacia cualquier otro lado. No era la primera vez que lo veía.

—Cassian. Encantado de conocerte.

Cassian también se inclinó pero no a modo de reverencia, buscaba la mirada que Neryssa pretendía esquivar. Estaba seguro de que la había visto en algún lugar. Los ojos violáceos resultan peculiares incluso más allá de Vale. Fueron segundos pero bastaron para colorear el rostro de Neryssa.

—Compórtate, Cassian. Pensarán que eres raro. —Lord Alaric se percató del súbito rubor en su invitada. —Muestra un poco de educación y muéstrale la casa, solo procura no incomodarla.

Neryssa volteó a ver a su padre, quien asintió levemente con la cabeza y continuó conversando con su amigo. Cassian se colocó a su lado y ofreció su brazo, mismo que fue aceptado y se pusieron en marcha, no sin que antes alargara el brazo para hacerse con una manzana.

Anduvieron un poco por la zona del patio donde aún había sombra, en esa sección de la casa los jardineros podaban los arbustos que decoraban los caminos. El camino era bonito y fresco, pero el silencio le quitaba todo el encanto.

—¿Ya desayunaste?
—Té y galletas.

Con un movimiento fuerte y seguro, Cassian separó la manzana justo por la mitad con sus manos.




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