La Biblioteca de las Sombras

Capítulo VII: Buscando la Biblioteca

“The sun never sets for souls on the run.”

— "The Wild and the Young", Quiet Riot

Habían pasado algunos días desde que Lyra y Roman se habían enlazado, lo que resultaba curioso para Lyra, es que desde entonces no había recibido un solo mensaje. Sin darle más vueltas al asunto, un lunes por la mañana lo recibió mientras se dirigía a su trabajo.

“A partir de mañana, el lugar estará abierto por tres días.”

Eso era lo que tanto ansiaba. Si bien Roman resultaba un buen conversador, al menos en ese momento, lo que más le interesaba era encontrar la biblioteca que por su cuenta no lograba ubicar. Incluso después de aquella tarde anduvo recorriendo el Distrito Financiero cada vez que encontraba la oportunidad. Comía más rápido para dedicar más tiempo a su búsqueda, recorrió calles menos concurridas, puso más atención a las que ya conocía; pero no lograba encontrarla.

“Te espero mañana a las 13:00. Te comparto mi ubicación”

Un mensaje cada uno, solo eso costaba concretar una cita.

Contrario a la hora, el día llegó rápido. Ese martes, la falta de concentración que ya se había integrado a su rutina se agudizó. Le resultaba más interesante contar los segundos para la hora de la comida (que sacrificaría con gusto para encontrar la biblioteca), que progresar con sus proyectos o reportar avances. Uno o dos días no habrían tenido mayor repercusión, podía costearlos, su ritmo de trabajo la hacía estar adelantada con las fechas de entrega; pero desde que había puesto rostro a la voz, las cosas comenzaban a carecer de sentido, incluso cuando ese encuentro era lo verdaderamente inverosímil.

Salió de su oficina diez minutos antes de la hora acordada, era más tiempo del que necesitaba para llegar al punto de encuentro, solo buscaba prevenir el congestionamiento en los ascensores y el obligado intercambio de saludos con sus compañeros y colegas.

Al principio no lo reconoció, pero Roman ya la esperaba a la salida del rascacielos sobre un vehículo de dos ruedas, una reliquia mecánica restaurada con paciencia de artesano. Aquel motor sordo y ruidoso vibraba con una ferocidad casi orgánica, levantando un estruendo desafiante que competía sin pudor contra el bullicio de la ciudad. Era el reflejo exacto de su dueño: una declaración de libertad sobre el asfalto que proclamaba un «aquí estoy» sin pedir disculpas a nadie.

—Parece que llegué justo a tiempo. —Dicho esto, se retiró el casco para saludarla apropiadamente.

—¡Qué gusto verte, Roman! —Más allá de su interés por dar con la biblioteca, genuinamente le alegraba encontrarse con él. —Llegamos al mismo tiempo. No sabía que aún las hacían. —El vehículo de Roman se destacaba en la urbe.

—Ya no las fabrican. Hoy en día todas son eléctricas y su motor es silencioso. La encontré hace algún tiempo en un deshuesadero, me tomó varios años pero yo mismo la restauré.

—Solo las he visto en películas, y en una foto de mi abuelo. Tenía una parecida a esta.

—Tu abuelo es de gustos finos.

—Y si vieras los libros que tenía lo terminarías por confirmar.

Roman tomó un casco que llevaba bien asegurado en el respaldo, no solo era acorde al estilo vintage de su vehículo, también hacía juego con el que recién se había quitado.

—Te tocará estrenarlo… O re estrenarlo. Sabía que no era nuevo porque no consigues estas cosas en su empaque original, pero al menos desde que lo conseguí, nadie ha tenido oportunidad de usarlo.

Con mucho cuidado de no arruinar su peinado, Lyra se colocó el casco lo mejor que pudo sin saber siquiera cómo ajustarlo. La timidez que llevaba tiempo sin experimentar le impidió pedir ayuda, pero Román lo notó de inmediato y acudió a auxiliarla. Fue como si le hubiera leído la mente, aunque lo que en verdad descifró fue la incertidumbre en su mirada.

—¿Está lejos el lugar?

—No realmente. Habríamos llegado caminando, y confieso que no me habría disgustado en lo absoluto. Pero tampoco me pareció adecuado hacerte caminar la primera vez que salimos.

—Gracias por la consideración. Una primera vez, para una primera vez. Nunca antes había montado una de estas.

—Entonces sujétate fuerte, al principio puede ser complicado conservar el equilibrio pero te acostumbrarás. Toca mi hombro una vez si quieres que baje la velocidad, dos para que me detenga.

Lyra de verdad quería sujetarse pero no sabía de dónde. Apenas estaba conociendo a Roman por lo que sujetarse de él le parecía poco apropiado. Terminó por aferrarse lo mejor que pudo al propio asiento. Su corazón se aceleró tanto desde que sintió las vibraciones del motor, entendió por qué Roman le pidió tocarle el hombro para darle ciertas indicaciones, al menos las que consideró que podía necesitar. ¡Apenas podía escuchar sus propios pensamientos!

Cierto es que viajaba a grandes velocidades en el tren bala, sin embargo nunca se había sentido tan vulnerable como en ese momento; el casco de nada le serviría si se accidentaban. Parte de su plan inicial era poner atención a la ruta que seguían, a cualquier detalle que le sirviera como referencia para llegar por su cuenta en un futuro cercano; necesitaría un plan b porque la marejada de emociones la obligó a cerrar los ojos casi todo el camino.

Realmente fue un trayecto corto y más a la velocidad con que se desplazaron. Una vez en su destino la decepción fue total, el lugar al que fue conducida no se parecía en absoluto a la Biblioteca de las Sombras.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.