“Drawn by words of late romantics, strange, familiar elegance,
If I am dreaming, let me sleep through the night”
— "Silvery Moon", Seven Spires
La primera vez que llegó a la Biblioteca, fue adentrándose por lo que ahora recordaba como un complejo laberinto de calles, mismo que no pudo volver a encontrar. Había recorrido cada calle, avenida y callejón del centro de Vale, preguntó a todo aquel que se cruzó en su camino; nada ni nadie pudo darle una pista siquiera de su ubicación. Y ahí estaba de nuevo, solo que esta vez llegó a través de una senda que se había revelado a la mitad del camino, en despoblado.
Nada tenía sentido, pero su experiencia previa tampoco lo tuvo. Con cada minuto que pasaba fuera de la Biblioteca, su experiencia previa comenzaba a guardarse en su mente como un sueño lúcido. Ahora lo sabía, todo era real.
La estancia con sus velas y faroles, la mezcolanza de fragancias entre hojas, inciensos y hierbas, los pasillos poblados por libros y oscuridad. Todo era real, incluso Elara.
—Hoy no te ves perdido, Cassian. —Esa voz que le sonaba susurrada al oído, llegaba desde el otro lado del mostrador.
—Por fin, la encontré. —Solo por un momento, ignoró el comentario de su anfitriona—. Estuve perdido, pero no más.
—¿Te preparo algo?
—¡Sí! Necesito lo mismo que me diste aquella noche, esta vez puedo pagar por mi bebida. Por favor tengo que verla de nuevo. —Tomó de su bolsita de cuero una moneda de plata.
—Recuerda que el costo lo decides tú, es más simbólico así que por el costo ni te preocupes. —La mirada de Elara reflejaba una ternura movida por la ingenuidad del recién llegado—. Aclarado eso, lamento decirte que la bebida nada tiene que ver con lo que viviste. No es como que vaya por ahí drogando a todo el que entra.
—Hablando de eso, ¿cómo es que llegaste del centro de Vale hasta aquí?
—Es difícil de explicar, quizás en otra ocasión hablemos de ello. Si es que hay otra.
—Ten por seguro que habrá más de una… Siempre y cuando me digas cómo regresar al claro. Si no son las bebidas, entonces dime cómo llegar. En verdad necesito verla de nuevo.
—¿Ver de nuevo a quién? ¿A Lyra? —Acababa de preparar algo refrescante, ofreciéndolo acompañado de una mirada cómplice.
—Entonces, la conoces. ¿Qué hago para que me digas cómo encontrarla? ¿Está aquí?
—Regresar es lo más complicado y ya estás aquí, lo lograste. Entiendo que busques respuestas y las tendrás, con el tiempo. La verás si ella quiere verte también. —Su mirada pasó de ser cómplice a inquisitiva; el dorado de sus ojos parecía ver el estado mismo de las emociones que se arremolinaban en lo profundo—. Respecto a tu otra pregunta: no está aquí, puede que haya estado, o lo estará. Es otra de esas cosas difíciles de explicar, eventualmente llegaremos a eso. Sígueme.
Elara se deslizaba exquisitamente por el lugar. La cadencia de sus movimientos mecían el largo vestido y su cabellera de forma hipnótica. Trago en mano, Cassian iba detrás de Ella, aliviado por un momento de poder contemplar su oscura melena; sentía que de mirarla fijamente por mucho tiempo, sus más profundos secretos serían leídos con tanta facilidad como si estuvieran escritos en alguno de los tantos libros.
Ahí estaban de nuevo, la mesita con el sillón y su taburete, solo que esta vez, había un asiento extra.
¿Será eso lo que me llevará hasta Lyra?
Ya no sabía qué pensar, y si no era la bebida, quizás los muebles lo conducirían al lugar que tanto anhelaba llegar.
—Ahora vuelvo, ponte cómodo.
Cassian ocupó el lugar que le estaba reservado, hasta entonces no había probado su trago. Esta vez no había bergamota ni otro ingrediente similar a los que probó en su primera visita, de hecho era una bebida fría con hierbabuena, entre otras cosas.
Elara no tardó en volver. Con una mano sostenía su linterna, con la otra, algo rojo que Cassian reconoció inmediatamente. El asiento extra fue ocupado y el libro reposó en el regazo de la celadora. Antes de que Cassian pudiera leer o escribir, debía escuchar.
—Esto es solo una de las cosas que necesitas. —Elara acarició el tomo que sostenía.
—¿Un libro?
—Un libro, pluma, tinta y voluntad.
—Entonces bríndame las herramientas, voluntad tengo de sobra.
—Todas ellas por sí mismas son inútiles. Hará falta lo más importante: alguien que te corresponda. Esto te llevará hasta donde quieres estar; Lyra necesitará exactamente lo mismo.
—Entonces averigüemos si soy correspondido. Si no me encuentro con Lyra, lo entenderé.
—No solo es eso, Cassian. Si no eres correspondido, dudo siquiera que nos volvamos a ver.
—Tomaré el riesgo, aquella ocasión sentí una conexión increíble y estoy seguro de que no fui el único.
El libro fue ofrecido y Cassian lo abrió ávido, solo para darse cuenta de que solo estaban los mismos dos mensajes:
“El eco de tu búsqueda resuena aquí.”
“¿Eres tú, la respuesta a mis anhelos? ¿Dónde se dibuja la senda que me lleva hasta ti?”