Antes del fuego, hubo un nombre.
Antes del nombre, hubo hambre.
Antes del hambre, hubo silencio.
Dicen que la bruja no nació de vientre alguno, sino de una grieta en el mundo. Cuando las mujeres aprendieron a callar para sobrevivir, algo antiguo abrió los ojos. Cuando las hogueras se apagaron sin arrepentimiento, ella recordó.
La bruja de los tres rostros camina donde el tiempo se quiebra.
Uno de sus rostros guarda lo que fue negado.
Otro sostiene el fuego que nunca se extinguió.
El tercero observa en silencio, esperando el momento exacto de morder la verdad.
No busca ser amada.
No pide ser comprendida.
Existe para custodiar lo que no puede morir.
Quien lea estas páginas no ha llegado por azar.
Algo en su sangre la llamó.
Y ahora que el umbral ha sido cruzado, no hay regreso sin pérdida.
El fuego reconoce a los suyos.
Y la bruja… también.