La bruja de los tres rostros

Capítulo 16

Recordar no es un acto suave.

No llega como un pensamiento claro, sino como una ola que empuja desde adentro y desordena todo lo que parecía estable. No pide permiso. No pregunta si es buen momento. Llega cuando encuentra espacio.
Y ahora, el espacio estaba abierto.

Elna lo sintió primero en el pecho, como una presión que no dolía pero tampoco dejaba respirar con normalidad. Roa lo sintió en la cabeza, como si demasiadas imágenes intentaran entrar al mismo tiempo. La bruja lo sintió en la marca del pacto, que ardía con una intensidad nueva, más profunda.

—Está empezando —dijo.

No miraba a ninguna de las dos. Miraba el claro.

El primer rostro se inclinó hacia adelante, preparado.

El segundo se tensó, anticipando el impacto.

El tercero se mantuvo firme.

Elna cayó de rodillas sin entender por qué. No era debilidad. Era el cuerpo reaccionando antes que la mente. Lágrimas comenzaron a correr por su rostro sin que supiera exactamente qué estaba llorando.

—No sé qué es —dijo entre sollozos—. Pero duele.

La bruja se arrodilló frente a ella.

—No es tuyo —susurró—. Pero pasa por ti.

Ese era el precio.

Recordar no significaba observar desde lejos. Significaba dejar que la memoria cruzara el cuerpo, que encontrara un canal por donde decir lo que nunca pudo decirse.

Roa se llevó las manos a las sienes.

—Son muchas —murmuró.

La bruja la miró con atención.

—No las detengas.

El segundo rostro quería intervenir, quemar esa intensidad, reducirla a algo manejable. Pero el primero sabía que debía ocurrir completo. El tercero sostenía el equilibrio con firmeza.

Elna comenzó a hablar sin saber de dónde venían las palabras.

—No querían que miráramos… nos enseñaron a bajar la cabeza… a no preguntar…

Se detuvo, sorprendida de oírse.

La bruja asintió.

—Eso es recordar.

No es revivir los hechos. Es comprender las consecuencias que dejaron.

El viento sopló más fuerte, moviendo las hojas con un murmullo continuo. La grieta, a lo lejos, dejó escapar un sonido grave, profundo, como si algo se acomodara finalmente en su lugar.

Elna respiró con dificultad.

—¿Esto va a parar?

La bruja negó con suavidad.

—Va a atravesarte. Y luego, se irá.

Roa dejó de temblar de pronto. Sus manos cayeron a los costados.

—Ya entendieron que las estamos oyendo —dijo.

La bruja cerró los ojos un instante.
Ese era el precio de recordar:
dejar de ser recipiente pasivo del silencio…
y convertirse en puente activo de la verdad.



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En el texto hay: misterio, magia

Editado: 06.02.2026

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