La bruja de los tres rostros

Capítulo 17

No todo fuego quema.
Algunos miran.

Esa tarde, el cielo se cubrió de nubes bajas que no traían lluvia. El aire se volvió denso, cargado de una electricidad antigua que no pedía tormenta, sino atención. El bosque estaba quieto, pero no en calma: en espera.

La bruja lo sintió en la piel.

El segundo rostro despertó antes que los otros. No con rabia, sino con una alerta precisa, como si un ojo invisible se hubiera abierto sobre el claro. El primer rostro reconoció la presencia. El tercero comprendió su función.

—Está aquí —dijo.

Elna miró alrededor, confundida.

—¿Quién?

La bruja señaló hacia el centro del claro.

Allí no había llamas. No había humo. No había calor visible. Y sin embargo, el aire ondulaba levemente, como si algo ardiera en un plano que los ojos no alcanzaban.

—El fuego que no consumió —explicó.

Roa dio un paso adelante sin miedo.

—Nos está mirando.

La bruja asintió.

Ese era el mismo fuego que había rodeado a la mujer que no ardió. El mismo que presenció sin intervenir. El mismo que guardó memoria sin volverse ceniza. No era enemigo. Era testigo.

Un fuego que había aprendido a observar en lugar de destruir.

El segundo rostro no mostró los dientes. Se inclinó levemente, en reconocimiento. El primero recordó el calor sin dolor. El tercero mantuvo el equilibrio.

Elna sintió un escalofrío que no era miedo.

—¿Por qué ahora?

—Porque ya no tiene que ocultarse —respondió la bruja.

El fuego que observa aparece cuando la verdad está lo suficientemente cerca de la superficie como para no necesitar destrucción. Su función no es castigar, sino iluminar lo que fue visto y nunca dicho.

Roa extendió la mano hacia el centro del claro.

—No quema —susurró.

La bruja la dejó hacer.

Porque ese fuego no era para tocar la piel, sino para atravesar la memoria.

El aire vibró apenas, como una respiración profunda. Las hojas de los árboles se movieron sin viento. El tiempo pareció detenerse en un punto exacto, suspendido.

La bruja cerró los ojos.

Sintió el pacto alinearse con ese fuego silencioso. Sintió cómo el segundo rostro dejaba de ser impulso y se convertía en presencia. Sintió que algo muy antiguo encontraba, por fin, su lugar correcto.

Elna respiró con más facilidad.

—Se siente… distinto.

La bruja asintió.

—Porque este fuego no vino a destruir nada.

Vino a mirar,
para que todo lo que fue ocultado
pueda, por fin,
ser visto sin arder.



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En el texto hay: misterio, magia

Editado: 06.02.2026

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