La bruja de los tres rostros

Capítulo 18

No hizo falta cuchillo.

No hizo falta herida.

La sangre habló igual.

La bruja lo sintió cuando Roa tomó la mano de su madre en el centro del claro. Fue un gesto simple, casi distraído, pero el aire cambió de densidad en ese instante, como si algo invisible hubiera reconocido la forma exacta de ese vínculo.

El primer rostro se inclinó con respeto.

El segundo guardó silencio.

El tercero comprendió.

—Así empezó —dijo la bruja en voz baja.

Elna la miró sin entender.

—¿Qué cosa?

—El juramento.

No fue un pacto escrito. No fue un ritual formal. Fue un acuerdo silencioso entre mujeres que entendieron que, si el mundo no iba a proteger su memoria, ellas tendrían que hacerlo a través de la sangre.

No como sacrificio.

Como continuidad.

Roa apretó más fuerte la mano de Elna.

—Siento que me conocen —susurró.

La bruja asintió.

La sangre no guarda recuerdos como la mente. Guarda impulsos, inclinaciones, reacciones que no sabemos explicar. Guarda ecos de decisiones tomadas mucho antes de que naciéramos.

Eso era lo que se activaba ahora.
La grieta, a lo lejos, emitió un sonido bajo, profundo, como si respondiera al gesto sin saber exactamente por qué.

Elna sintió un calor subirle por el brazo, desde la mano de su hija hasta el pecho.

—¿Qué está pasando?

La bruja se acercó.

—Tu sangre está recordando que hizo una promesa.

El segundo rostro observaba con atención, pero ya no con tensión. El primero reconocía el momento con una tristeza dulce. El tercero mantenía el equilibrio con firmeza.

Las mujeres del claro no solo habían elegido el silencio. Habían elegido que su memoria no muriera con ellas. Que se transmitiera en el único lugar donde nadie podría prohibirla.

En la sangre.

Roa cerró los ojos.

—No quieren que olvidemos que seguimos aquí.

La bruja sonrió apenas.

—Nunca lo hicieron.

El viento pasó suave entre los árboles, como un suspiro largo que finalmente encuentra salida. El fuego que observa permanecía presente, pero quieto, atento.

Elna comprendió entonces que no estaba siendo invadida por algo externo.

Estaba reconectando con algo propio.
La sangre no pedía dolor.
Pedía reconocimiento.
Porque cuando la memoria se vuelve juramento,
ya no depende de libros, ni de tierra, ni de ceniza.
Vive, intacta,
en quienes siguen caminando.



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En el texto hay: misterio, magia

Editado: 06.02.2026

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